lunes, 2 de febrero de 2026

Anti pseudo aforismos

 


Nos han hecho creer que "el que nada debe, nada teme"; o que "el que quiere, puede".
Pero... basta visitar una cárcel para evidenciar el temor de muchas personas que nada deben, o un hospital para ver que no todo el que quiere, puede. 
Basta eso para saber del temor incesante e inmerecido de los inocentes, y para conocer la sagrada resignación de esas personas que quieren, de todo y mucho, pero que no pueden ni podrán.
Esas ideas facilistas son un insulto a tu inteligencia.
Consejo (atrevido como casi todos los consejos): evita a quienes las difunden. 




domingo, 1 de febrero de 2026

Patico Pato Patricia

 


La muerte de Pato me duele lentamente. Paso a paso. Sin atajos.

Pienso en mi pasado; le llamo tiempo perdido como cuando quiero salir de eso rápido, y no separo los desechos y los meto todos en una misma bolsa grande y negra. 
A través de su tejido no se puede ver nada. Para eso están hechas esas bolsas.
Ahora me encuentro con esta clase de tristeza y, a diferencia de antes, me siento como un viejo cliché; agotado, cansado de su uso. 
Me confunde todo a mi alrededor, cada aspecto exterior. Incluso estos signos de puntuación. Cada enter.
El calendario sigue. 
Las cuentas de este mes ya están a punto de ser impresas. 
La pantomima y el disimulo sirven ahora como técnicas de resistencia. 
Pero la soledad imanta. 
En mi caso, Cortázar siempre está ahí para abrazarme con una enseñanza. Abro al azar su libro  de cuentos y a través del Axolotl me dice que tenga cuidado, que me fije bien en qué decido fijarme. 
Allá en el fondo, el celular boca arriba. Estoy harto de las noticias y de no encontrar un mejor empleo. Me subestimo al creer que soy capaz de refugiarme en el dinero. 
Me pregunto si me respeto lo suficiente o deberé andar viviendo oculto tras toda clase de alteregos.
Hoy, ante la muerte, el pensamiento revolotea como una chapola que se deshace en pelos, escamas, en amuletos de palabras que no surten efecto; solo deseo que mis reacciones sean sanas y sensatas. No vivir al borde, ni teniéndome que contener:
Que el mundo hable y yo no entienda: "peligro".
Que el mundo grite y yo no entienda: "ataque". 
¿Seré yo esa tortola que, aguerrida, pelea contra lo que aún no distingue como su propio reflejo?
Esta semana llegará una buena noticia, pero ya sin Pato. ¿Con quién me podré reír de mí? 
Cantaré la dicha y el goce, pero algo íntimo, un color, un armónico, ese matiz, la última estela de la esencia del sabor, se habrá perdido. 
Recuerdo el son de su voz caleña y, bajo la ducha, entre la espuma y el olor a shampoo, a ojo cerrado, casi viéndola me lo prometo: no explotaré tu alma, amada prima, exigiéndote señales, inesperadas mariposas monarcas, o apariciones en sueños. 
Quizá las muchas playas del océano pacífico serán tu mensaje.
La correspondencia,
La paciencia,
El amor, 
El juego,
La risa incondicional que siempre fuiste.
..."continuidad, somos vapor".
...Herviste. 

miércoles, 14 de enero de 2026

Oda escrita en el 2007

 


Vivo como El Chavo, en un barril de birra.
Porque entre tanto café, una pola, o dos, caen bien.
Gusto individual dorado:
qué triste y mísero es compartirte.
Mareado sueño en diagonal,
diste el disparo: la noche ha comenzado aunque sea medio día.
Me reclaman que aún no he sabido dónde marcarte la línea.
De niño me eras adulta,
Ahora eres contemporánea amiga.
Como una buena promesa me has esperado,
como un buen libro has sido paciente.
Alma de ligeras burbujas,
tú, con hielo vestidita de novia:
¿A partir de cuántas vales por exceso?
Disfruto cuando me perfumas.

miércoles, 31 de diciembre de 2025

Borrador: Conceptos 2025

 


