lunes, 30 de diciembre de 2024
Guijarro Molido, Hierba en la Nieve.
jueves, 19 de diciembre de 2024
Burbujas en la brújula: vacíos de palabra
Quería consagrar un texto entero a burlarme de la importancia que se le da al Spotify Wrapped, y a la serie de indignaciones que estas síntesis de consumo abusivo (y ya de por sí identitario y narrativo) causaron en no pocos usuarios, pero opté por escribir y publicar este texto, este vapor profundo, perfume maligno que delimita mi más reciente obsesión, y con el cual quiero cerrar este 2024 del blog, compromiso itinerante, lugar en el que mi mente se despereza, estirándose amplia y extensivamente.
Hace tiempo llegué a la conclusión de que Colombia es una
nación compuesta por múltiples civilizaciones. Rumiar esta idea, ruñirla, me llevó a la certitud de que la geografía influye en la
configuración de las lenguas, de los idiomas. Los condiciona. Quiero decir: un idioma surge gracias a una geografía. La idea no es ni original ni nueva: recientemente
fue publicado el libro “Esta geografía me está diciendo”, de Hugo Jamioy Juagibioy
y Selnich Vivas, e incluso la BBC se interesó por la materia.
Lo particular en mi caso fue adquirir, mediante esta idea, consciencia histórica y social: en Colombia, la implementación del español como lengua oficial constituye una separación del entorno y este matiz quizá sea útil abordarlo para comprender nuestros problemas como nación. Donde unos ven un “Dios”, nosotros vemos un "recurso". ¿Qué nombre tendrá el ángulo de la luz del sol de diciembre? ¿Cómo definir la paz? ¿Qué es la justicia social? ¿De qué fenómeno me estaré perdiendo solo por no tener una palabra para percibirlo? Si así es con lo material y externo, ¿cómo será con las supernovas de la interioridad?
Igual, tranqui: todo es absurdo, todo es sentido; lo más sencillo es lo correcto: calma al ave que vive en tu cabeza.
martes, 17 de diciembre de 2024
Un breve apunte sobre Las Deseo
sábado, 9 de noviembre de 2024
Diversificación laboral
sábado, 2 de noviembre de 2024
La ley del cuarto
La ley del cuarto es justa. Esa mañana, desde antes de llegar, ya lo presentía. Igual, reclamé las llaves y subí. Nadie esperaba en el corredor. Abrí el salón y empecé a borrar el tablero. Pensando nada, descubrí que no me sentía mal: esta vez, el taco de la 33 era inocente. Si llegué tarde fue por cumplir la otra ley del cuarto, de la habitación: implacable, como toda tentación, esta dicta que, si estás durmiendo con tu amor, debes postergar la alarma y alargar el arrunche; entregarse mutuamente algo ligero. Fallarle al sistema no importa entonces: es una consecuencia de ser legal.
martes, 22 de octubre de 2024
Paranoidiatriba
viernes, 27 de septiembre de 2024
He aprendido
Los escritos que conforman este blog, en su mayoría, son parte de un estado transitorio. Es decir, son comentarios en torno a una idea que luego, casi siempre, he de desarrollar a manera de canción o de cuento. En ese sentido, muchas de estas entradas son comentarios, enunciados: así, me observo observar. También, en este sitio he venido logrando un archivo. Y lo valoro. Los detonantes que aquí tienen lugar no siempre son visibles en el cuento final, en el coro que entonan las personas que se acercan a mis canciones.
