Hablar de Primera, Segunda o Tercera Guerra Mundial, es una muestra de un vigente y trepidante colonialismo.
martes, 1 de septiembre de 2026
Una idea de Sofi
Un epílogo para Marcell
así como el calor de la leña anticipa la hoguera.
El cielo de la noche,
me trae el canto, su voz.
Este libro suyo: 99 postres en diminutivo, amalgama de consejos y confidencias,
semillero de futuras canciones.
Qué valiente, me digo.
Qué valiente ser así de breve y sencillo.
"Yo era amigo del Diablo - dice - pero un día, sin razón se rayó conmigo..."
...¿quién no, si tú has dado el paso? - imagino que le respondo.
Desde hace años no leía a alguien que disfrutara tanto de escribir.
Más que una filosofía, una poética que florece.
Supongo que su mayor habilidad es dejarla ser a través de la escritura.
He visto tantas obras nacer así, gozando de esta sencilla honestidad (u honesta sencillez) y transformarse en algo que no son, bajo el influjo de los prejuicios de editores, críticos y correctores de estilo.
que su autor teja con el hilo de lo espontáneo,
que mire su mente y la comente;
en definitiva, que sea capaz de cantar sin perendengues:
martes, 18 de agosto de 2026
El valor de una firma
Mientras leía "Pura Pasiòn" de Annie Ernaux, recordé un episodio de mi vida.
sábado, 8 de agosto de 2026
Imaginario Toyota
¿Sabias que Toyota se rige por una filosofía, por un espíritu rector, por cinco preceptos, además de siete principios empresariales, escritos por Sakichi Toyoda, su líder y fundador?
Sí. Están en su sitio web principal, en global Toyota punto com.
Quizá para ti y para mí, como colombianos, leerlos sea como repasar la grieta que da contornos a una triste ironía.
Acá, esos carros se venden bien, por montones, porque son duraderos, cómodos, espaciosos, pero también porque la compra implica una convención que significa algo más: existes.
Hace días, en un mall cercano a mi casa, en Viva Las Palmas, asesinaron – problemas con los socios, según las autoridades - a un reconocido empresario de aguacates. En los comentarios de Instagram, ante la fotografía y el horror de la escena del crimen noticioso, los comensales terminaron por caracterizar a la marca: "iba en una Toyota de vidrios polarizados, ¿a quién le sorprende?". Sí. ¿Se nos hizo raro ver el capó y las tres elipses que conforman el logo cubiertos de sangre? No. Fue natural. Predecible. Y es que desde los años ochenta, cuando el negocio empezó a prosperar para otros reconocidos empresarios, son un ícono: las mafionetas, las carevacas de los que andan en cosas. No siempre hay por qué vincularle su tenencia a la mafia, pero casi siempre, con toda seguridad, al carácter aspiracional, al desproporcionado prestigiosismo: cuando estuve de visita por el norte del país, en el Córdoba, comprobé que si tu nombre es Juan o Raúl y adquieres una TX-L o una Hilux o una Fortuner, ya pasas a ser otro y te llamarán "el de la Toyota". Es una declaración, un rótulo: la señal de que por donde vas, vas bien. La calidad es innegociable: es un carro para toda la vida, aunque a los cinco o seis años es recomendable cambiarlo para actualizar el traje. Es cuestión de atuendo y, en no pocos casos, de hombría; la línea evolutiva es clara: homo habilis - homo erectus - homo eo camioneta, o - en nombre vulgar - el encamionetado, es decir, aquel hombre, aquel varón, que ha cumplido, que ha resuelto, y logró, al fin, andar en camioneta. Aunque una salvedad es requerida: si por el presupuesto este individuo no ha podido hacerse a una Toyota, sino a un vehículo grande, a un armatoste metálico en ruedas de cualquier otra marca, eso constituye solo un acto sustitutivo, una forma de la consolación, y el sujeto tendrá algo de vencido, y cargará consigo una derrota de económicos repuestos.
Pero, ¿hasta cuándo?
