domingo, 7 de agosto de 2022
Ideando
domingo, 31 de julio de 2022
Manos blancas, colores vivos
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| Foto por Valentina R. Flórez & Flores, amiga. |
¿A quién
le escribo esto, sino a mí mismo? ¿Con qué otro objetivo sino el de liberarme,
el de narrar las impresiones que me deja tu paso por mi vida, que concluye
ahora con tu muerte física? Alguna vez creo que hablamos de eso, de la teoría
del cuento de Piglia: no son lo mismo final, cierre y conclusión. El final que
yo te solicité fue tal vez tan brusco como inesperado; el cierre te lo dejé a
ti y me siento agradecido por la forma
como quisiste que se fuera dando, es decir, silenciosa, paulatinamente. No me
informaste de tu diagnóstico, que más que eso era una sentencia que contradecía
los buenos resultados de la tomografía de marzo, resultados que impulsaron en
mí injustas esperanzas, y que me llevaron a demandar en extremo, a pedirte
demasiado. Noto ahora que mi ingenuidad puede llegar a constituir mi peor y más
nocivo vicio. Me enteré de que estabas mal, que te habían hospitalizado,
pero ya estaba acostumbrado a que ibas y salías del hospital con rutinaria
facilidad. Que feo: ¿pretendía acaso que tú podrías llevar una vida sumida en
tanto, tanto, tango dolor, entre cuidados
paliativos y líquidos de contraste? ¿Con tu closet convertido en una farmacia?
¿Con una aguja colgando del extremo superior derecho de tu pecho?
¿A quién
le escribo esto sino a mí?
La distancia que impusiste el último mes a través del silencio radical, es algo que me facilitó todo esto, y que – nuevamente – agradezco, valoro y asumo como un valiosísimo regalo, porque me permitió estar tranquilo, en vez de cargarme de nervios, sintiéndome incapaz, inepto, ante lo inevitable. Escribo ahora para hacerme caer en cuenta de todo lo que tengo por aprender de ti, y para reconocer que desde aquella primera charla, una de las pocas tardes soleadas del enero de este lluvioso 2022, en esa mesita de la U, remojando la palabra en agua y nada más, me animaste a reconocer la vitalidad en todo lo existente. Pienso ahora en ese fragmento de Oscar Wilde que nos compartimos: con el material de la escultura de "el dolor que dura para toda la vida" se puede hacer también la de "el placer que dura un instante". Y no pienso escribir ni abordar más ahora mismo, porque sé que sería excederme, esculcar en demasía. Sé que ocasionalmente escribir será escribirte, y escribirte será escribirme a mí mismo, para elaborar el duelo - como dicen los psicólogos - o mejor, para que el poema sirva de médium - como dice Alma, otra amiga poeta -, y también – como quiero decirlo yo - para volvernos a encontrar y sentir latir el misterio que da sentido a la existencia, debajo de la piel de cada letra y de cada espacio.
domingo, 10 de julio de 2022
Un comentario de YouTube
Querido Ramón. Valoro mucho tu detalle de compartir por este
medio, tus conocimientos acerca de la psicología humana, así no coincida
contigo en el enfoque psiquiátrico de los tratamientos que propones (no concibo
reducir al ser humano a una serie de procesos bioquímicos). Sin embargo, quiero
cuestionar tu ejemplo, ese mediante el cual ilustras la diferencia entre los
medicamentos genéricos y los originales. Dices que es similar a comparar un
carro de rodillos con un Ferrari. Adviertes que ambos son carros y andan, pero
que no puedes asegurar a dónde lo lleve a uno el carro de rodillos pero que,
por el contrario, si uno se monta en un Ferrari ya sí será capaz de llegar a
cualquier parte. La comparación me
parece una ocurrencia peligrosa. Si uno desconoce a dónde quiere llegar, puede
andar en el Ferrari y aún así persistir en la errancia, en el sinsentido. Y la
pregunta va más allá: ¿por qué queremos llegar a donde se supone debemos
llegar? ¿queremos llegar a ese destino porque de verdad lo queremos así, o porque
nos hicieron creer y nos convencieron de que era eso lo cual queríamos? La
pregunta, así, no recae en el vehículo, sino en el destino que se ambiciona, en
su naturaleza, en la dialéctica que establecemos entre este y nosotros mismos:
¿hay sanación posible para quien desea materializar las utopías? ¿Hay esperanza
para quien aún no advierte que con cada paso que se da, el horizonte final se
aleja otro paso más?
lunes, 27 de junio de 2022
Un homenaje de mi papá a su tío Pachocas
domingo, 26 de junio de 2022
Touch, I remember touch
jueves, 19 de mayo de 2022
Fantasía
El pranismo es una práctica más que una promesa: vivir únicamente del prana, la energía vital en la que somos, por la que somos, y en la que estamos inmersos, sin acceder a las diversas formas alimenticias en las que este se manifiesta. Es decir: vivir del aire, la luz del sol, y el agua, comiendo poco o nada sólido.