martes, 17 de septiembre de 2024
Solo de amor se vive
miércoles, 21 de agosto de 2024
Lo que la rabia no te dejó ver; lo que el agradecimiento aclara
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Se me ocurrió este título como cortinilla para hablar de la solapada misandría sistemática que opera dentro de una empresa en particular, pero los viajes en Metro me permitieron profundizar y llegar a otro tema, a otro puerto: el agradecimiento. Lo simpático (usar este término es muestra de mi ánimo agradecido, pues llegué a considerar hablar de crueldad; en este caso, "lo cruel") es que los retos, las responsabilidades que sobre mí recaen, se han incrementado desde hace tres años, impidiéndome saborear, degustar los triunfos personales. En ese entonces, en plena alharaca post-pandémica, ni concebía como posible los logros tanto artísticos, como profesionales, económicos y emocionales con los que hoy tengo el gusto de trenzar mis días, mis tardes y mis noches; mis lunas y sus eclipses; los diversos placeres de estar con mi pareja. Me va bien, solo que las cosas alrededor son también más exigentes. En un corre corre laboral, en alguna de mis jornadas de bombero académico extintor de incendios, escuché la obra de The Caretaker depurándola a través del tamiz de la lucidez de su amigo, Mark Fisher. La combinación fue infalible... no puede ser que cada segundo de nuestra vida de adultos consista en preguntarnos "¿cómo hacer para ganar más dinero?". Seré abierto y más preciso: recientemente, a veces, ante los problemas, ante las dificultades, ante los saldos en rojo, me reprocho, no necesariamente ante el espejo, pero sí entre los vapores del insomnio que no consiste en no-poder conciliar el sueño, sino en despertar al despertador, por no haber hecho esto o aquello, por haber leído tanto en vez de lanzarme al trading... "¿cuánto dinero tendría ahora si le hubiera parado bolas a ese mancito de Amway por allá en el 2015?" - fantaseo. Y pues sí: quizá recién empiece a comprender las consecuencias de todos esos años de desempleo en que parasité a mis padres y las fiestas de mis seres queridos, embriagándome de la delicia oscura y de la épica bohemia de los más excelsos escritores, usando la misma ropa durante casi tres años consecutivos; sin embargo, el concepto "consecuencia" es vasto y nos permite no solo lo perjudicial sino además lo beneficioso. Esta exploración a través del predominante aislamiento y de la decisión de permitirme el contacto social - la fiesta - principalmente a través de la literatura y la música, no fue una búsqueda de orden intelectual o académica sino existencial, cuestión de supervivencia, y es lo que hoy me ha permitido crear, tanto canciones, como cuentos, como cursos enteros para diversidad de estudiantes. ¿Pude obrar de otra manera? Pude obrar de otra manera y hacer muchas otras cosas más, pero, ¿cuál es el opuesto a ser un "ser en falta"? Lo sintetizo en una de mis canciones: "porque hoy veo lo que hay, no lo que queda". Sí: agradecer y agradecerme. Lo que estudié, lo que creé, con mi vida lo comprobé; ahora eso es lo que comunico. Las piedras del camino, son el camino. La naturaleza no soporta un solo empresario más. Y, pues sí, soy un narrador y, "disfrutando del suspenso, aquí voy".
sábado, 13 de julio de 2024
Leer La Vorágine en medio de una
Es usual que a La Vorágine se le llame "La Odisea colombiana", o la Ilíada, o la Eneida. Es entendible: se inscribe en la misma tradición del periplo, de la desventura, de lo trágico, lo fatal y lo episódico. No obstante, para mí, esta novela, entre tanto, logra lo genial: anuncia a Colombia desde el clasismo y la explotación, sumiendo al lector en el devaneo enfermizo que experimentan, que sufren los autoproclamados civilizados, dentro de la jungla. Además, relata la naturaleza inmensurable de la geografía de la nación; declara la derrota dentro del triunfo; dibuja cada uno de los surcos de dolores, y describe en acciones el hecho de que ser colombiano sea, principalmente, un acto de fe. En lo técnico, la estructura es avasalladora. El cambio de tiempo que facilita el diario como género (primero relatando pasados; luego, presentes) nos impulsa al cierre, a la conclusión vertiginosa que no será sorpresa. Alguna vez, hace muchos años, el profe Jairo Alarcón la definió como la mejor novela colombiana; yo no me atrevo a decir que lo sea, pero sí digo que, dadas las condiciones de la actualidad, las necesidades humanas del momento, La Vorágine es una de las mejores novelas de la literatura universal.