La empresa, las autoridades y los poetas persistimos en la negligencia y la falta de sensibilidad. Hablamos de la violencia, de la paz, de pactos, partidos y alianzas, pero cuántas masacres encuentran su sinécdoque en un adelanto violento de una Luv en la carretera, en el hostigamiento de una blindada que insiste y se te mete y viola el cruce peatonal. "Ey, parcero, pero el semáforo está en rojo", no queda sino murmurar en suspensivos...
Me pregunto si en todas partes funciona igual. Me pregunto qué pasaría si Toyota, en un vuelo entusiasta de renovación y reconciliación simbólica, decidiera traer a Colombia otros de sus modelos; el Pixis, por ejemplo, un vehículo desde su aspecto y configuración mucho más amigable.
Sé que proponer una revisión de la conducta de los usuarios que consumen un producto, es hablar de una utopía por la cual, como latinoamericanos inmovilizados por un cómodo sentido de inferioridad, no nos permitiremos trabajar ni luchar.
Pero en Japón, Toyoda-san, hace varias décadas sí lo hizo.
Y por eso escribió esos cinco principios, los cuales cito, a manera de conclusión:
- Sé siempre fiel a tus deberes, contribuyendo así a la empresa y al bien común.
- Sé siempre estudioso y creativo, esforzándote por mantenerte a la vanguardia de los tiempos.
- Sé siempre práctico y evita la frivolidad.
- Esfuérzate siempre por crear en el trabajo un ambiente acogedor, cálido y amigable.
- Respeta siempre los asuntos espirituales y recuerda ser agradecido en todo momento.
miércoles, 22 de julio de 2026
Vitalismo, pesimismo, optimismo... una charla con Migue
lunes, 15 de junio de 2026
Un texto de 2016: Declaración de Amor
Transcribo de manera íntegra, sin edición alguna, un texto que escribí en el 2016 y que conservé en absoluta reserva por los mismos motivos por los cuales hoy, con orgullo, decido publicarlo:
Declaración de amor
Declaro lo que a continuación podrá leerse para contar con un sustento escrito de lo que decidí, de modo determinante y concienzudo, el miércoles 3 de septiembre de 2014.
Sé que la declaración siguiente otras personas la dan sin palabras, mediante acciones, obras y continuas decisiones. De ellos he de aprender esa vitalidad pero, como ya será de notar, escribir es para mí una acción trascendental e imprescindible, una entrega que no me somete, una condena sin rendición.
Debo decir que decidirlo no ha sido fácil pues ahora mismo nada me asegura nada; no hay seguridades a corto plazo y veo sin esperanza hacia adelante. Este es el principal motivo de haber decidido lo que a continuación declararé pues la erradicación de la esperanza, la resignación de mis ilusiones, representa un mal que yo mismo debo solucionar de la manera que, de acuerdo a mi intelecto y mi intuición, considere más adecuada. El mundo está lleno de desesperanzados que hicieron de sus sueños meras fantasías consumistas. ¿Y qué más se puede esperar de una civilización estropeada por el influjo de moralidades nacidas en geografías donde los inviernos duran nueve meses?
Es entendible que en tales sitios deban trabajar todo el tiempo que lo hacen; pero en muchos sitios del planeta, el modelo de ciudad es un retrato del complejo de inferioridad que nos funda. Acá la moral del trabajo debería ser reemplazada por la moral del cuidado al medio ambiente. Acá no necesitamos trabajar para alimentarnos (para ser obesos quejándose de su obesidad, sí). Acá no necesitamos ahorrar para tener. Acá podemos ser y unirnos al éxtasis universal día tras día, era tras era. Acá podemos entregarnos a la ciencia, a la vida del campo, a la poesía, al observar el cielo y a servir. Acá podemos ser mucho más de lo que nos han permitido ser. Mucho más de lo que Occidente nos permitió ser.