El 2025 siempre lo sentí como si fuera un año nuevo. Incluso en noviembre, seguía como nuevo, pleno en su ánimo de renovación. Nunca perdió intensidad. Incluso hoy 31 de diciembre lo percibo como una puerta abierta. Quizá por eso me costó frenar un poco la marcha durante diciembre; de hecho, no lo hice.
Desde que uso Gmail, en los borradores acumulo ideas sueltas. Decidí este año agruparlas para irlas desarrollando en supuesto luego que esta entrada de blog pareciera acorralar en un suceso específico, o simplemente para ubicar cronológicamente la llegada de cada una de estas reflexiones a mi vida, a mi psique. También tengo una lista de las canciones que descubrí este año. Es parte de mi archivo como artista, como escritor, como ser sensible. En este caso en específico, se trata de una especie de álbum de fotos, pero en vez de imágenes, conceptos e ideas. No versan sobre la verdad o la mentira: su sentido es ser estimulantes. Te los comparto sin desarrollo alguno, en la siguiente lista, algunos junto al nombre de sus autores, porque creo que un par te podrían resultar interesantes:

  • Toda idea pasa por tres etapas: la ridiculización, la discusión y la adopción. John Stuart Mill. V.
  • Tener envidia de otra persona, es ir en contra de la bienaventuranza que esa persona ha recibido. Pedro Justo.
  • La sencillez de corazón es saber priorizar, Pablo
  • Dios nunca quita. Dios siempre da. 
  • Enamorarse de la propia sobriedad.
  • Acto de habla propio de un poeta, no de un académico.
  • Ningún viento es favorable para el que no sabe a dónde va.
  • Somos caos a cosmos. Franciscus.
  • Cuidar de no exponerse a la energía de la gente que no le importa lo que uno hace.
  • Mis pasiones no son las pasiones de los estudiantes.
  • Los valores se notan en su ejercicio.
  • Valorar la desviación, Ana.
  • El talento para que la obra de Dios se pueda realizar entre nosotros.
  • Librarte de la opinión. Zen.
  • La habilidad de crecer está directamente relacionada a la cantidad de verdades acerca de ti mismo que estas dispuesto a asumir. 
  • Solo lo que no cesa de doler permanece en la memoria
  • Cuando una crítica te afecta es porque en el fondo, algo en ti piensa igual.
  • Aprender a ver a Dios en el otro. Flea
  • El pesar es una especie de sentimiento síntoma que revela las moralidades, los imaginarios propios. Sentir pesar por una prostituta, indica que me ubico en una especie de superioridad, o también por el motociclista ruidoso: yo me siento mejor, me siento superior, y el pesar lo indica. Esto me lleva a un punto en el cual, sentir pesar de mí, es también nocivo y paralizante. Juzgo y así me juzgo. Sofi.
  • Las redes sociales no registran los contextos, solo abstraen, y esa abstracción es tan discursiva como excitante y peligrosa. Sofi.
  • La costumbre de narrar mi vida, la entorpece, me enturbia. 
  • El ánimo es síntoma.
  • Tu fondo es proporcional a tu arrogancia, Bob Forrest. 

martes, 9 de diciembre de 2025

Un cuento que escribí en octubre de 2022. " Acerca del género cuento"




Los talleres literarios han destruído a los mejores  y más necesarios escritores de nuestro tiempo. 
De Moscú a Buenos Aires, de Fort Wayne a Pereira, de Estambul a México D.F., todos los espacios de legitimación literaria han sometido a la humanidad al estancamiento, a la perenne peregrinación de las ideas. 

Pienso en Kawabata, en su magistral obra "Apuntes en la Palma de la Mano"; él allí advirtió algo que los mediocres no aceptan: los hechos que más ganas nos dan de contar, que más nos llenan, no son necesariamente historias o relatos; son maneras de percibir: lo que más queremos decir es cómo sentimos algo, como al percibir una coincidencia sentimos que la estamos creando: percibir es crear: todo entendimiento es una forma de orden creado por sí mismo. Los más mediocres siempre querrán un conflicto: tal sujeto desea algo, no puede; lucha por alcanzarlo, la situación se resuelve. Y no: con los años todas aprendemos que la vida se nos revela de repente, como diciéndonos: mira, tú eres capaz de entender esto: asúmelo. Y que en esa revelación hay entendimiento, y que entender, antes que vencer, es la única forma de resolver cualquier conflicto (y más cuando comprendemos que casi todos los conflictos externos son, en mayor o menor medida, proyecciones de conflictos internos).

