lunes, 3 de febrero de 2025

Siempre pensando en la persona rica que me va a venir a salvar

 

Pintura de Fede FerGärtner

F.:
Estuve leyendo acerca de Toulouse Lautrec; me llamó la atención la opinión de un crítico acerca de la temática de sus pinturas: "ilustró todo lo que era mal visto por la alta sociedad. Lo aberrante" - dice. En ese sentido, pienso que casi siempre el significado de lo aberrante lo dictan las élites. Son las encargadas de comandar el gusto; una suerte de moda de pensamiento, de modus vivendi, de ontología social. Dejo que mi pensamiento se deslice hacia el presente: ¿qué es lo aberrante? De cierto modo los excesos, la bohème ya han sido validados de manera parcial conforme se hizo insostenible e insoportable la doble moral paisa. Lo aberrante no ha de ser necesariamente lo temible; lo aberrante es ahora lo ridiculizado (aunque es natural la tendencia de solapar el miedo en burlas). Y hay muchos ideales que la élite (y en Medellín sí que es fácil y válido hablar de UNA élite) quiere infundir, como, por ejemplo, que es trasnochado un discurso de clase, y que la pobreza es voluntaria. En este orden de ideas (perdón por la fluidez verbal de colegio, pero creo que el conector aplica), el hecho de vivir con los padres, la imposibilidad económica de emanciparse e irse del hogar familiar, no solo implica exigirse en inusitados términos personales, sino que también concede imágenes y escenarios ciertamente bellos, retratos de cotidianidades para algunos despreciables - y sé que hay algo aurático en la piedra que desecharon los arquitectos. Esa independencia (concepto de particular importancia para los latinoamericanos), usual impostación, costoso lujo que jamás termina de pagarse, espejismo habitacional, funciona también como estrategia de mercado; es algo a lo cual aspiramos, aspirando a algo más. Arroja también sus escenarios y sus imágenes, pero ya no contienen el germen de lo aberrante. Mi vida de independiente (independiente latinoamericano del trópico) puede ser desteñida y desabrida, sosa y desangelada, entre roomies que me cuesta tolerar o sosteniendo una relación afectiva desde hace tiempo fallida porque dependo de este vínculo para completar la cuota (las cuotas), pero no hay nada de despreciable en ese trance de costosa ratonera y económicos manjares del D1. En cambio, sea como sea mi vida, mientras persista haciéndola junto a mis padres en este jardín primitivo, seré aberrante, despreciable, inválido, y no precisamente para pocas personas... incluso diré que para la mayoría, entre las cuales podría mencionar, dado lo reciente de sus injurias, a José Gallardo. No nos escucha, no me lee, no va a tus exposiciones pero aún así, chismoso, eh, crítico sarcástico de pueblo, me ataca porque vivo, y convivo, con mis padres. Recuerdo ahora a nuestro querido Osmar y su término: "putipobre". A ti y a mí nos causó desconcierto la primera vez que se lo escuchamos; luego él profundizó para explicarnos: "cuando uno fetichiza los escenarios de la pobreza". Eso revela que la doble moral no es cosa del pasado, además me lleva a concluir lo siguiente: en cierto sentido, el no emancipado no padece de pobreza, sino de una pasma, de un supuesto estado intermedio, de una aparente transición que nunca se concreta sino en los términos de la fatalidad. Vivimos en clave de esperanza y rigor, y eso nos conserva algo infantiles - para algunos - o aún muy juveniles - para los más amables. Y esto me parece que abre las puertas a esa aura estética (en términos de don Walter Benjamin); en definitiva, busca por lo aberrante que te resulte propio y ahí estará la piedra angular, la perla de la ostra. La élite salvífica lo agradecerá unos cien años después porque necesitaba aceptarlo como una de sus dinámicas. 

lunes, 27 de enero de 2025

Cápsula de parálisis

 


Quejumbrar no es quejarse.

Quejumbre no es queja.
Quejumbre y sus derivados son mezcla poética, sumatoria, de queja + umbra, o sea, quejumbrar es quedarse en la sombra de la queja. 
El diccionario es taxativo: "queja  frecuente y por lo común sin gran motivo".
Este concepto forma en la mente una idea del proceder usual del grupo humano en el que durante toda mi vida he desenredado el hilo de la realidad. Y de cierta forma, hacer la realidad es deshacerla, desintegrarla, y el primer paso de este camino de constructiva atomización es renunciar a la tradición de la quejumbre (una conjugación coloquial permite el término "quejumbradera"). 