Hoy algunos Gobiernos los persiguen pues a las comunidades que se rigen por esta práctica las tildan de sectas. Y, ¿cómo no? La economía se basa en volver la vida recurso, y en explotar los organismos. Nos hemos convertido y acostumbrado a ser un tubo digestivo reactivo: eso define las ramas del poder. ¿Qué pasaría si nos diéramos cuenta, que nos enseñaran, que descubriéramos (con la sensación de salvación con las que se descubren las cosas que nos salvan cuando uno está en problemas) que no es necesario comer tanto, o ni siquiera comer? Suena mal, aunque ya empezamos a comprender que “tragar”, “comer” y “nutrirse” son fenómenos distintos.
Y sí: escribo esto con el estómago lleno. Lo escribo como una
fantasía. ¿Será que la inflamación del reflujo es hastío censurado? ¿Ganas de
llorar? No es raro sentir que cuando lloramos sentimos que se irritan las
mucosas. Además, hay otras demandas biológicas que no atendemos con la urgencia
con la que atendemos las ganas de comer… Así, en esta brincadera entre
pensamientos fugaces, llega a mí la idea de los viajes astrales. ¿Y qué tal si
el pranismo nos permite esta errancia cósmica? ¿Qué tal si esa ligereza (que no
es famélica porque el prana nutre con suficiencia) le permite a la conciencia
que cada uno es, desplazarse más allá del organismo? ¿Vagar en la prolongación
elemental?
Vagancias astrales, sin propósitos, mientras en la quietud nos mantenemos en tierra, tierra que reverdece, con solo algunos motores a lo lejos. Quienes están en turno, siembran, laboran con parsimonia. Al volver la conciencia al organismo, nace el cuerpo. Luego del entumecimiento, se vuelve a andar. Una respiración profunda, supongo, bastará. A diferencia de mí ahora, que estoy tecleando sin afán pero movido por el antojo de otro tinto y una chocolatina light.
sábado, 23 de abril de 2022
Paños húmedos
domingo, 13 de marzo de 2022
Una respuesta para June
Juanse, ¿qué tendrás miedo de olvidar?
lunes, 14 de febrero de 2022
Social Climber
sábado, 1 de enero de 2022
Una reflexión luego de leer "El celoso extremeño"
Al leer “El celoso extremeño”, de
Cervantes, me enfrento a mi idea del amor, la cual suele estar vinculada al
dinero y a las luchas de poder que se establecen por medio de la capacidad de
gasto. Mis experiencias se confunden con mis prejuicios al punto de ser lo
mismo; mi "vida amorosa" (más bien "relaciones de pareja", porque ¿qué parte de mi vida no ha sido amorosa?) es lo que he
temido que sea: desengaños, intrigas, traiciones, frágiles y pasajeros momentos
agradables, promiscuidad, el sexo como un desahogo. Y me someto a esto porque siento
y considero que las personas de clase media o trabajadora, sea cual sea nuestro
nivel de sensibilidad, no tenemos derecho a algo distinto: pretendemos,
aspiramos a lo burgués, a poseer y consumir. Al leer tal novela ejemplar,
comprobé que esto, a futuro, termina construyendo personalidades celosas e
inseguridades. Quiero tener dinero para de cierta manera cercar, obnubilar, más
que enamorar. Subestimo a las personas, a su capacidad de amar y termino
imponiendo mi prejuicio: “lo que importa es la plata”. Y es inmaduro admirar y trabajar en torno a una idea de
capacidad de consumo en vez de una noción de capacidad de trabajo (y de la
manera como se articula el trabajo con el juego: alguien feliz de hacer lo que
hace y de la manera como lo hace). Hoy considero que vivir bellamente, lograr
vivir de manera linda, armónica, es lo que me resulta más atractivo. Es
mi propósito, también.