Recuerdo mucho una historia que no me dejaron contar. 
Recuerdo que me torturaron obligándome a volverla conflicto. Para mí apareció como una acuarela, como una imagen, como una sincronía compacta, precisa que merecía contar.
Cuando era niño (joven y niño), mi papá me llevó a una pequeña tienda en Belén, para comprarme un par de tenis que necesitaba para el diario en el colegio. Los precios venían anotados de cada modelo; ese debía ser siempre mi primer limitante. Ya dentro de los que se ajustaban al presupuesto podía elegir - si me gustaban otros fuera de este, ya no era cosa importante. Era eso o nada. Así, una vez más, dentro de los baraticos, yo no hallé nada para mí, nada que se ajustara a mí. Los más aceptables tenían bonita forma, pero pésimos acabados. ¿Pero por qué no los llevas? - me preguntó mi papá. Yo los prefería negros del todo y no con todos esos acabados rojos. 
Es que no me gustan esas cosas rojas - le respondí.
Pero si son solo unas cositas, yo creo que te puedes ajustar. 
Le dije que no y salí sin dar las gracias, permitiéndome actuar de un modo grosero y tonto simplemente porque creía que lo merecía por ser joven.
Pero en el fondo, ¿yo cómo le explicaba que ya no soportaba seguir comprando zapatos para el disfraz de hombre? ¿Cómo le explicaba que lo que yo quería eran unos tacones, unos bien caros, llenos de brillantes, y no esos tenis de colegial que ha debido ajustar su vestir, su cuerpo no anatómico, a los salarios de sus padres? Son las vueltas del capitalismo, recuerdo haber pensado.

Con el tiempo, los ires y los venires, los dimes y los diretes, los seres y las vivencias compartidas, logré hacerme una buena carrera profesional y habitar este mundo de la mejor manera que pude. No herí a nadie de manera intencional; que mi papá se haya sentido herido a razón de mi transmutación, de mi evolución, ya es otra cosa. De cierta manera, cuando él y mi mamá se pensionaron, yo no quise ofenderlos ni sacarles en cara nada. O bueno, sí. Quise sacarles en cara lo bien que se portaron conmigo, lo mucho que me ayudaron (ella más que él) a aceptarme. Nunca pasé de ser hombre a ser mujer; yo nací mujer encerrada en un cuerpo de hombre, pero me consolaba saber que era un hombre lindo, muy parecido a mi papá y a sus hermanos, y quizá por eso me costó tanto ejecutar el cambio, transfigurarme. 
Con el tiempo todo se normalizó. Durante los domingos en el centro comercial ya éramos los que siempre fuimos: mamá, papá e hija disfrutando de un helado, de una pizza, de vitrinear y antojarse. Un día vi a mi papá pegado al cristal de uno de los almacenes. Estaba enamorado de unos tenis. Le iba a preguntar, ¿por qué no te los compras? pero recordé que su pensión había sido apenas la necesaria para sobrevivir, y tal vez ya no le alcanzaba (y más cuando no exhiben los precios debajo de los modelos, se presume su elevado coste). Me devolví y me acerqué a él. No había notado que llevaba aproximadamente dos años usando los mismos tenis. Estaban limpios pero gastados. Se notaba su esfuerzo porque la goma de la suela siguiera siendo blanca, o bueno, al menos color crema. Pero la lona y los cordones ya no daban más. No sé por qué no lo había notado. La vida se me reveló implacable como una obligación, como un deber de restitución. Comprendí que él debía llevar esos zapatos y yo sería quien los compraría. 
¿Los quieres?, le dije. 
Sí, pero no sé, ¿sí me durarán?
Entramos a mirarlos y él los examinó. 
Quiso preguntar por el precio, pero yo no lo dejé; si le gustaban, serían suyos costaran lo que costaran. 
Papá, lo importante es que te gusten... que sientan que se ajustan a tu personalidad.
Él siguió examinandolos. 
Pues no es que sean muy de mi tipo, pero mijo, muchas gracias. Yo me adapto, me dijo.

Las posibles puyitas de esta frase suya no le restaron belleza al momento. Las vueltas del capitalismo, recuerdo haber pensado. Es una rueda, un carrusel. Salimos abrazados del almacén. 

Cuando presenté esta historia en el taller literario que asistí durante un tiempo, me dijeron: ahí no hay una historia. El director, los asistentes, los invitados, luego de mi lectura fueron implacables. Metele mas ficción, exagerá en ciertos momentos. Otros fueron - no sé si inconscientemente - duros y ofensivos: tal vez debieras hacer que tu papá muera, trasladar la escena a un hospital, contar un poco más de ti, permitirle al personaje lo que no te permitiste tú. En fin, querían que bajo el pretexto de la literatura, agrediera la vida. Y no: yo me divierto con lo natural, con las cosas que son porque son retrato fidedigno de la vida misma. Y la literatura no me parece que deba consistir en un goce basado en la destrucción de los principios vitales, que deba ir en contra de la manera como suceden las cosas, para que sea literatura interesante, o narrativa de valor, o cuento, o novela, o poema. 

