martes, 1 de septiembre de 2026

Una idea de Sofi


Hablar de Primera, Segunda o Tercera Guerra Mundial, es una muestra de un vigente y trepidante colonialismo.

Lo que estamos viendo en Gaza es una forma de guerra mundial.
También lo es el accionar político-social-cultural-militar de E.U. 
También lo fue lo que hicieron en los territorios hoy conocidos como América y África.
Genocidios y holocaustos: leyes de la macroeconomía: internet, lobby de las Tecnológicas y las Farmacéuticas: guerras atomizadas, guerras por partes como lo anticipó Francisco. 

La manera de periodizar es un imaginario eurocéntrico y eurocentrista.
Los ochentas y parte de los noventas en Medellín fueron escenarios de guerra. 
Recordemos las palabras de Carlos Lehder: la cocaína es la bomba atómica de los colombianos contra los Estados Unidos.
Rápida en su consumo, fue una filtración de decadencia en las entrañas del Imperio, un arma de destrucción social masiva, pero menos instantánea.

En definitiva, vivimos en un sistema económico que depende, principalmente, de un sistema de nomenclatura.

Un epílogo para Marcell

 

“La gente pregunta: “Oye, Marcell,
¿Por qué escribes tanto?”
La respuesta es simple:
Para entretenerme en este mundo loco, aburrido y muchas veces carente de sentido…”


Un sentimiento de amistad antecede la lectura, 
así como el calor de la leña anticipa la hoguera.
El cielo de la noche,
 aroma de fogata en la sensación de rubor que me deja un vino semiseco,
me trae el canto, su voz. 

Marcell, Andrés, poeta.
Este libro suyo: 99 postres en diminutivo, amalgama de consejos y confidencias,
semillero de futuras canciones.

Qué valiente, me digo.
Qué valiente ser así de breve y sencillo.
"Yo era amigo del Diablo - dice - pero un día, sin razón se rayó conmigo..."
...¿quién no, si tú has dado el paso? - imagino que le respondo.

Desde hace años no leía a alguien que disfrutara tanto de escribir.

"El Misterio y el Silencio miraban con Deseo la despampanante belleza que traía consigo la señorita Duda": volátil desahogo, diente de león que migra su simiente a nuestro pecho y germina sin palabras: quizá un suspiro, una risa, un quedarse pensando en lo recién leído.

¡Exaltación! 

Resonancia de encontrarse en la narración de los gestos cotidianos.
Más que una filosofía, una poética que florece.
Supongo que su mayor habilidad es dejarla ser a través de la escritura.
He visto tantas obras nacer así, gozando de esta sencilla honestidad (u honesta sencillez) y transformarse en algo que no son, bajo el influjo de los prejuicios de editores, críticos y correctores de estilo. 

Me alegra, y agradezco, que este libro esté libre de atavíos quiméricos,
que su autor teja con el hilo de lo espontáneo,
que mire su mente y la comente;
en definitiva, que sea capaz de cantar sin perendengues:

“En lo profundo de mi alma todavía conservo la alegría y la pureza que tenía cuando aún era un niño…”