Nos han hecho creer que "el que nada debe, nada teme"; o que "el que quiere, puede".
Pero... basta visitar una cárcel para evidenciar el temor de muchas personas que nada deben, o un hospital para ver que no todo el que quiere, puede.
Basta eso para saber del temor incesante e inmerecido de los inocentes, y para conocer la sagrada resignación de esas personas que quieren, de todo y mucho, pero que no pueden ni podrán.
Esas ideas facilistas son un insulto a tu inteligencia.
Consejo (atrevido como casi todos los consejos): evita a quienes las difunden.
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