Recuerdo muy bien mi sensación de disgusto y de hastío: no, no. Se equivocan. No todo en la vida de un travesti es drama - les dije - Es tan normal como la de cada uno de ustedes.

lunes, 8 de diciembre de 2025

El óleo más fino. ¿Qué hacer con la semilla?

El siguiente texto versa sobre la masturbación, o mejor, en su profundidad, sobre buscar la calma mediante la agitación. 

No es un chiste, así parezca.

Siento que haber crecido en un entorno académico católico me generó una antipatía por cierta moralidad, o de un modo más específico, una necesidad urgente de cuestionar toda clasificación entre el bien y el mal. Los sistemas religiosos, con sus mecanismos de control de la conciencia mediante la acción de la culpa, acallaron preguntas. De este modo, la religión más que una vía de liberación fue vía de opresión. En particular, el no hacer cifraba el mérito, sin abrir un portal posterior a la voluntad de hacer algo. Por ejemplo, de los diez mandamientos, ¿cuántos dicen "no hagas esto"? La mayoría. Luego, si no robo, ¿qué hago? si no miento o cometo adulterio, ¿qué puedo hacer? ¿Cuál es el opuesto activo? ¿Cómo asumir, desglosar la eventual pulsión?

La parálisis, la privación, parecía ser el  medio y el fin en sí mismo.

Privarse hasta cuando no tengas ni ganas de privarte.

Y aunque crecí en un ambiente familiar y social en el que era claro que la puerta del apetito es la prohibición, y en el cual pude encontrar (y aún encuentro) sinfín de interlocutores con los cuales inteligir y reírnos de los métodos eclesiales y de poder sobre los cuerpos, es importante volver en uno, repetir la toma de conciencia, y lavar un poco más, porque creo que la psique no se sana inmediatamente. Creo que, similar a un apartamento, hay que estarla limpiando constantemente y repetir y repetir y repetir como cuando se barre o como cuando uno se estrega los dientes. Y sí: de esto han hablado muchos autores, pero es importante trabajarlo en uno, con alianzas pero sin atajos. De hecho, no hay atajos, y mucho menos retóricos.

Todo está en el cuerpo, así no parezca.


Esta aversión al dogma, manifiesto en oponerme a la privación, me llevó, entre tanto, a ser pajizo, por decirlo de un modo elocuente. Si en el catecismo decía que no, para mí era un futuro sí. Y nadie estaba para decirme lo contrario: una de mis primeras búsquedas en Google (suena extraño) fue acerca de este tema. Iba a bibliotecas e investigaba. 

Había un nudo: 

1. Masturbarme era descargarme, una especie de descompresión. Esto me significaba una liberación. Pero, ¿de qué? O sea, ¿qué me cargaba, me comprimía, me sometía? Imágenes, grupos de imágenes, complejos. La fantasía sexual no es solo genital: incluye prestigio, escenas, escenarios, objetos mágicos flotando alrededor. 

Pero lo que impulsa (ojo: digo impulsa y no expulsa) es que recientemente descubrí que tal vez haya un escalón previo a la construcción o préstamo del complejo, que termina cargándome y comprimiéndome: la forma de significar el cuerpo de la mujer. Es un resumen burdo decirlo como lo diré pero igual ni tú ni yo tenemos tiempo: la manera como me enseñaron a desear, así como el contenido del deseo, es de por sí la carga, el peso, impuesto. 

Volvamos a pensar en ti y en mí como Sísifos: en un mundo sin dioses, ¿quién nos arrojó tras la piedra en el eterno peñasco? 

2. Masturbarme era ocupar mi pensamiento con fantasías eróticas. La construcción era tan rápida que parecía involuntaria. El procedimiento generaba disfrute, pero varias veces lograba sentirlo, profundamente, como una pérdida de tiempo. Entendía lo de turbación. Nombrarlo de otras formas no sirvió. Era una agitación de la cual recuperarme era complejo. Quedaba en trance, y no estoy hablando de unos minutos, sino de semanas e incluso meses en los que quedaba excitado por el accionar de un complejo de imágenes en mi efervescente mente. El malestar era general. Fiebre. Calentura. Energía contenida. Implosión. Chernóbil, y yo teniendo que ir a un colegio católico masculino a estudiar. Durante años pensé que el malestar era culpa, un cimiento del constructo católico en mi psique. Pero no, ya sé que no: siempre estoy educando, aleccionando, a ese que fui, pero ese que fui, desde la niñez me está enseñando en este momento de mi vida, más de lo que yo pude preveerlo. Esa expulsión era un desahogo, ¿y qué me estaba ahogando? 