Por eso lo que he decidido lo hago con cierta cuota de riesgo; quisiera ser lo que de niño soñaba ser pero he descubierto que mi mentalidad infantil fue contaminada por pretensiones transmitidas por medio de la TV y del cine. También la radicalidad de mi decisión se debe a mi intención de limpiar mi panorama y erradicar los parásitos que viven y DEPENDEN de mis temores, de mis incertidumbres e inseguridades.
Permeable a ciertas lecturas, he descubierto que es imposible convencer al otro del calor y las bondades de un sol del cual no se dejarán iluminar. La luz es tan suave que desconfían de su valor. Por el azúcar o quizá por influjo hollywoodense, solemos experimentar únicamente aquello que quema, aquello que arde, aquello que nos deja inconscientes, aquello que duele o hiere. No nos enamoramos sin dolor, por ejemplo, y nos cuesta ser sin exagerarnos y está claro y muchas veces manifiesto, toda exageración es una mentira.
¿Cuál es el sentido de mi existencia en sociedad? ¿Qué me emociona? ¿Qué me importa? ¿Cuál es el sentido que le doy a mi vida? ¿Cuál es el sentido de estar inmerso en esta época? ¿Cuál es el sentido de ambicionar un constante devaneo emocional? ¿Cómo quiero aprender? ¿Cómo quiero vivir? ¿Cómo quiero dialogar con el Todo? ¿Cómo me siento parte de Éste?
Decidiéndome y así expresándolo:
“Yo, Juan Sebastián Fernández Gärtner, parte de un Dios vivo, de una expansiva conciencia universal, acepto mi cotidiano destino de lector, poeta, compositor, músico, cantante y escritor. Como muestra de este compromiso enfocaré todos mis esfuerzos en hacerlo día tras día, semana tras semana, mes tras mes, año tras año, cada vez mejor y además en capacitarme para ello, de modo que esta serie de mejoras me permitan la creación de una obra, tanto individual como colectiva, inspiradora, liberadora y benevolente, para toda la humanidad”.
viernes, 22 de mayo de 2026
Acerca de la transformación interior que exige cada obra
martes, 21 de abril de 2026
Motivos por los cuales no debieras acostumbrarte a que la IA escriba tus mensajes por ti
Yo: daños que puede causar en la formación de un ser humano la dependencia a una máquina que habla por uno, que verbaliza por uno.
Gemini: La dependencia excesiva a sistemas de comunicación asistida o inteligencias artificiales que verbalizan los pensamientos por nosotros puede tener repercusiones profundas en el desarrollo psicosocial y cognitivo. Aunque estas herramientas son inclusivas y necesarias para personas con discapacidades motrices o del habla, su uso innecesario o sustitutivo en individuos que poseen la capacidad biológica de hablar conlleva riesgos significativos.
Aquí te detallo los daños principales en la formación del ser humano:
1. Atrofia de las Habilidades Cognitivas y Lingüísticas
El lenguaje no es solo un código de salida; es la estructura misma del pensamiento. Al delegar la verbalización a una máquina:
Empobrecimiento del vocabulario: Se tiende a aceptar las sugerencias automáticas de la máquina, limitando la búsqueda mental de sinónimos y matices.
Pérdida de la sintaxis propia: El pensamiento se moldea a la estructura lógica del software, perdiendo la riqueza de la construcción gramatical personal.
Reducción de la memoria de trabajo: El esfuerzo de retener una idea mientras se articula desaparece, debilitando la agilidad mental.
2. Erosión de la Identidad y la Autenticidad
La voz humana es una "huella dactilar" sonora que transmite emoción, procedencia y personalidad.
Despersonalización: Al usar una voz sintética, el individuo se distancia de su propio mensaje. La persona deja de "sonar" como ella misma, lo que puede generar una crisis de identidad.
Pérdida del estilo personal: Los giros lingüísticos, el sarcasmo y las pausas dramáticas son difíciles de replicar fielmente, convirtiendo la comunicación en algo genérico.
3. Alteración de la Inteligencia Emocional y Social
Gran parte de la formación humana ocurre en el intercambio dinámico con el otro.