Voy al analista y le comento mi propósito: nada más hablaré de aspectos positivos, de hallazgos. El desahogo es la caloría vacía de la terapia. La construcción, el acto de colegir, la decisión, serían, en este malabar de equivalencias, variables de las calorías buenas.

lunes, 13 de enero de 2025

6 horas


Subir hasta la cima de la piedra del Tabor. Descansar y, en el sosiego, recordar que las cumbres son instantes. Descender, con temblor de piernas, hasta el potrero primitivo, origen de la aventura y, con los ojos cerrados, ver cómo se van hundiendo en la memoria las imágenes que, como salpicaduras, recién te lanzó cada tramo del camino.

La piedra no se burla pero yo sentí que sí. Sentí vergüenza de ser un típico medellinense en su refinado delirio de maleante; de ser uno más en la danza constante entre intimidar y ser intimidable. Andar a gatas fue desmoronarse hacia lo imprescindible: si lo que algunos llaman corazón es sinónimo de la intención, ¿qué me hizo sembrar allí tanto afán y ánimo de venganza? ¿de dónde tanta comparación? ¿en qué alacena conservaré las medallas que sangró cada pretensión? Formas hay muchas de enlistarse en las filas más agresivas del capitalismo. Te conviertes en soldado a fuerza de créditos y dandismo, y desde los términos menos amables nombras el fracaso. El pánico, naturalmente, será la flor de los golpes que te des a ti mismo.

jueves, 2 de enero de 2025

Libera tus manos

 


Hablo de esto de un modo tan frecuente, que me asombra no haber escrito al respecto. Quizá sí lo hice solo que no logro ubicar la entrada en este blog, o el boceto en mi lista de borradores. 
Sea como sea, prefiero ser breve: cuando era niño, perdía tiempo viendo televisión, pero esta forma de derrochar las horas me permitía conservar la libertad de mis manos. Este vacío lo llené con la guitarra. Entonces el panorama era el mismo todos los días: un niño rasgueando, casi acariciando, desatendidamente, la guitarra, de frente a la única luz encendida, el televisor. 
Esto me facilitó comprender la mecánica del instrumento, sus posibilidades tímbricas; luego, aprender acordes, solos, patrones rítmicos, me resultó más fácil pues ya había incorporado esa cómplice y ruda mezcla de cuerdas, maderas y espacio acústico.
Ahora, en la actualidad, la mayoría perdemos tiempo ocupando no solo la mirada, la atención y el ánimo - como con la t.v. - sino que además ocupamos con el celular nuestras manos, tal vez el ícono más apropiado para describir nuestra evolución - específicamente, por el pulgar retraído. A mis estudiantes siempre les recomiendo lo mismo: procura perder el tiempo acompañado de tu guitarra, tocándola. Tocar tranquilamente, tocar con tacto, es tal vez la mejor forma de ganar camino en su aprendizaje, y la principal manera que se me ocurre para demostrarles que será ella una aliada en el sentido de que, aprenderla a tocar, a tocar bien rico, labrará el camino hacia tu liberación de este sentir, a veces claustrofóbico, de estar encerrados en los contornos naturales de la vida. 

La guitarra es a mí, lo que el opio para Cocteau. 

lunes, 30 de diciembre de 2024

Guijarro Molido, Hierba en la Nieve.

 


Recientemente, mi pareja me contó que en Japón son usuales las teorías que advierten que "la vida" es una simulación, una especie de videojuego. En esta "realidad", según tales postulados, las personas que alcanzan el éxito y el reconocimiento son NPC's, o sea, non playable characters, o sea, presencias creadas y sostenidas por el código, a veces, para representar un obstáculo y confundirnos y desorientarnos. Esta sentencia me resulta estimulante porque se alinea con mi necesidad actual de buscar alimento e inspiración y sosiego en los esfuerzos de las personas que no han sido populares en ciertas áreas, para determinada muchedumbre. Para mí hoy es el anonimato lo que legitima, sin restarle valor a lo popular o afamado, aunque, lo sé y lo confieso, mi presente búsqueda deviene del fastidio que me causa evidenciar cómo en Medellín (y quizá en todo el mundo) los reconocimientos corresponden a estrategias de marketing, de lobby. En fin... sigo buscando las piedras preciosas de la playa, el oro en el río, consciente de que tanto la playa como el río son de por sí tesoros.

Al buscar en Google "escritoras colombianas de la actualidad" es probable que no figure el nombre de Daniela López Palacio. Y quizá sí deba tenerse en cuenta, no sólo por su hacer académico sino, principalmente -creo yo-, por sus reflexiones, las cuales se pueden leer acá. 
No se trata de "apoyar" los esfuerzos del vecino (vecina, en este caso), ni tampoco de una "defensa" de los débiles y desamparados; no... y aprovecho para insistir y ser radical: entre más ignota y anónima sea la obra bien lograda, más fuerte y digna me resulta. El triunfo no es que "triunfe" haciéndose famosa; el triunfo es que ha surgido ya, y ha funcionado y, quizá, ha servido para sanar y hacer avanzar. El caso es que si he leído y recomendado libros como Inquisiciones, Contra la interpretación, Ensayos, Satura y Todos deberíamos ser feministas, también me corresponde alzar la mano y decir: aquí hay algo. Y digo aquí porque es aquí mismo, en vivo y en directo, como un live del maestro WestCOL, solo que ligeramente más trascendente y útil. 
No sé si sea necesario ubicar a estos textos en la categoría de ensayos o artículos de opinión. Lo que sí me parece urgente es aprovechar para bien nuestro la apertura que ha manifestado la autora al compartirnos los frutos de su introspección, la cual surge como una suerte de acto reflejo ante diversidad de fenómenos de la vida cotidiana, como una palabra, un término, una película, un encuentro, una rutina de ejercicio, ChatGPT o un meme. Y lo acuciante de esta lectura no conforma una elaborada manifestación del FOMO (fear of missing others). Por el contrario, creo que lo determinante es que, leyéndole, dialogando con sus propuestas, puedo hacerme preguntas con sus preguntas, operar con sus mecanismos verbales, y así perderme menos de mí.

jueves, 19 de diciembre de 2024

Burbujas en la brújula: vacíos de palabra

 


Quería consagrar un texto entero a burlarme de la importancia que se le da al Spotify Wrapped, y a la serie de indignaciones que estas síntesis de consumo abusivo (y ya de por sí identitario y narrativo) causaron en no pocos usuarios, pero opté por escribir y publicar este texto, este vapor profundo, perfume maligno que delimita mi más reciente obsesión, y con el cual quiero cerrar este 2024 del blog, compromiso itinerante, lugar en el que mi mente se despereza, estirándose amplia y extensivamente.  

Hace tiempo llegué a la conclusión de que Colombia es una nación compuesta por múltiples civilizaciones. Rumiar esta idea, ruñirla, me llevó a la certitud de que la geografía influye en la configuración de las lenguas, de los idiomas. Los condiciona. Quiero decir: un idioma surge gracias a una geografía. La idea no es ni original ni nueva: recientemente fue publicado el libro “Esta geografía me está diciendo”, de Hugo Jamioy Juagibioy y Selnich Vivas, e incluso la BBC se interesó por la materia.

Lo particular en mi caso fue adquirir, mediante esta idea, consciencia histórica y social: en Colombia, la implementación del español como lengua oficial constituye una separación del entorno y este matiz quizá sea útil abordarlo para comprender nuestros problemas como nación. Donde unos ven un “Dios”, nosotros vemos un "recurso". ¿Qué nombre tendrá el ángulo de la luz del sol de diciembre? ¿Cómo definir la paz? ¿Qué es la justicia social?  ¿De qué fenómeno me estaré perdiendo solo por no tener una palabra para percibirlo? Si así es con lo material y externo, ¿cómo será con las supernovas de la interioridad? 

Igual, tranqui: todo es absurdo, todo es sentido; lo más sencillo es lo correcto: calma al ave que vive en tu cabeza.

martes, 17 de diciembre de 2024

Un breve apunte sobre Las Deseo

 

Las Deseo evade la evasión. Fuma tabaco. Destila ron. Es consciencia del tiempo y la materialización del propósito de ser lo más directo y concreto posible. Ya no se trata de jugar con delays ni overdrives; no versa sobre explicaciones rebuscadas - conclusiones de diván; se olvida de lo tímbrico, cual aullido: es impaciente, como el deseo; es desnudez, como la intención del deseo. 

sábado, 9 de noviembre de 2024

Diversificación laboral

 


La expresión es cada vez más común: "terminó siendo profe". Como si el oficio no fuese una elección. Como si fuera un escampadero, un envilecimiento del saber, una parodia, una pantomima, la última opción (o la penúltima, pues hay quienes siempre consideran como posibilidad el fatal y voluntario cese). Yo no: ser profe fue y ha sido la mejor manera de vivir de vagar en mi mundo interno. Cada clase, cada asesoría, es un viaje hacia mis obsesiones. Impulso de lectura, cada carta descriptiva indica una ruta de lectura estimulante. Desde muy joven lo supe: la mayor riqueza es poder ser dueño de cada segundo de mi día a día. Las concesiones traen el sonido de la alarma, del despertador. Dormir es LA moneda. Conocí a una luthier exitosa que me dijo que desde el año 2006 no usaba alarma alguna: trabajaba según quería, despertaba temprano si le daba la gana. Similar es el panorama actual soñado: quizá esté adelantado en el espectro autista, quizá sea intolerante, irritable hasta el capricho (y viceversa): todos los motivos parecen incapacitantes pero la verdad es que ser profe ha sido mi mejor trabajo hasta el momento. Los estudiantes me importan si les importa la materia. Cada sesión versa de mi mundo interior: música, semiología, narrativa, artes, historia. Mi rito de iniciación ha sido ser profe. Quizá en un futuro me convenga aprender a salir de mi mundo interno, pero sé (sí: lo sé, y Dios, el Cosmos, pueden atestiguar) que el dinero no es suficiente motivo para ceder y saltar la cerca. Necesito seducción, magia, fantasía, y un sentido profundo: algo que, estando afuera, funcione como un resorte hacia mi mundo interno... ¿o qué? ¿existen acaso las lejanías en lo trascendente?   

sábado, 2 de noviembre de 2024

La ley del cuarto

 


La ley del cuarto es justa. Esa mañana, desde antes de llegar, ya lo presentía. Igual, reclamé las llaves y subí. Nadie esperaba en el corredor. Abrí el salón y empecé a borrar el tablero. Pensando nada, descubrí que no me sentía mal: esta vez, el taco de la 33 era inocente. Si llegué tarde fue por cumplir la otra ley del cuarto, de la habitación: implacable, como toda tentación, esta dicta que, si estás durmiendo con tu amor, debes postergar la alarma y alargar el arrunche; entregarse mutuamente algo ligero. Fallarle al sistema no importa entonces: es una consecuencia de ser legal.


martes, 22 de octubre de 2024

Paranoidiatriba

 


Sobre mí recaen sus acusaciones, estertores de una fantasía que no me atrajo. Tal vez crea que me conoce solo porque no quise darle lo que de mí esperaba. Jamás prometí algo para que me diera más. Lo que me dio, de hecho, no lo recibí. Lo dejé por ahí, puesto entre las páginas, a manera de separador en algún libro al que no sé si vuelva. Sin evasión no habría podido vivir tan superficial y diversamente como yo (mi yo de ese entonces) quería vivir. 
Quería deshacerme en placeres de mi sueldo. 
Gastarlo, usarlo para desahogar la tensión: la promiscuidad fue mi manera de lidiar con el estrés, con la falta de aceptación, con los otros rechazos: deseaba y no buscaba un reemplazo; modelé frankensteins con otros cuerpos intentando lograr construir ese cuerpo que amaba y que no cedería. Fui cruel al calmar la sed de A, con muchas otras letras. Quería la fama, la temprana fama,  pero mi hermosa juventud fue austera en ese sentido. Borges me consoló con su "ápice", aunque en este poema advierta que no debiera consolarme en lo ya escrito.
Sed de A aplacada con D, con P, con R.
La técnica también es un método creativo.
E, S, T, K.
Acepté el hecho de que muchas otras personas estuvieran presas de la manía, de la falsa creencia que dicta que la mejor manera de asimilar el deseo, de liberar esa preciosa energía, es el sexo. 
Me tomé personal el deseo que desperté en otros. 
L, X, F, J.
La paz para mí es descubrir que no hay mérito alguno en ser deseado; esto último me lo enseñaron la madera, las flores, los periquitos; todo eso que por pasión se arranca.
No obstante no seré uno de esos que se empeñan en degradar la pasión, en volverla patología, en acusarla con ínfula sociológica: "me estás volviendo objeto". La respuesta natural a ese señalamiento sería: ¿crées que a mí me seducen los objetos?... ah, también estás habitando esa decisión.
A... A.