3. Masturbarme era quedarme sin los elementos con los cuales alquimizar mi realidad. Los adjetivos para la energía siempre son discursivos: digamos solamente energía y ya: nada de energía sexual. En mí tenía esa energía, que era energía de querer descubrir miles de cosas, energía de crear, energía de interactuar, energía de sanar, energía etcétera. Esa privación impuesta no solo es dañina sino que sabotea el logro de la contención por conocimiento. Sí: prescindir de algo no es lo mismo que desconocerlo. Un no que deje de abrir las puertas al futuro mediante un sí, es un no estéril. En este caso, más que privarse, es almacenar energía, semilla, capacidad de pensamiento, para alquimizar. ¿Qué quiero decir con alquimizar? Transformar, asimilar; transformarse, asimilarse. Tener un objetivo de vida, un propósito, una aspiración profunda, así sea en boceto, es clave.

La privación impuesta no me dejó comprender lo evidente y me confundió. Quizá la masturbación sí debilita el cerebro de algunas personas. Quizá, incluso, nos sumerge, inconscientemente, en una forma de reaccionar ante la abundancia y la riqueza. La masturbación excesiva es un derroche, un gasto hormiga. Las corporaciones del porno, camaleónicas, astutas, directas y miméticas, se benefician. Saber invertir no es solo cuestión de pesos, euros y dólares. El antojo porno suele ser más de pose que de conexión, así como la compra compulsiva no atiende ninguna primera necesidad, y el antojo de azúcar está lejos, pero lejos, de ser hambre.


Colofón:

El cuerpo es un creador natural, y debemos escucharlo porque tenemos mucho que aprender. No te entrometas en el diálogo ni dejes que el dogma del momento irrumpa: cállate, callales, y escúchate, contémplate. 

Y para celebrar esta capacidad, quiero darle luz a algo que escribí seguramente intoxicado y que había abandonado en mi lista de borradores de Gmail, y que hace un momento encontré buscando las notas acerca de los temas referidos:


El vaho,

la venganza de los que en silencio se secan.

Fósiles en la cobija,

en un papel,

directo al agua,

y a veces a la basura.

Es curioso, simbólico,

El óleo más fino

¿Qué hacer con la semilla?

Hábito y alabanza,

me frena,

me resta,

la pornografía se sembró 

y se quedó en mí como una esperanza:

de ahí la promiscuidad,
fuente de los mil perdones
que no pedí.  

viernes, 5 de diciembre de 2025

A veces fantaseo con que le pregunto esto a un candidato presidencial


Señor candidato, ¿qué tan posible es lograr que Bogotá deje de ser la capital de Colombia? Tampoco sugiero a Medellín. De hecho, casi ninguna ciudad "avanzada" me parece considerable. De fondo, lo que sugiero es una reinterpretación del territorio in situ, como originarios que somos, y no bajo el embrujo de la significación dada por los españoles, para quienes resulta lógico que su capital esté sumida en el centro de su geografía. Sugiero entonces un lugar como Sapzurro o Capurganá, o incluso Barranquilla. Sitios con cercanía al océano, desde donde se pueden implementar dinámicas menos torpes, menos lentas, más incluyentes con territorios que han quedado abandonados, y más abiertos a la ágil cooperación internacional. Pienso que esa fue la ventaja de Venezuela antes de quedar enclaustrada por los regímenes. Además creo que resulta más incluyente una capital que te reciba con el mar, con las características del trópico en vez de las del piso frío o de la región andina. 

*Me abuchean a posteriori*
*Me vuelvo un meme*

viernes, 14 de noviembre de 2025

Dasein presencia: noticias de mí

 


Las "noticias" más cruciales de mi vida provendrán de mi sentido de percatación, y no como un producto de las cadenas de noticia, o de canales de televisión o de la radio o de la prensa o de generadores de contenido. Mi realidad se construye no a partir del flujo incesante de relatos autodenominados noticiosos, sino a través de las noticias de mí que yo mismo pueda darme a conocer, a veces, quizá, con la ayuda de los seres más cercanos.

Definir qué deseo admitir como información y qué no, en cada momento de mi vida, es una de las formas más responsables de autocuidado y autoestima; de resistencia y evolución; de digna productividad. 