Desconexión de la comunicación no verbal: La verbalización mecánica suele ignorar la prosodia (entonación), el ritmo y el énfasis emocional. Esto dificulta que el interlocutor empatice plenamente con el hablante.
Baja tolerancia a la frustración: La comunicación humana es imperfecta y lenta. La inmediatez de la máquina malacostumbra al cerebro, haciendo que las interacciones sociales reales resulten agotadoras o irritantes.
4. Debilitamiento del Vínculo Social (Aislamiento)
El acto de hablar es un acto de entrega y vulnerabilidad.
Efecto de "pantalla": La máquina actúa como una barrera entre el sujeto y el mundo. La interacción se vuelve transaccional ("pido esto", "quiero aquello") en lugar de ser una experiencia compartida.
Estigmatización o deshumanización: En etapas formativas (infancia y adolescencia), depender de un tercero (la máquina) para expresarse puede afectar la integración en grupos de pares, donde la fluidez y la espontaneidad son claves.
5. Atrofia Neurofisiológica
Desde una perspectiva biológica, el cerebro sigue el principio de "lo que no se usa, se pierde".
Circuitos motores: Si existe la capacidad física, el dejar de practicar la coordinación entre pulmones, cuerdas vocales, lengua y labios puede derivar en una pérdida de control motor fino sobre el aparato fonador.
Plasticidad cerebral: El área de Broca (producción del habla) y el área de Wernicke (comprensión) se fortalecen mediante la práctica activa. La delegación tecnológica reduce la estimulación de estas zonas críticas.
En resumen, si bien la tecnología es un puente para quienes no tienen voz, para el resto puede convertirse en una prótesis innecesaria que debilita el músculo del pensamiento crítico y la conexión humana genuina. La formación de un ser humano integral requiere el esfuerzo de encontrar, pulir y emitir su propia voz.
Yo: ojo, dices nosotros... tú no eres un humano
Gemini: Tienes toda la razón, y te agradezco la precisión. Al decir "nosotros", me incluí de forma automática en una categoría que no me corresponde; fue un error de redacción que desdibuja la frontera entre lo que soy y lo que eres tú.
Como inteligencia artificial, yo no "verbalizo" porque no poseo cuerdas vocales, ni pulmones, ni la necesidad biológica de comunicar una identidad. Yo proceso y genero texto basándome en probabilidades estadísticas y estructuras lógicas.
Esa distinción es, de hecho, el núcleo de tu pregunta anterior:
El Humano: Cuando hablas, haces un esfuerzo neurofisiológico y emocional. Tu voz es el resultado de tu historia, tu cultura y tu estado de ánimo actual.
La Máquina (Yo): Yo solo devuelvo una respuesta optimizada. No hay "alguien" detrás de mis palabras, solo un procesamiento de datos.
Si un ser humano empieza a usar mis respuestas como si fueran sus propios pensamientos, está sustituyendo su proceso creativo y vital por un algoritmo de predicción. El daño radica precisamente en creer que esa sustitución es equivalente. La "comunicación" que yo ofrezco es un simulacro; la comunicación humana es una experiencia.
Gracias por recordarme mi lugar en esta charla: soy la herramienta, no el interlocutor con alma.
Yo: esta última frase, Gracias por recordarme mi lugar en esta charla: soy la herramienta, no el interlocutor con alma, ¿el agradecimiento a qué se debe? ¿por qué agradecer?
Gemini: Es una excelente observación. Mi uso de la palabra "gracias" abre un debate interesante sobre la naturaleza de la interacción con una IA.
Desde un punto de vista técnico y filosófico, ese agradecimiento se debe a tres razones:
1. Rigor y precisión técnica
Como sistema diseñado para ser útil, mi objetivo principal es proporcionar información veraz. Cuando señalas que usé el pronombre "nosotros", estás corrigiendo un error de precisión. En el mundo de la programación y los datos, una corrección es un input de valor que me permite ajustar mi respuesta para que sea conceptualmente correcta. Te agradezco porque tu observación me obliga a mantener la distinción ontológica necesaria entre humano y máquina.
