martes, 9 de junio de 2015
La energía de mi juventud
He aprendido a no tomarme personal el deseo que pueda generar; es humano desear y si no fuera a mí, sería a otro.
sábado, 16 de mayo de 2015
Parte 2: Me amo
Una confesión que corresponda a una exploración del
yo, es una certeza; no se finge: es algo natural. Así, quiero confesar que mi
esencia, hoy, es amarme con la misma intensidad con la que he llegado a serme
indiferente. Lo reconozco: me amo. Sin solemnidades ni exageraciones; sin
exaltarme ni encumbrarme, yo me amo. Y me amo amando la vida, sin evadirme y
experimentándome en la acción. Y aunque me moleste aceptarlo, lo considero un
logro luego de haber padecido de un narcicismo autodestructivo con el cual me
torné autocompasivo y quejumbroso, y con el que además, pretendí imponerme una
frenética idea del éxito en la que la fama era el principal objetivo; tal vez
me sentía demasiado lindo e inteligente como para ser anónimo. Pero fuera del
laberinto de reflejos, de esa interminable y confusa ruta de poses e ideales en
la que me sentí perdido, es que he aprendido a conocerme. No me comparo: no me
tengo: no soy. El tiempo no pasa: yo paso en él, siendo. En expansión y en
éxtasis. Niño hecho de universo.
jueves, 23 de abril de 2015
Ser sólo siendo
♫
Ser, ser sólo siendo;
siempre es posible ser directo y sutil al mismo tiempo.
Ser, ser sólo siendo;
sin evitar que seas mi todo,
me daré un nuevo modo de querer
en el primer día de primavera.
Ser sólo una nube, unión de dos, en mi habitación,
tú y yo, y sólo siendo ser
noche en el día, aire que entra, un rayo que da,
intenso silencio divino,
sexo, callar; ser sólo siendo
en el primer día de primavera.
Y si pudiera elegir repetiría esa mañana en que la noche continuó,
dilataría ese segundo de ardiente aceptación;
repetiría así mi vida hasta ese día,
y por ese día.
♫
lunes, 2 de marzo de 2015
La voluntad y el Will de inglés
Preciosa y sugestiva insinuación
la siguiente situación: en la gramática del inglés depende del will la
formación verbal del futuro simple. Pero también, will como sustantivo
significa voluntad.
viernes, 20 de febrero de 2015
Lo que hay
Ropa de cama nueva, un cambio de
cepillo de dientes, una marca distinta de
café: cualquier detalle puede renovarme tanto como un trabajo nuevo o el cambio
de año o de mes. A veces los afectos, los romances, son los que delimitan mi
calendario. Períodos en mi vida, gerundios constantes, que
se van construyendo mientras se desmoronan y que a sí mismos se contaminan y
purifican, como el agua de las fuentes.
A veces visualizo el porvenir como un vacío de incertidumbres, un vacío de desorientación. Hago frente procurando valorar ese futuro, ese camino que me llama y que ha de ser tan mío y que he de extrañar tanto como las experiencias de antes, por "lo que hay" y no por "lo que queda". Afrontarlo como “lo que queda” lo rebaja, lo somete y de este modo, no es a ese camino, a ese futuro y a sus ofrecimientos a los que rebajo y someto; no. Es a mí a quien me infrinjo este mal, cerrándome a las posibilidades por una enceguecedora nostalgia (o pereza o cobarde tradicionalismo). Afrontarlo como “lo que hay”, es todo lo contrario. Es estar despierto, lúcido; es crecer, sumarse al flujo existencial: ser la época, ser lo que somos.
