viernes, 27 de enero de 2012

Momentos finales del sueño de la familiar en condición de heroinómana independiente


Paraíso sin sombras, bella mañana, personas ansiosas reunidas. Observo indiferente y le aconsejo nadar en sí misma. Las cucharas hierven y son sus ojos cuentagotas. Miden, apuntan, sustraen; gimen, apuntan, inyectan. Caen apoyados en la puerta del closet, las cabezas cuelgan.
Espero no querer volver a escribir sobre esto. Próxima parada: el universo Lode Runner.

lunes, 23 de enero de 2012

Reflejé el espejo


…para examinar los sentidos, las razones, los motivos, las emociones. Sin moralismos ni valores, sencillamente para probar la profundidad de cada grieta. Es necesario experimentar, pensar, durante la tormenta.

jueves, 12 de enero de 2012

Mayúscula intermedia


Lo más similar a la ira es el deseo de liderar.

domingo, 8 de enero de 2012

Té helado


Es el dulce que me bebe. Una aventura en los mil mundos que existen detrás de la pared de su habitación. Las palabras me perforan. Los pensamientos son nudos. Cierto es que encontré el cielo en su boca. Nadie lo sabrá pero quizá perciban que jamás me había tomado en serio. Un paisaje que persiste sin ser fotografiado, existe.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Pensamiento salubre.



Todos sabemos que el éxito y la belleza son mitos; todos sabemos que la protección a los infantes oculta detrás una intención de control sobre la futura fuerza de trabajo que representa cada niño; por eso todos sabemos que se desprecia al violador y al pederasta porque son un ataque frontal a los intereses de la sociedad; igualmente, todos sabemos que se repudia al anciano porque ya no sirve y que por tal no se actúa con rigurosidad ante los abusos que cometen contra ellos los bancos, el sistema de pensiones y los abogados de maletín sin oficina; todos sabemos que las pruebas psicotécnicas son procesos alguna vez industriales aplicados a la psique del humano; todos sabemos que la condición positivista de 2 + 2 es igual a 4, aplicada a las relaciones humanas, anula el principio de la bondad y por tal limita al individuo a la acción del otro; todos sabemos que desarrollo y subdesarrollo son expresiones ideadas para dominar desde el lenguaje.
Porque todos los sabemos es redundante volverlo a manifestar. Lo verdaderamente necesario de declarar es que nadie actúa contra la continuidad de este seudo sistema global* porque muchos hemos conservado la intencionada ilusión de ser quien lo controle, de ser quien lo domine, de pronunciar la última palabra.

* No puede ser sistema global porque no comprende todos los elementos existentes dentro de las diferentes sociedades.

sábado, 10 de diciembre de 2011

Entiendo poco


Entiendo poco en un mundo de guerra y competencia porque he comprendido que el hombre es universal en la soledad, así como la música lo es en el silencio y el lenguaje en la nada.

martes, 6 de diciembre de 2011

Sobre Medellín...



...está el mar que creíamos le hacía falta.
Nos lo presenta una playa hostil, de arena negra, de aroma amargo.
Nos lo dosifica un espíritu ebrio en diciembre, como un barman vengativo.

Pero bueno... tenemos mar; ahí está para que lo sepamos disfrutar. Es exigente y muy amigo del viento que durante todo el año nos espía.

sábado, 19 de noviembre de 2011

...el mismo rasero



Las personas no tienen porque escucharle; si tiene algo por decir, dígase sólo si sirve de alguna manera, y hágase del mejor modo.

viernes, 11 de noviembre de 2011

Prensa: 11:11:11 ¡¡!! Documento histórico del ridículo mundial


Dijeron que hoy era un día especial y que las 11:11 sería un momento especial porque sólo se daba cada cien años: ¡aburrida humanidad confiada en un sistema tan manipulable como son los números! Cada día es especial; cada momento es realmente único, cada segundo es un sacrificio y no se necesita de una coincidencia métrica: cada cien años no se repite nada… todo siempre ha sido, es y será distinto: definitivamente valioso.

jueves, 10 de noviembre de 2011

Medias nueve: un texto familiar.



