lunes, 27 de junio de 2022
Un homenaje de mi papá a su tío Pachocas
domingo, 26 de junio de 2022
Touch, I remember touch
jueves, 19 de mayo de 2022
Fantasía
El pranismo es una práctica más que una promesa: vivir únicamente del prana, la energía vital en la que somos, por la que somos, y en la que estamos inmersos, sin acceder a las diversas formas alimenticias en las que este se manifiesta. Es decir: vivir del aire, la luz del sol, y el agua, comiendo poco o nada sólido.
Hoy algunos Gobiernos los persiguen pues a las comunidades que se rigen por esta práctica las tildan de sectas. Y, ¿cómo no? La economía se basa en volver la vida recurso, y en explotar los organismos. Nos hemos convertido y acostumbrado a ser un tubo digestivo reactivo: eso define las ramas del poder. ¿Qué pasaría si nos diéramos cuenta, que nos enseñaran, que descubriéramos (con la sensación de salvación con las que se descubren las cosas que nos salvan cuando uno está en problemas) que no es necesario comer tanto, o ni siquiera comer? Suena mal, aunque ya empezamos a comprender que “tragar”, “comer” y “nutrirse” son fenómenos distintos.
Y sí: escribo esto con el estómago lleno. Lo escribo como una
fantasía. ¿Será que la inflamación del reflujo es hastío censurado? ¿Ganas de
llorar? No es raro sentir que cuando lloramos sentimos que se irritan las
mucosas. Además, hay otras demandas biológicas que no atendemos con la urgencia
con la que atendemos las ganas de comer… Así, en esta brincadera entre
pensamientos fugaces, llega a mí la idea de los viajes astrales. ¿Y qué tal si
el pranismo nos permite esta errancia cósmica? ¿Qué tal si esa ligereza (que no
es famélica porque el prana nutre con suficiencia) le permite a la conciencia
que cada uno es, desplazarse más allá del organismo? ¿Vagar en la prolongación
elemental?
Vagancias astrales, sin propósitos, mientras en la quietud nos mantenemos en tierra, tierra que reverdece, con solo algunos motores a lo lejos. Quienes están en turno, siembran, laboran con parsimonia. Al volver la conciencia al organismo, nace el cuerpo. Luego del entumecimiento, se vuelve a andar. Una respiración profunda, supongo, bastará. A diferencia de mí ahora, que estoy tecleando sin afán pero movido por el antojo de otro tinto y una chocolatina light.
sábado, 23 de abril de 2022
Paños húmedos
domingo, 13 de marzo de 2022
Una respuesta para June
Juanse, ¿qué tendrás miedo de olvidar?
lunes, 14 de febrero de 2022
Social Climber
sábado, 1 de enero de 2022
Una reflexión luego de leer "El celoso extremeño"
Al leer “El celoso extremeño”, de
Cervantes, me enfrento a mi idea del amor, la cual suele estar vinculada al
dinero y a las luchas de poder que se establecen por medio de la capacidad de
gasto. Mis experiencias se confunden con mis prejuicios al punto de ser lo
mismo; mi "vida amorosa" (más bien "relaciones de pareja", porque ¿qué parte de mi vida no ha sido amorosa?) es lo que he
temido que sea: desengaños, intrigas, traiciones, frágiles y pasajeros momentos
agradables, promiscuidad, el sexo como un desahogo. Y me someto a esto porque siento
y considero que las personas de clase media o trabajadora, sea cual sea nuestro
nivel de sensibilidad, no tenemos derecho a algo distinto: pretendemos,
aspiramos a lo burgués, a poseer y consumir. Al leer tal novela ejemplar,
comprobé que esto, a futuro, termina construyendo personalidades celosas e
inseguridades. Quiero tener dinero para de cierta manera cercar, obnubilar, más
que enamorar. Subestimo a las personas, a su capacidad de amar y termino
imponiendo mi prejuicio: “lo que importa es la plata”. Y es inmaduro admirar y trabajar en torno a una idea de
capacidad de consumo en vez de una noción de capacidad de trabajo (y de la
manera como se articula el trabajo con el juego: alguien feliz de hacer lo que
hace y de la manera como lo hace). Hoy considero que vivir bellamente, lograr
vivir de manera linda, armónica, es lo que me resulta más atractivo. Es
mi propósito, también.
miércoles, 15 de diciembre de 2021
Metas, sueños, íntima necesidad creativa.
A veces, las expectativas nos confunden. A veces, las metas y los sueños se filtran en tales expectativas, impidiéndonos valorar las experiencias, saborear su más sutil esencia. A veces, esas metas y sueños se vuelven velos, nubes, neblina, impidiéndonos ver el camino andado y el presentido, reconocerlo y proyectarlo – respectivamente. Desde hace poco tiempo, he decidido –he querido- dejar de atender las metas y los sueños, sin menospreciarlos, sin faltarles al respeto, admirando siempre su encanto. Así, ya no filtro por medio de ellos mis necesidades o impulsos creativos. Es decir: ya no le presto tanta atención a mis metas o sueños, sino que me enfoco en eso que surge como una íntima necesidad creativa, o mejor, como una urgencia creativa (que no por urgente carece de serenidad ni goza de explicación). Esta necesidad la observo, la pruebo, la degusto: la aprovecho.
martes, 30 de noviembre de 2021
A mi amiga
“… pero ninguna tumba guardará su
canto”.
viernes, 19 de noviembre de 2021
Íntimas reflexiones nerviosas