A veces visualizo el porvenir como un vacío de incertidumbres, un vacío de desorientación. Hago frente procurando valorar ese futuro, ese camino que me llama y que ha de ser tan mío y que he de extrañar tanto como las experiencias de antes, por "lo que hay" y no por "lo que queda". Afrontarlo como “lo que queda” lo rebaja, lo somete y de este modo, no es a ese camino, a ese futuro y a sus ofrecimientos a los que rebajo y someto; no. Es a mí a quien me infrinjo este mal, cerrándome a las posibilidades por una enceguecedora nostalgia (o pereza o cobarde tradicionalismo). Afrontarlo como “lo que hay”, es todo lo contrario. Es estar despierto, lúcido; es crecer, sumarse al flujo existencial: ser la época, ser lo que somos.
lunes, 26 de enero de 2015
Un atardecer de espaldas
¿Qué de lo que quiero, en verdad
lo necesito? Solía pensar antes de decidirme y he de aceptarlo: esta premisa me
libró de muchos errores y alivianó mi vida, pero también, a causa de la misma,
me torné inseguro e involuntariamente egoísta. Además, por optar por sólo
estrictamente necesario, perdí el gusto por los detalles. ¿Fui austero? no.
Insípido, más bien, pues siento que detrás del querer puede estar el tacto
divino. Sino ¿qué sería de nosotros si los que han moldeado nuestra era,
nuestras artes, nuestra civilización, nuestra manera de sentir, no hubieran
elegido la ruta del querer en vez de la ruta de la necesidad? Y de fondo,
¿cuáles son los límites que distinguen "el querer" del
"necesitar"? ¿El hambre? ¿El dolor? ¿La humillación? ¿No existe acaso
"la íntima necesidad"? Lo lógico no conforma todo lo real y a veces
las necesidades son una exclamación de la lógica como ruta de la verdad. Y no. Uno
escribe poemas porque quiere; uno compone canciones porque lo desea. La
sensualidad, el goce íntimo, la delicia creativa no es producto de una
necesidad discreta sino de un querer extravagante, incluyendo las maneras más
modestas de la expresión. Y ese es el margen que no alcanza lo políticamente
correcto.
En conclusión, supongo que tanto
tiempo sostuve esta creencia, la cual hoy se ha fisurado dejando filtrar en mi
discernimiento una nueva luz profunda, debido a que soy prejuicioso conmigo
mismo y desconfío de mis esperanzas y fantasías; debido a que durante mucho
tiempo comprobé cuan nociva puede resultar la expansión ilimitada de mi deseo,
llevándome a creer que todos mis quereres eran desestimables e innecesarios. Y
hoy, justamente hoy, cuándo la relación conmigo mismo se tornaba pesada e
insostenible, una reveladora experiencia me indicó que, en parte, soy un
extraño para mí mismo y que por tal no debiera subestimarme: consistió en
volver a vivir, después de varios meses, un atardecer en un bus, estando
rodeado de universitarios, ejecutivos y obreros. Cuando era parte de la rutina,
aborrecía estos instantes, pero hoy, cuando el escaso contacto con las personas
suele mediarse por estrategias de servicio al cliente y demás manuales de
convivencia, saberme allí, sintiendo que nuevas ideas “volvían” y se
clarificaban, me alegró. Supe entonces que era esto lo que quería desde hacía
días e insisto, por quererlo, lo necesitaba; pero como solamente estaba
acostumbrado a estimar lo que era evidentemente necesario, ya no sabía
distinguir qué era lo que quería.
martes, 30 de diciembre de 2014
La humana capacidad de que algo importe.
Cuando lo que solía importarme, deja
de importarme, siento confrontarme a una sorpresiva confusión. Pero el desespero está de más pues siempre hay
un cauce nuevo (no necesariamente desconocido) para todo ese interés. Lo definitivo es lograr que los intereses
extintos sepan lucir la mortaja con la que tu voluntad, consciente o
inconsciente, ha decidido vestirlos.
sábado, 27 de diciembre de 2014
martes, 9 de diciembre de 2014
Mitología posmoderna o sobre cómo confundir a los presentes
(Interior: lleno total en el teatro Lido. En pocos instantes se presentará Teresita Gómez. Un joven lívido, glauco y macilento toma el micrófono)
Entiendo el humano afán por nombrarlo todo, por categorizar, por
convertir sensaciones, emociones o ideas en conceptos y palabras. Lo padezco, pero recientemente se ha ido mermando en mí este afán pues no pretendo entender el
cosmos ni la vida, sino sentirme vivo e inmerso de manera activa en el cosmos. Ejemplifico esta condición actual mía manifestando lo que he empezado a pensar sobre el homosexualismo; noto que
muchas personas insisten en definirse partiendo de su sexualidad y en
establecerse en una identidad sexual a partir de sus impulsos. El debate acerca
de si los homosexuales nacen o se hacen persiste, y hace poco un videoblogger
confesó su homosexualismo de manera tan dramática que contradice su mensaje, pues
pareciera como si se sintiera triste de serlo.
Este afán por definir qué se es (o que es lo que se es…) lleva a
muchos a encerrarse en una falsa idea de identidad; desde muy niños se cierran
a decir: “no, a mí me gustan sólo las mujeres”, mientras que otros dicen “sí, a
mí quienes me gustan son los hombres”. Yo pienso que uno no nace plenamente definido y que
hacerse y realizarse es inevitable para el ser humano: su capacidad de
apreciación y valoración de la belleza se va dando de acuerdo a sus
experiencias. Por ejemplo, varios amigos y varias amigas, en un determinado
momento de su vida, optaron por acercarse sexualmente a personas de su mismo
género; luego, pasados algunos meses y años, algunos de ellos simplemente con
toda naturalidad y sin traumatismos, volvieron a estar con mujeres o con
hombres, de acuerdo al caso.
Supongo que esta búsqueda activa corresponde a una manera especial de
sentir la vida. Considero que el homosexualismo es sólo
un término más y una peligrosa trampa para quienes creen demasiado en estas emergentes jergas y
obedecen, rindiéndose sin hacer resistencia, a ciertas disciplinas, como la psicología por ejemplo, que extraen de
allí su lucro y sustento diario (se empiezan a despertar algunos abucheos). Si se trata de definiciones, creo que la que
se tiene actualmente de homosexualismo es un vaporoso e impreciso esbozo; y si
profundizamos en este afán humano, al cual desde el comienzo me he referido, sería
más dificultoso definir los límites del heterosexualismo, ¿o quién no ha
llegado a reconocer y valorar en extremo la belleza de alguien de su mismo
género? Sí, de ahí a llevar este gusto a lo genital hay un gran paso, pero
acaso, ¿no depende esta decisión de las variables, siempre únicas, que
condicionan el ánimo, a veces tan pasajero e infundado, de una persona?
(Abucheos enojosos lo ensordecen; una luz directa le enceguece; persisten los abucheos; del público le tiran dildos usados, condones, un lindo ramo de rosas, un destornillador de estrella y un pavo real (que muere de manera instantánea al golpear el rostro del joven); luego una horda de gays radicalmente orgullosos y vestidos con exquisitos ropajes, convencen a su novia de abandonarlo. Pasados algunos días, ella lo hace. El joven incurre en excesos. Suele vérsele todos los sábados en el bar-restaurante El Proveedor en la Avenida Nutibara, occidente de Medellín, Colombia)
miércoles, 19 de noviembre de 2014
Quiero
Del budismo: “El dolor es inevitable, el
sufrimiento opcional”.
De Freud: “El ideal es el malestar”.
El siguiente pensamiento es ahora constante en mí: mi
principal esperanza es sentirme fuerte ante lo que la vida misma contiene e
implica. Habiendo crecido en un país como Colombia y habiéndome relacionado con
mi realidad, a lo largo de 22 años, por medio de los noticieros y demás
informativos, crecí temiéndole a las tragedias y a los crímenes, sin hacerme
una idea sana de la muerte, de la vejez, de la escasez, de la
enfermedad y de los conflictos humanos. Sin admirar la indiferencia ni
pretender cierta frialdad, creo que hay situaciones inevitables en la vida y
que no constituyen algo de carácter trágico. Así por ejemplo, el cuerpo nos
empieza a doler; los sentimientos de una persona hacia uno cambian; casi nunca
a quien amamos, nos ama como quisiéramos; lo normal es que nuestros padres
mueran antes que los hijos; la tristeza y la melancolía son enérgicas e
inesperadas; la historia sigue siendo una ficción y empezamos a ser testigos de
sus creativas interpretaciones; cuesta ser la persona que soñamos ser y basta
cumplir algunos sueños para darnos cuenta de que eran sólo costosos caprichos;
habrán momentos de carestía y crudas soledades que deberemos vivir sin
paliativos ni culpabilidades… etcétera. De eso y mucho más creo que está hecha
la vida y procurar valorar la experiencia implícita en cada vivencia, tal vez
nos relacione mejor con nosotros mismos y nos permita un autodescubrimiento
menos exagerado, tal vez más discreto y, eventualmente, más asertivo.
Recientemente he empezado a vivir ese denso día a día. He
empezado a ser consciente, de una nueva manera, de mi condición mortal y de
cuán perecedero es todo lo que me rodea. Esto me ha llevado a buscar refugio en
ciertos excesos pues no es sólo que todo lo experimente con una melancolía
anticipada, como si me encontrara hablando con fantasmas todo el tiempo, sino
porque a razón del peso simbólico de todo aquello que siento que me falta por
crear, he empezado a temerle a la muerte
en vida tanto como a la muerte en muerte. Quiero decir:
eso que me falta por crear no es algo que tenga que hacer; es, en sí, algo que
necesito hacer para experimentarme, para sentirme a mí mismo, para saberme
vivo, para ser quien se supone estoy llamado a ser, y esto incluye ideas
literarias y canciones, viajes y rituales. En una inversión con respecto a lo
expuesto: vida en vida para vida
en muerte... supongo.
De cierto modo día tras día debo enfrentarme a un apagón sentimental, haciendo referencia a la canción de
Virus. A veces incluso me cuesta querer a alguien nuevo. Me cuesta salvarlo de
este momento personal que vivo y quererlo sin interés, y aunque sé que no hay
sentimiento no interesado (el interés puede ser de tipo metafísico,
intelectual, sexual…) me refiero al vulgar interés oportunista de buscar y
exigir en alguien una estabilidad económica, laboral o emocional que implique
para ese otro una renuncia a todos sus planes como individuo, una turbación de
su intimidad, un total entrometimiento en su existencia.
En general, he de responderme de modo más convincente a las
preguntas de siempre: ¿Cuál es el sentido? ¿Qué importa todo esto? ¿Qué será de
mí?... esto dado alrededor de la necesidad imperante de estar presente, de ser
entre los demás procurando que cada acción devenga no del miedo estéril sino
del amor, y ya que amor es un término muy ambiguo, pues diré que es mejor
actuar motivado por la necesidad de un encuentro benevolente con nuestro
entorno, con las personas dentro de éste y con los lenguajes tejidos por ellas.
La fortaleza es el fruto, el resultado, de un cuerpo mayor,
de un proceso. Esa fortaleza creo que resulta, en mi caso, de una confianza en
mí mismo (no me refiero a un envalentonamiento de sí), de saber que he vivido
de acuerdo a mi cosmogonía y que he nutrido el sentido con el que he llenado mi
vida (luego de vaciarla) haciéndolo expansivo, incluyente y más íntegro. Creo
igualmente que la fortaleza, en tanto a la persona, es el modo como la paz
logra sobreponerse a los impulsos violentos dentro de uno, y cuando hablo de
impulsos violentos me refiero a fuertes tendencias como lo es la autocompasión;
extinguirlos me parece imposible: controlarlos, un propósito emocionante.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