Algunas preguntas sirven, sobre todo cuando me las planteo en segunda persona: ¿En qué momento de tu vida estás? ¿Dónde has encontrado la calma, qué has agradecido recientemente?

jueves, 16 de octubre de 2025

Compensación

 

Foto por José Andrés Quintero Restrepo

"Ya es hora"... le escuchaba decir a mi mamá. "Ya es hora, Juancito, ya son las y media", y yo sentía que su maternal delicadeza no hacía menos terrible la certeza de que otra mañana de colegio se abría ante mí. Luego, en el bachillerato y durante toda la universidad, me serví de alarmas para despertarme, sin jamás lograr acostumbrarme a ellas. Mis veinte fueron, en general, apacibles y bohemios. Cuando acabé mi pregrado, y me sumí en el desempleo, me despertaba en soledad, en el vacío de mi hogar, sin tener que recurrir a los relojes. 
De hecho, en esta época de voraz y desaforado narcisismo, definí en mis manifestaciones y visualizaciones como escenario del éxito la posibilidad de prescindir de las alarmas, de los llamados matutinos, de esa agresión ruidosa pactada con el pretencioso yo de la noche anterior.  
Pero como crecer es aprender a negociar, a ceder - o a cambiar-, ya he asimilado que el presente me exija el uso de despertadores. Sí: aún sueño con poder despertar sin valerme de ellos, ingresando suavemente a la vigilia, aperezado hasta la parálisis, aturdido de tan abundante y profundo dormir, pero también sé que mis intenciones actuales me solicitan acceder a su uso, por ejemplo, para poder hacer ejercicio antes de ir a trabajar. No obstante, como un truco secreto, cuento con una práctica que compensa esta violenta y malviajante forma de iniciar los días a través de un estallido: la meditación trascendental. Sí: medito inmediatamente me despierto. Me siento lo más erguido posible, algunas veces desorientado aún, y paso del sueño al mantra, al trance, a la profunda inmersión, al chapuzón a ojo cerrado. Esta práctica amortigua el dolor y la molestia. La gratificación es inmediata: funciona como un llamado a la acción. El enojo y la frustración se disipan. Libre de opiniones, de ánimo de competencia, de justificaciones, me hago consciente, me percato y, fresco, inicio cada jornada. Surgen consejos mentales, casi órdenes de voces imperativas entonadas por una gnosis indescifrable; uno de los más recientes: "saca tus libros de poesía y ubícalos en la mesa de centro para que cuando te sientes cerca en vez de perder tiempo en el celular te animes a leer dos o tres poemitas". También, la memoria canta. Un escenario recientemente reconstruido: la vez que Ringo Starr, refiriéndose a la meditación trascendental, dijo que su propósito impulsor luego de meditar era: "hoy voy a aprovechar lo máximo que pueda mi tiempo". 

jueves, 25 de septiembre de 2025

Mirar sin querer entender

 


Hace muchísimos años, transmitieron -no recuerdo por cuál canal- una serie llamada Beast Wars. La manera como yo me acerqué a ella pude comprenderla luego de leer a John Berger y a Susan Sontag, muchísimos años después, o sea, hace poco. Recuerdo que el horario en el que la televisaban variaba constantemente, lo cual me impidió seguir su hilo argumentativo. Sin embargo, cada vez que lograba pescarla, me quedaba mirándola, así no entendiese nada. No sabía quién era el protagonista, o cual, el antagonista, pero sus formas, sus colores, el diseño de espacios y de sonido, todo me resultaba tan agradable a la vista, que, para disfrutarla, me bastaba ese ver sin mirar, esa atención apreciativa y desapegada de los relatos, de las historias que, en ese momento, dejaron de justificar la existencia de una caricatura. 

Recientemente leí algo de Lin Chi, algo más o menos así: "Mi labor, como maestro zen, es librarte de tus opiniones". Esta idea, esta ambición, me emocionó y me remontó a esas tardes, mañanas, noches, en que, incauto, me encontraba con esta serie en medio de mi zapeo noventero. Ese niño que entonces era, hoy me lo enseña todo: ante los problemas, ante los triunfos (y sí: hay también triunfos problemáticos), ante casi cualquier fenómeno, es una ventaja, una habilidad, poder mirar, contemplar, sin querer comprender o entender. La poesía es quizá una evocación de esos trances; la crítica (que no es lo mismo que la reseña literaria) es la incapacidad de morar así una imagen.