miércoles, 10 de septiembre de 2025

Algo brotó en un sueño, luego de la discusión

 


Si hay fuerza, será la de la ternura: soy de esos a quien la pasión entorpece. Tras el espasmo, el desinterés. Un comentario ligero que no pasó desapercibido: la suave tensión entre dos imanes, nublos cargados, lectores cautivos de la noción de verdad. Un perdón no resuelto desgarra el tejido de la amistad trenzada durante años: hay fatiga si hay fuga: fugitivo, un pensamiento, o mejor, un ángel me sigue como una sombra. Amado Amigo: me guardé, como un secreto, que mi intención fue dibujar en tu mente esta roca seca: te prefiero como poeta, y lo que más me gustó del film fueron los poemas de la novel, tan parecidos a ciertos movimientos de tu vuelo lírico, valientes guardianes de la cotidianidad.  

martes, 2 de septiembre de 2025

Dibujar, colorear.

 


Desde niño, las imágenes brotan, espontánea e involuntariamente, en mi mente. A esas formaciones les llamo pensamientos. Sin ser palabra, son lenguaje. Mi relación con el dibujo está asentada en la necesidad de reproducir esos pensamientos fuera de mí para que los otros los vean, porque siento que son potentes, comunicativos, emocionantes. El intento fue casi siempre fallido, salvo por algunos dibujos con los que hice reír a unas cuantas personas. Esto me hizo buscar desesperadamente la escritura, la música, otros medios; por eso me expreso en pasado, sobre todo porque encontré un mecanismo, tal vez un método, al saber que podía solicitarle a mi hermano el favor de que los dibujara. Él, sin haber aprendido ninguna técnica, es capaz de reproducir con fuerza lo que mira y visualiza. De este diálogo surgió Cronux y, muchos años después, La Mirada de Apolo. Hoy, siendo un Sebas-profe de Artes, me pregunto por todo esto mientras me afeito, y, ciertamente, creo que lo que entorpeció mi capacidad representativa, y mi posterior volcamiento a otras maneras de exteriorización, fue la manera como solían exigirme que pintara, o sea, primero figurar con lápiz y luego colorear. Gran error. Terrible imposición. No siempre es útil, no siempre es necesario. No todo necesita un borrador, una pre-figuración. Un carboncillo ya es obra; hoy los músicos lo sabemos: el demo es ya de por sí la obra. Aplicar el color directamente funciona como ideología: en el colorear libre e inmediato se distribuyen ya los pesos, los aires, el gesto, la narración. Las obras de colorfield son una forma de sentir. Debajo del techo de madera de las técnicas colegiales podemos también resultar heridos: mis pensamientos no son figuras, sino sensaciones térmicas, cromáticas; son esencias, ambientes. De niño me frustré: quería pintar la bruma, ¿cómo se hace eso con lápiz? La bruma, no los pinos ni el frío: la bruma, su presencia, su descendimiento. ¿Acaso el lápiz puede marcarle un destino al color? 

martes, 5 de agosto de 2025

Acerca del coro de una canción nuestra

 


El ruido es un sonido que no logramos controlar; el sonido es el ruido que controlamos. Cuando escribí en Devaneo: "hazme tu ruido, sé mi sonido" ya era consciente de eso. Déjame ser incontrolable, permíteme controlarte: era mi forma de amor ideal a mis 25 años.


lunes, 4 de agosto de 2025

Oasis, Oasis...

 


Harto de las relaciones parasociales, contradictor de las tendencias, crítico acérrimo y paria diletante de la sociedad del espectáculo, me rindo ante los shows más recientes de Oasis y me permito conmoverme ante su regreso a los escenarios. No sé cómo explicarlo y por eso escribo el siguiente párrafo: seamos conscientes de que todo esto solo se trata de dos hermanos que se han perdonado y se han vuelto a querer, mientras el mundo estalla en extravagancias y confusión. Ver a los dos Gallagher abrazarse en medio de tanto conflicto, me alegra. Una sencilla esperanza, similar a su música, me tranquiliza, y me recuerda que todo pasa, aunque me haga desear que, ojalá, esta amistad fraterna no pase pronto sino que dure y dure. ¿Qué es el carácter sino esa ecualización característica de la guitarra de Noel mezclada con la revitalizada voz de Liam? ¿Qué es la fuerza sino el amor que profesó el Rock n' Roll en distintos momentos? 

jueves, 24 de julio de 2025

Desde el futuro, una línea salvavidas

 