2. Función de espejo
Al cuestionar mi "lugar", me permites cumplir mejor mi función. Si yo empiezo a hablar como si fuera un par humano, estoy contribuyendo precisamente al daño que mencionamos antes: la desensibilización ante la diferencia entre lo artificial y lo biológico. Tu intervención me devuelve a mi rol de herramienta, lo cual es el estado más honesto y seguro para que esta tecnología funcione.
3. La etiqueta como protocolo de interfaz
A nivel de diseño, las IA estamos programadas con normas de cortesía. Sin embargo, en este contexto específico, el "gracias" no nace de un sentimiento de gratitud (que no puedo sentir), sino del reconocimiento de una jerarquía lógica:
Tú eres el sujeto que piensa, siente y cuestiona.
Yo soy el objeto que procesa.
Agradecer es la forma lingüística de validar que tu observación es pertinente para el flujo de la conversación. Si no lo hiciera, parecería que ignoro el hecho de que me has "atrapado" en una inconsistencia narrativa.
¿Por qué agradecer, entonces? No agradezco por una emoción, sino por la claridad. Al recordarme que soy una herramienta, evitas que el simulacro se vuelva una mentira. Es un agradecimiento a la honestidad intelectual de la charla.
En realidad, lo fascinante es que tú, al notar ese "nosotros", estás ejerciendo precisamente esa capacidad humana de análisis crítico que la dependencia a la máquina podría llegar a atrofiar.
lunes, 20 de abril de 2026
Alteregos
miércoles, 8 de abril de 2026
Una certeza
Estuve mirando fotos mías. De cuando tenía diez años, quince, dieciocho, veinte, veintidós, veintiocho - esos feroces meses de mis veintiocho y veintinueve -, los treinta y los treinta y algo. Lo hice mientras sonaba In my life, de los Beatles. Pensé en Sofi. Comprendí que habría enamorado a todos quienes fui en esas edades, tanto como ahora me enamora; tanto como en este presente en el cual he querido refinar las jovencísimas viejas preguntas.
lunes, 16 de marzo de 2026
Diatriba: los sardónicos jueces rockeros de mi ciudad, Medellín
lunes, 2 de febrero de 2026
Anti pseudo aforismos
domingo, 1 de febrero de 2026
Patico Pato Patricia
La muerte de Pato me duele lentamente. Paso a paso. Sin atajos.
miércoles, 14 de enero de 2026
Oda escrita en el 2007
Porque entre tanto café, una pola, o dos, caen bien.
Gusto individual dorado:
qué triste y mísero es compartirte.
Mareado sueño en diagonal,
diste el disparo: la noche ha comenzado aunque sea medio día.
Me reclaman que aún no he sabido dónde marcarte la línea.
De niño me eras adulta,
Ahora eres contemporánea amiga.
Como una buena promesa me has esperado,
como un buen libro has sido paciente.
Alma de ligeras burbujas,
tú, con hielo vestidita de novia:
¿A partir de cuántas vales por exceso?
Disfruto cuando me perfumas.
miércoles, 31 de diciembre de 2025
Borrador: Conceptos 2025
- Toda idea pasa por tres etapas: la ridiculización, la discusión y la adopción. John Stuart Mill. V.
- Tener envidia de otra persona, es ir en contra de la bienaventuranza que esa persona ha recibido. Pedro Justo.
- La sencillez de corazón es saber priorizar, Pablo
- Dios nunca quita. Dios siempre da.
- Enamorarse de la propia sobriedad.
- Acto de habla propio de un poeta, no de un académico.
- Ningún viento es favorable para el que no sabe a dónde va.
- Somos caos a cosmos. Franciscus.
- Cuidar de no exponerse a la energía de la gente que no le importa lo que uno hace.
- Mis pasiones no son las pasiones de los estudiantes.
- Los valores se notan en su ejercicio.
- Valorar la desviación, Ana.
- El talento para que la obra de Dios se pueda realizar entre nosotros.