Los primos de mi abuelo vinieron de Alemania a pasar una corta temporada, según lo tenían planeado, para crear relaciones comerciales e industriales. Eso fue aproximadamente, hace unos noventa años. Ninguno se regresó la fecha pensada; de hecho ninguno se fue de Colombia: todos se quedaron.
He preguntado por las razones de su permanente estadía: todos renunciaron a la herencia y concedieron sus tierras; se aislaron en los campos del eje cafetero. Notaron que en Colombia no aplicaba el modelo de vida europeo bajo el cual habían sido educados y sintieron una felicidad, que no puede dejar de serme exótica, cuando supieron de la exitosa cosecha de guayabas y manzanas entre noviembre y enero.
Reconocieron en los campesinos la falta de pretensiones y tan sólo ambiciones como formar una familia, tierra para cultivar, tres comidas diarias y quizá un tiple o una guitarra. Se dieron cuenta que la naturaleza alcahueteaba y daba permiso para la actividad intelectual; que el campo se podía sostener a sí mismo, que en las ciudades no estaba el futuro y que el cariño y la calma no brotaban entre los versos del himno belicista y adolorido que se anteponía al ángelus en las emisiones vespertinas de la naciente radio colombiana; aunque eso del “surco de dolores” y lo de “entre las cadenas gime” les pareció hostil, lo que más le aterró fue que llamasen “horrible” a la noche que siempre parecía ser bella y cálida en comparación con las vividas en Berlín.

También, en el campo descubrieron la explotación; se enteraron que para esa explotación fue que habían sido llamados: industriales de todo el mundo encontraban que los beneficios del trópico, como la abundancia y la variedad, derivados humanamente en la calma y en la hermosa lentitud de los organismos acariciados por la naturalidad de un buen vivir, resultaban AGRESIVAMENTE peligrosos para los intereses de los países comprometidos con el auge industrial. Notaron que algunos conocidos suyos, como John D. Rockefeller, luego de sufrir al ver cómo en algunas partes del mundo no eran elogiados ni respetados ni aclamados, se empeñaron en trabajar las mentes para culpabilizar la lentitud y lograr así que trabajaran para sus empresas y hacer de Colombia una factoría, bajo la ilusión de una riqueza económica que jamás será mayor si se le compara con la riqueza natural que cualquier colombiano podría encontrar en sus bosques.

El colmo que les ofendió y les hizo sentir sucios por compartir nacionalidad o “primer mundismo” con tales individuos, fue la aplicación de los términos “desarrollo” y “subdesarrollo”; ¡cómo podría hablarse de desarrollo sin mencionar los trueques comerciales, no monetarios, de las comunidades que les habían recibido sin prejuicios a pesar de saber que eran ellos tan europeos como quienes llenaron las ciudades de afán, estridencia, malicia y violencia!

Los primos de mi abuelo no usaron carro; no le encontraron necesidad personal y aunque validaron su invención, la masificación no les dejó de parecer ridícula y vanidosa. Vivieron felices escribiendo, leyendo y tomando tinto en las montañas; nadaron en ríos de colores, besaron rostros eternamente jóvenes: algunos se enamoraron y formaron hogares. Trabajaron en farmacias e investigaciones científicas pero jamás fueron tan envidiosos como para llegar a un país, desde sus cimientos ultrajado, y exigir velocidad a sus habitantes quienes en calma, con afecto, inteligencia y equilibrio podrían vivir mejor que en cualquiera de las ciudades teutonas, donde, en aquel entonces, ni la nieve de cien inviernos inclementes podría tapizar los muros manchados por la sangre anhelada por aquel que fingió carácter detrás de un ceño fruncido. Consideraron dañinos algunos excesos pero jamás se les hubiera ocurrido que un conflicto armado, que beneficia los intereses de dominio y control, pudiera excusarse en aquello que algunos irrespetuosos llamaron drogas y que ellos y los islámicos atinaron en llamar “delicadas sustancias espirituosas”: supieron de las leucémicas consecuencias de aquella nueva bebida, la CocaCola.

Renunciaron a toda imposición, a toda creencia; cuando dejaron de creer en Dios, lo sintieron. No impusieron necesidades y superaron sus miedos. Siempre confesaron que el mayor temor de los emprendedores industriales y comerciales, es el pensamiento. No le temen a un país ni a la guerra: le temen a la conciencia individual.