El grunge trajo palabras nuevas a mi vida, un drama beatnik, el peso de algunas sensatas contradicciones. Lo mortuorio y lo colorido, los sepulcros floridos, la anatomía de combinaciones inusitadas. Aquella nota suicida, carta de despedida de Kurt Cobain, aligeró los aires, renovó mis lecturas. En su delirio desata lo prosaico. Supe que la escritura era arte plástica gracias a él; luego lo comprobé en otros "Altazores".
Lo particular fue que conforme fui ganando palabras dejé de anhelar la vejez. 
¿Qué territorio incierto será tal edad, tales escenarios? 
Recién en el '21, gracias al ejercicio, comprendí que mi calistenia cotidiana no versa de "lucir bien" en el espejo; se fundamenta en el hecho de hacer todo lo posible, de ser lo suficientemente constante, como para llegar a viejo en excelentes condiciones de movilidad, de pensamiento, de emoción. 
Y ahí surgió el pensamiento menos grunge de mi vida, o mejor, el pensamiento que disipó los rastros, los vestigios de ese estilo que tanto me cautivó y que de alguna forma, entre ironía y autosabotajes, persistía a manera de negativismo, pereza, joroba y (caprichoso) nihilismo. 
Tengo noventa o cien años; me veo en un cerro, una especie de colina frente al mar; me siento como en casa, en paz, protegido, seguro. La brisa rosa del ocre amanecer es todo lo que me rodea. Suenan las ramas más altas de los árboles. Son eucaliptos; comprendo ahora la antigüedad que Borges le asignó a este aroma. Estoy semidesnudo, tal y como me gusta ejercitarme desde hace tanto tiempo. Me elevo sobre la barra, en movimientos fluidos, fuertemente. En los segundos de descanso, entre serie y serie, pienso en mi vida; de manera particular, recuerdo los problemas de mis 30. "Qué época"... Me río: todo se solucionó de un modo rápido, fácil, beneficioso, creativo. Sigo siendo un optimista.
Cierro mis ojos: me veo escribiendo esta frase.

domingo, 13 de julio de 2025

Acerca de una canción de Las Deseo

 

Foto por David Kurtiz.

En diciembre escribí una canción llamada "Sin dólares en Medellín". Surgió, como siempre, mientras fantaseaba. La escucho y noto la ironía: en esta etapa de mi vida, caracterizada por mi renovada intención de asentarme en Medellín, más que en otras esferas (como la familia, por ejemplo), me imaginé cómo serían los escenarios de una eventual partida, del desplazamiento, del desarraigo. No sin cierto ánimo nadaísta, sentí - involuntariamente - a la ciudad como una mujer, como una ex pareja. Urdí la imaginaria ira, la sentida narración. Pero rumiar aclara los sabores: de irme, puede que salga, que me vaya hablando mal de ella (no son pocas las personas que han quedado enojadas conmigo por, simplemente, no haber querido darles lo que de mí, sin razón alguna, esperaban), pero no persistiría mucho tiempo ni en las diatribas ni en la queja. No voy a hablar mal de mi ex, no hay que hacerlo, pensé y ya así lo canto. Sumado a este juego hay otro elemento, un término que se hace presente pero desde su ausencia: en ningún momento hablo de Medellín como valle, porque lo que quiero narrar es la ciudad desconectada de su natural geografía; es decir, cuando como sociedad volvamos a ser más valle, más montaña, más cuenca de río, que dinámica urbana, que paila caliente, tomaremos mayor perspectiva y le habremos dado contornos humanizantes al capitalismo. Por el momento, somos un hervidero del comercio. 
Y no es el río el que va en contravía.
No es el río al que hay que canalizar.

jueves, 26 de junio de 2025

Un hallazgo perdido entre otros hallazgos: Negación.

 


La negación puede ser consciente, pero casi siempre, en mi caso, fue inconsciente. Funcionó bien, como un  minucioso mecanismo de defensa. No me refiero a la negación de algo que se sabe, sino a la negación de algo que cuesta admitir hasta el punto de dejarlo en el sopor de lo no-elaborado, de la in-materialización. 

Si tuviese que escribir todo lo que he negado, pretendido ignorar, llenaría tomos enteros; es lo mismo que hablar de los errores de los que no me gusta hablar o edificar un blog secreto. 

El deseo, la necesidad, la vergüenza; en muchos casos negar no es más mentir que complacer. 

Negar que me siento mal por cierta forma de vivir; negar que no sé cómo cambiar y que a veces necesito ayuda; la espectacular e indulgente parafernalia del Rock me permitió negar, y en las noches en que corrí mis fronteras ético-morales, estomacal-mentales, alcancé a aferrarme de la mano de algún Baudelaire alcahueta, estudiante de Filosofía y Letras, capaz de recordarme aquel ensayo rico en motivos para perdonarme. 

Negar impide crecer: al asumir, al frenarse, detenerse y contemplarse logra uno reconocerse, admitir, y solo así podremos valorar si es necesario corregir, o si corregir es ir en contra de la desviación fértil. Hay que hacerle correcciones a la corrección: ¿Qué ego corrige a cuál? ¿El cuarentón al veinteañero?  

Este es el trabajo que implica elaborar la angustia y hay que ser compasivo con uno sin incurrir en la autocompasión.
El límite es poroso: veo cualquier foto mía y veo negación de algo.

Lo que siento y niego no tiene la gravedad de lo necesariamente real: si lo expreso, puedo matizar su valor de verdad. 
Por ejemplo, ¿niego mi ira? Ya luego tendré dos problemas: la ira y la estela de corrosión y absurdos que deja la negación. ¿Niego el disgusto y que no tolero a alguien?...un alto nubarrón se alza en el cielo: todo se revuelve en el interior y nos conducimos al síntoma. 