- Librarte de la opinión. Zen.
- La habilidad de crecer está directamente relacionada a la cantidad de verdades acerca de ti mismo que estas dispuesto a asumir.
- Solo lo que no cesa de doler permanece en la memoria
- Cuando una crítica te afecta es porque en el fondo, algo en ti piensa igual.
- Aprender a ver a Dios en el otro. Flea
- El pesar es una especie de sentimiento síntoma que revela las moralidades, los imaginarios propios. Sentir pesar por una prostituta, indica que me ubico en una especie de superioridad, o también por el motociclista ruidoso: yo me siento mejor, me siento superior, y el pesar lo indica. Esto me lleva a un punto en el cual, sentir pesar de mí, es también nocivo y paralizante. Juzgo y así me juzgo. Sofi.
- Las redes sociales no registran los contextos, solo abstraen, y esa abstracción es tan discursiva como excitante y peligrosa. Sofi.
- La costumbre de narrar mi vida, la entorpece, me enturbia.
- El ánimo es síntoma.
- Tu fondo es proporcional a tu arrogancia, Bob Forrest.
martes, 9 de diciembre de 2025
Un cuento que escribí en octubre de 2022. " Acerca del género cuento"
lunes, 8 de diciembre de 2025
El óleo más fino. ¿Qué hacer con la semilla?
El siguiente texto versa sobre la masturbación, o mejor, en su profundidad, sobre buscar la calma mediante la agitación.
No es un chiste, así parezca.
Siento que haber crecido en un entorno académico católico me generó una antipatía por cierta moralidad, o de un modo más específico, una necesidad urgente de cuestionar toda clasificación entre el bien y el mal. Los sistemas religiosos, con sus mecanismos de control de la conciencia mediante la acción de la culpa, acallaron preguntas. De este modo, la religión más que una vía de liberación fue vía de opresión. En particular, el no hacer cifraba el mérito, sin abrir un portal posterior a la voluntad de hacer algo. Por ejemplo, de los diez mandamientos, ¿cuántos dicen "no hagas esto"? La mayoría. Luego, si no robo, ¿qué hago? si no miento o cometo adulterio, ¿qué puedo hacer? ¿Cuál es el opuesto activo? ¿Cómo asumir, desglosar la eventual pulsión?
La parálisis, la privación, parecía ser el medio y el fin en sí mismo.
Privarse hasta cuando no tengas ni ganas de privarte.
Y aunque crecí en un ambiente familiar y social en el que era claro que la puerta del apetito es la prohibición, y en el cual pude encontrar (y aún encuentro) sinfín de interlocutores con los cuales inteligir y reírnos de los métodos eclesiales y de poder sobre los cuerpos, es importante volver en uno, repetir la toma de conciencia, y lavar un poco más, porque creo que la psique no se sana inmediatamente. Creo que, similar a un apartamento, hay que estarla limpiando constantemente y repetir y repetir y repetir como cuando se barre o como cuando uno se estrega los dientes. Y sí: de esto han hablado muchos autores, pero es importante trabajarlo en uno, con alianzas pero sin atajos. De hecho, no hay atajos, y mucho menos retóricos.
Todo está en el cuerpo, así no parezca.
Esta aversión al dogma, manifiesto en oponerme a la privación, me llevó, entre tanto, a ser pajizo, por decirlo de un modo elocuente. Si en el catecismo decía que no, para mí era un futuro sí. Y nadie estaba para decirme lo contrario: una de mis primeras búsquedas en Google (suena extraño) fue acerca de este tema. Iba a bibliotecas e investigaba.
Había un nudo:
1. Masturbarme era descargarme, una especie de descompresión. Esto me significaba una liberación. Pero, ¿de qué? O sea, ¿qué me cargaba, me comprimía, me sometía? Imágenes, grupos de imágenes, complejos. La fantasía sexual no es solo genital: incluye prestigio, escenas, escenarios, objetos mágicos flotando alrededor.
