Querido Ramón. Valoro mucho tu detalle de compartir por este
medio, tus conocimientos acerca de la psicología humana, así no coincida
contigo en el enfoque psiquiátrico de los tratamientos que propones (no concibo
reducir al ser humano a una serie de procesos bioquímicos). Sin embargo, quiero
cuestionar tu ejemplo, ese mediante el cual ilustras la diferencia entre los
medicamentos genéricos y los originales. Dices que es similar a comparar un
carro de rodillos con un Ferrari. Adviertes que ambos son carros y andan, pero
que no puedes asegurar a dónde lo lleve a uno el carro de rodillos pero que,
por el contrario, si uno se monta en un Ferrari ya sí será capaz de llegar a
cualquier parte. La comparación me
parece una ocurrencia peligrosa. Si uno desconoce a dónde quiere llegar, puede
andar en el Ferrari y aún así persistir en la errancia, en el sinsentido. Y la
pregunta va más allá: ¿por qué queremos llegar a donde se supone debemos
llegar? ¿queremos llegar a ese destino porque de verdad lo queremos así, o porque
nos hicieron creer y nos convencieron de que era eso lo cual queríamos? La
pregunta, así, no recae en el vehículo, sino en el destino que se ambiciona, en
su naturaleza, en la dialéctica que establecemos entre este y nosotros mismos:
¿hay sanación posible para quien desea materializar las utopías? ¿Hay esperanza
para quien aún no advierte que con cada paso que se da, el horizonte final se
aleja otro paso más?
domingo, 10 de julio de 2022
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