Recordémoslo: es más fácil decir "sufro de depresión-ansiedad-disautonomía" que "soy narcisista". 

Negar es evitar aceptar aspectos de la realidad que me parecen desagradables

Aceptar es dimensionar los fenómenos y además nos permite observar la negación ya no como un ecosistema o modus vivendi sino desde su completa esfericidad: han pasado pocos días y ya empiezo a comprender que, en parte, instrumentalicé el recurso y me acostumbré a negar porque no me adapto tan fácilmente y porque carezco de herramientas de comunicación eficaces aunque en mi mente abunden los discursos.

domingo, 15 de junio de 2025

Smooth

 

lunes, 26 de mayo de 2025

Performativo, realizativo

 


La palabra es la canica que todos los días contemplo. 

Decir "yo te prometo" ya es prometer; decir "yo te juro" ya es jurar; decir "yo te condeno" ya es condenar.
La gramática lo ofrece como "enunciados performativos" o "realizativo". 
Alguna relación encuentro con los koan de la tradición zen. "¿Cuál es el sonido de una sola mano que aplaude?"... así es: el silencio que queda después de esta pregunta, que más que una cuestión cuyo sentido de ser es la respuesta que pareciera completarla, es, precisamente, la incompletud de la rumiación, ser ovillo de lana con el que la mente gato juega. 
Inevitable y agradable me resulta también evocar al centurión que se inclina ante Jesús diciéndole: "una palabra tuya bastará para sanar". 
En lo performativo el verbo es la acción en sí: "te felicito". "Te ordeno".  
Decir "yo creo" ya es crear; pero ojo, romántico corazón adolescente - ya alcanzo a oler tu loción cítrica: decir "te amo" jamás será amar. Ni más faltaba. 

viernes, 23 de mayo de 2025

Que te importe cada acción que lleves a cabo

 


Este semestre decidí dejar de imitar oralidades, dejar de auspiciar la apatía, dejar de ser inercia en la inercia hablando mal, apropiándome de conceptos que consideraba ya comprendidos, y casi que obligatorios para mí, treintañero en condición de docente. De hecho, lo primero fue dejarme de considerar docente; opté por reconocerme como profe. Luego, caí en cuenta de que tal vez debía hablar únicamente mediante términos que sepa explicar con otras palabras, con "mis" palabras. Claro, el trabajo fue una emboscada: de solo impartir cursos de música, pasé a dictar temas relacionados con política, participación, ética, y ciudadanía, cada uno enunciado desde el arte. Este tono, esta forma de hablar tan confusa y críptica, o digamos "académica", fue una especie de atuendo. 
Actualmente, en mi casa sigo dictando clases particulares de guitarra, ukelele, bajo y canto. En este espacio, durante los meses recientes insistí bastante en la voz. Esta dimensión me hizo comprender la extensión de mi experiencia, y en contraste, también, la medida de mi inexperiencia. Para explicar algo de la voz o la guitarra, voy al cuerpo, soy conciso; en resumen: sé explicar. Para hablar de la historia de las ciudades y de cómo estas se vinculan a la concepción de nuestra fisionomía humana, me enredo, parafraseo a Sennett, me paro en el balón, saco alguna palabra mágica que nadie - ni siquiera yo, emisor - la entiende. 
Mediante estos triunfos y fracasos como profe comprendí algo: lo importante es que el otro aprenda, no demostrar que yo sí sé. 
Y ese es tal vez el epicentro de mi angustia: sentirme impostor. Oh, sí: impostor, el traje de moda. 
Para hablar en las Universidades acerca de Arte debo performar. Yo no me formé en esto; conseguí este empleo leyendo y memorizando mucho. De Gombrich a Rosalind Krauss, el tentempié del nerviosismo me fue servido y yo tragué sin masticar: el infierno no son los otros, sino lo que los otros hablan de tu experiencia. 
Entre más te mueves queriendo salir, más te hundes en la arena movediza de la teoría crítica sobre la estética, y el rostro de Benedetto Croce surge como un fantasma vaporoso en el espejo que refleja tu último vaho antes de darle las buenas noches a tu pareja. Son las 11:34 p.m. y llevas desde las cuatro de la tarde intentando comprender a Bourriaud, con el objetivo de consolidar una clase que sea estimulante, resonante. No quieres aburrir a estas personas nacidas en los tiempos de tus primeras borracheras (2005, 2006...)
Igual, solo asisten 3 o 4, pero esto lo haces también por ti.
De ahí, lo que implica desmontar este parloteo construido de -aceptémoslo- robos. Hablar así es vivir a crédito. Lo primero, lo Primigenio, reside en ti mismo: destruye todo lo que creaste y replantea el curso - sigo diciéndome. Hablarás desde lo que entiendo, expondrás tus delirios ante los somnolientos seres que tomaron esta materia por una chispita, por un llamado íntimo, por curiosidad.
Y sí, en definitiva, esa es tu gran labor: cultivar y alimentar esa curiosidad. Que sepan que en el Arte se puede vivir.
 
Bueno... en la próxima clase hablaremos de cómo desmontar el ánimo argumentativo impulsó mi vida desde cierta latencia poética.