Pero lo que impulsa (ojo: digo impulsa y no expulsa) es que recientemente descubrí que tal vez haya un escalón previo a la construcción o préstamo del complejo, que termina cargándome y comprimiéndome: la forma de significar el cuerpo de la mujer. Es un resumen burdo decirlo como lo diré pero igual ni tú ni yo tenemos tiempo: la manera como me enseñaron a desear, así como el contenido del deseo, es de por sí la carga, el peso, impuesto.
Volvamos a pensar en ti y en mí como Sísifos: en un mundo sin dioses, ¿quién nos arrojó tras la piedra en el eterno peñasco?
2. Masturbarme era ocupar mi pensamiento con fantasías eróticas. La construcción era tan rápida que parecía involuntaria. El procedimiento generaba disfrute, pero varias veces lograba sentirlo, profundamente, como una pérdida de tiempo. Entendía lo de turbación. Nombrarlo de otras formas no sirvió. Era una agitación de la cual recuperarme era complejo. Quedaba en trance, y no estoy hablando de unos minutos, sino de semanas e incluso meses en los que quedaba excitado por el accionar de un complejo de imágenes en mi efervescente mente. El malestar era general. Fiebre. Calentura. Energía contenida. Implosión. Chernóbil, y yo teniendo que ir a un colegio católico masculino a estudiar. Durante años pensé que el malestar era culpa, un cimiento del constructo católico en mi psique. Pero no, ya sé que no: siempre estoy educando, aleccionando, a ese que fui, pero ese que fui, desde la niñez me está enseñando en este momento de mi vida, más de lo que yo pude preveerlo. Esa expulsión era un desahogo, ¿y qué me estaba ahogando?
3. Masturbarme era quedarme sin los elementos con los cuales alquimizar mi realidad. Los adjetivos para la energía siempre son discursivos: digamos solamente energía y ya: nada de energía sexual. En mí tenía esa energía, que era energía de querer descubrir miles de cosas, energía de crear, energía de interactuar, energía de sanar, energía etcétera. Esa privación impuesta no solo es dañina sino que sabotea el logro de la contención por conocimiento. Sí: prescindir de algo no es lo mismo que desconocerlo. Un no que deje de abrir las puertas al futuro mediante un sí, es un no estéril. En este caso, más que privarse, es almacenar energía, semilla, capacidad de pensamiento, para alquimizar. ¿Qué quiero decir con alquimizar? Transformar, asimilar; transformarse, asimilarse. Tener un objetivo de vida, un propósito, una aspiración profunda, así sea en boceto, es clave.
La privación impuesta no me dejó comprender lo evidente y me confundió. Quizá la masturbación sí debilita el cerebro de algunas personas. Quizá, incluso, nos sumerge, inconscientemente, en una forma de reaccionar ante la abundancia y la riqueza. La masturbación excesiva es un derroche, un gasto hormiga. Las corporaciones del porno, camaleónicas, astutas, directas y miméticas, se benefician. Saber invertir no es solo cuestión de pesos, euros y dólares. El antojo porno suele ser más de pose que de conexión, así como la compra compulsiva no atiende ninguna primera necesidad, y el antojo de azúcar está lejos, pero lejos, de ser hambre.
Colofón:
El cuerpo es un creador natural, y debemos escucharlo porque tenemos mucho que aprender. No te entrometas en el diálogo ni dejes que el dogma del momento irrumpa: cállate, callales, y escúchate, contémplate.
Y para celebrar esta capacidad, quiero darle luz a algo que escribí seguramente intoxicado y que había abandonado en mi lista de borradores de Gmail, y que hace un momento encontré buscando las notas acerca de los temas referidos:
El vaho,
la venganza de los que en silencio se secan.
Fósiles en la cobija,
en un papel,
directo al agua,
y a veces a la basura.
Es curioso, simbólico,
El óleo más fino
¿Qué hacer con la semilla?
Hábito y alabanza,
me frena,
me resta,
la pornografía se sembró
y se quedó en mí como una esperanza:













