lunes, 27 de junio de 2022

Un homenaje de mi papá a su tío Pachocas

 

"Hola, Luis Fernando.
Esta historia, verídica, con algo de picante patojo, es de nuestra familia y, especialmente, de la envidia que corroe a los patojos.
Son recuerdos de primera infancia, cuando vos me preguntaste sobre la arquitectura de la casa Ulloa en la calle 3 No. 4-44 de la noble, hidalga y procera urbe payanesa.
Resulta, mi caro amigo, que las muchachas del servicio no duraban mucho en mi casa paterna, no por causa ni de mi viejo, ni de este párvulo, sino que salían despavoridas a causa de un espanto nocturno que no las dejaba dormir y las aterrorizaba... 
Hubo sesiones espiritistas, cadenas de oración por parte de las Damas Grises (de las que mi madre había sido cofundadora), de todas las tías Castrillón y muchas otras familias amigas... Y nada: el bendito espanto no cesaba en sus apariciones...
Un buen día, se dejó caer en casa mi tío padre, Pachocas, que de Pradera lo trasladaban a Palmira con el fin de que organizara la parroquia de La Trinidad, pues el Padre Mosquera ya estaba muy viejo y requería de mucha colaboración, toda vez que era la parroquia desde la cual se hacía la catequesis, los bautizos, matrimonios, misas y demás temas católicos a los ingenios azucareros, sus mayores benefactores.
Pues bien, Pachocas, armado con Biblia, agua bendita, ornamentos y enorme valor, esperó una noche al espanto en su propia morada. Recuerdo rezos, jaculatorias y "ayes" nocturnos por parte de mi madre y las tías, hasta que el espanto se dejó ver a eso de las 4 a. m.
Efectivamente, primo: se trataba de unos fuegos fatuos, que iluminaban la alcoba del servicio, pero que, a su vez, indicaban que efectivamente había algo enterrado...
Con la debida aprobación de las "tías" Caicedo, mi madre hizo excavar en el sitio donde había brillado el fuego y se encontró la osamenta de alguna persona a la que se habían podido llevar la "llorona", el "guando", o cualquiera de los espantajos con el que calificaban las señoras del servicio al fuego fatuo.
El epílogo, mi apreciado Luis Fernando, es que, tras el levantamiento del cadáver y su debido entierro en camposanto, el espanto le devolvió el favor a mi madre, regalándole el premio mayor de la lotería, con lo cual se pudo adquirir la casa de la calle 1 No. 3-33. en la cual vivimos hasta el terremoto del año 1983.
Historias de familia para compartir."

domingo, 26 de junio de 2022

Touch, I remember touch


Toda relación es valiosa, definitiva, crucial. No obstante, decidir ordenar, darle forma, a un vínculo por medio de las condiciones y las características de una estructura tan tradicional como la del noviazgo, ha sido para mí algo renovador y revelador. Tal vez esté en un momento muy inicial, en el que la noche se confunde con el día, pero puedo advertir que el noviazgo más que limitarme, me potencia, me encauza. En parte porque no me distraigo fantaseando intensamente con otras presencias: mi compromiso me brinda nitidez y enfoque. Este modelo, me dirige y me lleva a enfocarme en otros aspectos; lo siento en mi manera de pensar y de sentir. Ya el mundo, mis ideales, mis expectativas, son mucho más que buscar cuerpos para tener relaciones sexuales casi siempre de la misma manera. No es que haya dejado de ser efectista, pero ahora sí soy menos egoísta y egocéntrico; el sexo en este momento ya es mucho más que un desahogo. Ahora para mí se trata de construcción, de avanzar profundizando: el cuerpo de mi persona amada, como el río que visualizó Heráclito, nunca es el mismo. El reto es estar siempre verdaderamente, absolutamente, desnudos, y en movimiento.

jueves, 19 de mayo de 2022

Fantasía

 

El pranismo es una práctica más que una promesa: vivir únicamente del prana, la energía vital en la que somos, por la que somos, y en la que estamos inmersos, sin acceder a las diversas formas alimenticias en las que este se manifiesta. Es decir: vivir del aire, la luz del sol, y el agua, comiendo poco o nada sólido. 

Hoy algunos Gobiernos los persiguen pues a las comunidades que se rigen por esta práctica las tildan de sectas. Y, ¿cómo no? La economía se basa en volver la vida recurso, y en explotar los organismos. Nos hemos convertido y acostumbrado a ser un tubo digestivo reactivo: eso define las ramas del poder. ¿Qué pasaría si nos diéramos cuenta, que nos enseñaran, que descubriéramos (con la sensación de salvación con las que se descubren las cosas que nos salvan cuando uno está en problemas) que no es necesario comer tanto, o ni siquiera comer? Suena mal, aunque ya empezamos a comprender que “tragar”, “comer” y “nutrirse” son fenómenos distintos.

Y sí: escribo esto con el estómago lleno. Lo escribo como una fantasía. ¿Será que la inflamación del reflujo es hastío censurado? ¿Ganas de llorar? No es raro sentir que cuando lloramos sentimos que se irritan las mucosas. Además, hay otras demandas biológicas que no atendemos con la urgencia con la que atendemos las ganas de comer… Así, en esta brincadera entre pensamientos fugaces, llega a mí la idea de los viajes astrales. ¿Y qué tal si el pranismo nos permite esta errancia cósmica? ¿Qué tal si esa ligereza (que no es famélica porque el prana nutre con suficiencia) le permite a la conciencia que cada uno es, desplazarse más allá del organismo? ¿Vagar en la prolongación elemental?

Vagancias astrales, sin propósitos, mientras en la quietud nos mantenemos en tierra, tierra que reverdece, con solo algunos motores a lo lejos. Quienes están en turno, siembran, laboran con parsimonia. Al volver la conciencia al organismo, nace el cuerpo. Luego del entumecimiento, se vuelve a andar. Una respiración profunda, supongo, bastará. A diferencia de mí ahora, que estoy tecleando sin afán pero movido por el antojo de otro tinto y una chocolatina light.

sábado, 23 de abril de 2022

Paños húmedos

 

Estos días he estado pensado en la manera como J Balvin juega a decir: "¿Me entiende?". Inmediatamente, recuerdo a mi papá. Él me enseñó que esta expresión, "me entiende", es grosera, pues recarga a la otra persona, la compromete, le tira una responsabilidad encima. Según me explicó, es mejor, más responsable, amable, cordial, preguntar: "¿Me hago entender?" o "¿Me doy a entender?". Esta modificación le insinúa al interlocutor que de verdad uno está interesado en disipar cualquier malentendido o vacío de información, que es importante para uno que el puente entre ambas partes sea estable, que la claridad del otro es importante para uno.
Así de simple. 

domingo, 13 de marzo de 2022

Una respuesta para June

 

Juanse, ¿qué tendrás miedo de olvidar?

...

Quisiera siempre recordar el camino que me conduce al entendimiento, y la lógica de los motivos para estar tranquilo (esa sensación que experimenté cuando comprendí que, a pesar de la crueldad, el clasismo, las bombas atómicas y demás formas de la violencia, somos parte de un jardín divino). También, la neblina de los puentes y las promesas de placer - más que el placer mismo. Los pensamientos, a la vez sensatos y optimistas - lustradores ocasionales de mis gastadas botas de cuero azul - que renuevan mi entorno, y son capaces de sacarle un nuevo brillo a mis días, aligerando así el hastío, mi costumbre de sentirme cansado. No me gustaría olvidar las advertencias y las certezas, aunque sean lo que más se desdibuja, lo que más se deja atrás, como las llaves de la casa, que no se salvan de ser olvidadas a pesar de su crucial importancia.  

lunes, 14 de febrero de 2022

Social Climber

 


El clasismo construye, y esa construcción es una destrucción canibal, feral. El clasismo confunde. Acompleja. No hay ganadores, ni beneficiados en el clasismo. Obnubila y enceguece, estimula, exalta y aturde. Muchos dolores de nuestra infancia, encuentran en el clasismo la causa. Todos los sujetos que nos relacionamos a través de esquemas clasistas, sufrimos. Sea por culpa o resentimiento, sin importar el escenario, los ánimos se cargan, se contaminan: se anula el pluralismo en una incesante otredad, o más bien, en un constante señalamiento y ánimo de diferenciación. El clasismo hace de las personas, objetos de consumo en una vitrina del mercado. Somos productos avalados, rechazados, impedidos, promocionados. ¿Cuántas veces confundimos la vocación con la aspiración salarial? ¿Con las promesas de placer? En Colombia, ¿cuántas personas aspiran a cargos públicos pensando, no en servir, sino en los beneficios económicos, fiscales, sociales? Deseamos la fama para tener dinero y el dinero nos sirve para saltarnos la fila. La corrupción es una consecuencia. Igual que la violencia. El clasismo, es el síntoma. La raíz la presiento, de manera vaga, como un antiguo miedo, enterrado en simas profundas, muy en el fondo.
Así, no hay democracia posible. Es un oxímoron decir: democracia clasista.
Lo fatal es que lo sabemos. Lo atronador es que ya preferimos cuestionar la democracia, y no al clasismo: preferimos justificarlo y no corregirlo. Decir: "es propio del ser". 
... como si comprendiéramos, de manera plena y absoluta, las dimensiones de -ser-.
 
  


sábado, 1 de enero de 2022

Una reflexión luego de leer "El celoso extremeño"

 

Al leer “El celoso extremeño”, de Cervantes, me enfrento a mi idea del amor, la cual suele estar vinculada al dinero y a las luchas de poder que se establecen por medio de la capacidad de gasto. Mis experiencias se confunden con mis prejuicios al punto de ser lo mismo; mi "vida amorosa" (más bien "relaciones de pareja", porque ¿qué parte de mi vida no ha sido amorosa?) es lo que he temido que sea: desengaños, intrigas, traiciones, frágiles y pasajeros momentos agradables, promiscuidad, el sexo como un desahogo. Y me someto a esto porque siento y considero que las personas de clase media o trabajadora, sea cual sea nuestro nivel de sensibilidad, no tenemos derecho a algo distinto: pretendemos, aspiramos a lo burgués, a poseer y consumir. Al leer tal novela ejemplar, comprobé que esto, a futuro, termina construyendo personalidades celosas e inseguridades. Quiero tener dinero para de cierta manera cercar, obnubilar, más que enamorar. Subestimo a las personas, a su capacidad de amar y termino imponiendo mi prejuicio: “lo que importa es la plata”. Y es inmaduro admirar y trabajar en torno a una idea de capacidad de consumo en vez de una noción de capacidad de trabajo (y de la manera como se articula el trabajo con el juego: alguien feliz de hacer lo que hace y de la manera como lo hace). Hoy considero que vivir bellamente, lograr vivir de manera linda, armónica, es lo que me resulta más atractivo.  Es mi propósito, también.


miércoles, 15 de diciembre de 2021

Metas, sueños, íntima necesidad creativa.


 A veces, las expectativas nos confunden. A veces, las metas y los sueños se filtran en tales expectativas, impidiéndonos valorar las experiencias, saborear su más sutil esencia. A veces, esas metas y sueños se vuelven velos, nubes, neblina, impidiéndonos ver el camino andado y el presentido, reconocerlo y proyectarlo – respectivamente. Desde hace poco tiempo, he decidido –he querido- dejar de atender las metas y los sueños, sin menospreciarlos, sin faltarles al respeto, admirando siempre su encanto. Así, ya no filtro por medio de ellos mis necesidades o impulsos creativos. Es decir: ya no le presto tanta atención a mis metas o sueños, sino que me enfoco en eso que surge como una íntima necesidad creativa, o mejor, como una urgencia creativa (que no por urgente carece de serenidad ni goza de explicación). Esta necesidad la observo, la pruebo, la degusto: la aprovecho.

martes, 30 de noviembre de 2021

A mi amiga


29-11-2021/ Tu último canto nos sacó de la siesta. Fue un sonido distinto: esta vez no funcionaría darle golpes a la pandereta... todos te vimos morir. “Brisar oscuridad”, como dice Camilo. Cada uno en su momento te sostuvo. Coincidimos en las lágrimas y en los agradecimientos. Fue inevitable recordar mucho. Por ti, para mí, se hizo cotidiano el canto, hablarte con ternura. Creamos un lenguaje hecho de silbidos. Yo te respondía porque tú me respondías. Lo que aprendí de ti, me lo enseñaste sin querer: eras inocente. Sí: solía sentirme mal por la jaula. Te veía ahí, rodeada de plantas, al pie de la ventana del comedor, encerrada de puertas al bosque. Luego comprendí que se trataba de un compromiso: tú no eras nuestra, pero sí era nuestro el deber de darte a experimentar la capacidad que tenemos los humanos de amar. Constructora, tejedora, cantante, inspiración: ahora el bosque te contiene. Un árbol recién sembrado y un hormiguero harán lo suyo, se alimentarán de tu cuerpo, de esa silueta hermosa que me acompañó sin permitirme estar solo cuando el desempleo casi me convierte en un ente insular. Anoche dormí nervioso, tembloroso. A la madrugada me despertó el sonido de la lluvia; fue como si la tierra - también entre lágrimas- te sostuviera ahora, como si así me estuviera avisando que ya te había recibido; que habías llegado muy bien…  

“… pero ninguna tumba guardará su canto”.

viernes, 19 de noviembre de 2021

Íntimas reflexiones nerviosas

 

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El entorno crea una sensación de futilidad con respecto al hacer artístico, sensación que me ha llevado a sentirme deprimido, inútil. Es el desaliento como saludo, como si nada de lo que hago, como si nada de lo que puedo hacer a través de mi sensibilidad, pudiera servir, o como se dice, "darme de comer". Y es de resaltar que "servir" es más que "dar de comer". Conectar con las personas mediante los frutos de la técnica, el rigor y la sensibilidad es algo que sirve, y va mucho más allá de la utilidad. 
He debido trabajar en torno a este sentir y hacer más, con enfoque: porque esa futilidad se traduce en irme de fiesta, en alcoholizarme.
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El amor erótico, el amor de pareja es una idealización en mi vida. La costumbre, la tradición, compararme con los demás, ha hecho que esta idealización parezca un deber ser, y como deber ser se instala, se siente en mi vida como una ausencia. Esta ausencia me inquieta, me angustia, y pierdo mucho tiempo mirando fotos de amistades en Instagram y buscando posibles parejas, dejando de hacer lo que debo hacer, o haciéndolo a medias, o diseminando mi atención, quedando débil, cansado, a medio día. Cuando he tenido pareja, el hallazgo siempre se queda corto con respecto al ideal: pasado un tiempo, me canso de la quietud, sospecho de la calma, y empiezo a mirar y a mirar, a indagar y a diseminar mi atención en fantasías. 
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Me gustan las rutinas, pero no cualquier rutina.