viernes, 27 de septiembre de 2024

He aprendido

Los escritos que conforman este blog, en su mayoría, son parte de un estado transitorio. Es decir, son comentarios en torno a una idea que luego, casi siempre, he de desarrollar a manera de canción o de cuento. En ese sentido, muchas de estas entradas son comentarios, enunciados: así, me observo observar. También, en este sitio he venido logrando un archivo. Y lo valoro. Los detonantes que aquí tienen lugar no siempre son visibles en el cuento final, en el coro que entonan las personas que se acercan a mis canciones.

Es un espacio donde me descargo y en el que la percepción adquiere la gravedad del acto de habla.
Por ejemplo:
La noticia de la captura de Puff Daddy (quien no sé ahora cómo se hace llamar) me parece que es sintomática de un mercado como el del rap. Pienso en el "delirio de maleante" que impulsa a una gran cantidad de artistas inscritos en este género. Sucesivamente, pienso en la industria musical de Medellín, y en el subsecuente delirio de maleante que permea diversos diálogos locales: el vivo vive del bobo, ¿no? Los famosos apuntes del tal llamado Don Pepe Sierra; la figura mitificada del capo; la exigencia implícita de que todos los hombres debemos ser empresarios, la cual ahora resuena más debido a las malas condiciones en que seguramente nos... ¿pensionaremos? La elucubración ahora me conduce a pensar en la manera como la industria de acá imitó a la de allá. O sea, cómo se relacionan los nombres del espectáculo musical de los grandes números locales, con las mañas maleantes y mafiosas. Camionetas blindadas, esquemas de seguridad, derroches, y la música como plataforma de la exposición de un lifestyle que es modelo de venta y configuración del nuevo prestigio, lo cual no deja de salpicar el hacer lírico de misoginia y clasismo. 
Mi pensamiento se desliza al reciente asesinato del Dr. Velásquez. Lejos de pensar que P. Daddy haya tenido algo que ver, pero, en vista de la manera como hemos copiado sistemas, ¿será que aún podemos confiar en la inocencia de esas figuras titiritescas de pelo tinturado que llenan el aire con su bullicio y sus mensajes? 

Otras imágenes se ciernen sobre mi sensibilidad: hace algunos días Dave Navarro soportó en escena el ataque de su compañero, Perry Farrell. La vulnerabilidad que se experimenta en un escenario no tiene par. Vi cómo a Dave le temblaba la mano y sentí por él una compasión inusitada. Lo vi como jamás lo había visto: por primera vez, vi lo hermoso que es. Su mano de artista, ejercitada con la precisión que su fino hacer requiere, en trémulos espasmos de pavor, respeto y tristeza. "What?", se le ve preguntar, el mismo fin de semana en que yo me pregunté, "what?", cuando vi el poder batmánico de Israel para hacer explotar en simultáneo miles de beepers y walkie talkies. Las noticias lograron sacarnos del tema, pero el miedo se alojó: cruzada esta línea, ¿qué se sigue? Supuse que la desintegración de las Instituciones vendría a través del arte, no del barbarismo.
Ya es claro: el próximo terreno que aspiran colonizar es nuestro optimismo. 

martes, 17 de septiembre de 2024

Solo de amor se vive

 

miércoles, 21 de agosto de 2024

Lo que la rabia no te dejó ver; lo que el agradecimiento aclara

 

Se me ocurrió este título como cortinilla para hablar de la solapada misandría sistemática que opera dentro de una empresa en particular, pero los viajes en Metro me permitieron profundizar y llegar a otro tema, a otro puerto: el agradecimiento. Lo simpático (usar este término es muestra de mi ánimo agradecido, pues llegué a considerar hablar de crueldad; en este caso, "lo cruel") es que los retos, las responsabilidades que sobre mí recaen, se han incrementado desde hace tres años, impidiéndome saborear, degustar los triunfos personales. En ese entonces, en plena alharaca post-pandémica, ni concebía como posible los logros tanto artísticos, como profesionales, económicos y emocionales con los que hoy tengo el gusto de trenzar mis días, mis tardes y mis noches; mis lunas y sus eclipses; los diversos placeres de estar con mi pareja. Me va bien, solo que las cosas alrededor son también más exigentes. En un corre corre laboral, en alguna de mis jornadas de bombero académico extintor de incendios, escuché la obra de The Caretaker depurándola a través del tamiz de la lucidez de su amigo, Mark Fisher. La combinación fue infalible... no puede ser que cada segundo de nuestra vida de adultos consista en preguntarnos "¿cómo hacer para ganar más dinero?". Seré abierto y más preciso: recientemente, a veces, ante los problemas, ante las dificultades, ante los saldos en rojo, me reprocho, no necesariamente ante el espejo, pero sí entre los vapores del insomnio que no consiste en no-poder conciliar el sueño, sino en despertar al despertador, por no haber hecho esto o aquello, por haber leído tanto en vez de lanzarme al trading... "¿cuánto dinero tendría ahora si le hubiera parado bolas a ese mancito de Amway por allá en el 2015?" - fantaseo. Y pues sí: quizá recién empiece a comprender las consecuencias de todos esos años de desempleo en que parasité a mis padres y las fiestas de mis seres queridos, embriagándome de la delicia oscura y de la épica bohemia de los más excelsos escritores, usando la misma ropa durante casi tres años consecutivos; sin embargo, el concepto "consecuencia" es vasto y nos permite no solo lo perjudicial sino además lo beneficioso. Esta exploración a través del predominante aislamiento y de la decisión de permitirme el contacto social - la fiesta - principalmente a través de la literatura y la música, no fue una búsqueda de orden intelectual o académica sino existencial, cuestión de supervivencia, y es lo que hoy me ha permitido crear, tanto canciones, como cuentos, como cursos enteros para diversidad de estudiantes. ¿Pude obrar de otra manera? Pude obrar de otra manera y hacer muchas otras cosas más, pero, ¿cuál es el opuesto a ser un "ser en falta"? Lo sintetizo en una de mis canciones: "porque hoy veo lo que hay, no lo que queda". Sí: agradecer y agradecerme. Lo que estudié, lo que creé, con mi vida lo comprobé; ahora eso es lo que comunico. Las piedras del camino, son el camino. La naturaleza no soporta un solo empresario más. Y, pues sí, soy un narrador y, "disfrutando del suspenso, aquí voy". 

sábado, 13 de julio de 2024

Leer La Vorágine en medio de una

 

Es usual que a La Vorágine se le llame "La Odisea colombiana", o la Ilíada, o la Eneida. Es entendible: se inscribe en la misma tradición del periplo, de la desventura, de lo trágico, lo fatal y lo episódico. No obstante, para mí, esta novela, entre tanto, logra lo genial: anuncia a Colombia desde el clasismo y la explotación, sumiendo al lector en el devaneo enfermizo que experimentan, que sufren los autoproclamados civilizados, dentro de la jungla. Además, relata la naturaleza inmensurable de la geografía de la nación; declara la derrota dentro del triunfo; dibuja cada uno de los surcos de dolores, y describe en acciones el hecho de que ser colombiano sea, principalmente, un acto de fe. En lo técnico, la estructura es avasalladora. El cambio de tiempo que facilita el diario como género (primero relatando pasados; luego, presentes) nos impulsa al cierre, a la conclusión vertiginosa que no será sorpresa. Alguna vez, hace muchos años, el profe Jairo Alarcón la definió como la mejor novela colombiana; yo no me atrevo a decir que lo sea, pero sí digo que, dadas las condiciones de la actualidad, las necesidades humanas del momento, La Vorágine es una de las mejores novelas de la literatura universal.

viernes, 5 de julio de 2024

Un método más útil

 


Este blog me ha servido para recordar aquellas elucubraciones que, en algún impulso, logré atrapar en el aire dibujándolas en grafías; elucubraciones que, no solo por la distancia temporal, ya parecen ajenas. También este archivo íntimo, a veces sepulcro florido, a veces mesita de noche, a veces paleta de mango, me permite recordar técnicas no de escritura sino del hábito de ponerme a escribir; hoy, el texto a publicar, trata de esta serie de asuntos. 
Gracias a Italo Calvino, al prólogo de sus Ciudades Invisibles, he logrado definir una estrategia. Consiste en lo siguiente: desarrollar las ideas de manera impresa o física, agrupándolas en folders o carpetas, es mucho más práctico, útil y sano que hacerlo siguiendo mi usual método de agrupar y fermentar ideas en carpetas de Drive o en borradores de mi email. ¿Por qué? Porque si bien el espacio digital es limitado (y cada vez más), su capacidad de almacenamiento es tan extensa que no logra darle unos límites cabales, lúcidos al proceso de construcción de la obra. Uno puede seguir y seguir, llenar y llenar... suspensivamente... En cambio, el hecho de que en una carpeta física se agote pronto el espacio (que contendrá ideas escritas, recortes de periódicos, pulseras, publicidades, volantes, dibujos, cartas de amor y de rencor, etc.), nos indicará, tal y como lo sugiere Italo Calvino, que ya va siendo hora de atender esa idea, de completar el proceso, de desarrollarla. Y no es que él lo aconseje; simplemente describe su método.

Así de simple.

jueves, 27 de junio de 2024

Purga


Todo tabú cuestiona un uso determinado del organismo. La manera como un sujeto se apropia de su organismo, constituirá su cuerpo. La búsqueda del placer sensual a través del sexo suele ser una forma de apropiación del organismo, de conformación de cuerpo; pero también lo puede llegar a ser la abstinencia sexual. 

Y en la actualidad el celibato es más tabú que la actividad sexual o la vida sexual activa.

El celibato es visto como contención, jamás como apertura. También suele representar una forma de provocación, de no - uso: es inusual que se perciba el "sí" que trae; solo se comprende como un "no". Frigidez, fanatismo religioso, trauma: los motivos que se le achacan colindan con el señalamiento, con la ofensa, y se omite que quizá sea el modo más radical de amor propio, de amor benevolente, y fruto de una capacidad, de un talento puesto en acción: la de saber que los estímulos externos no son eventos por sí mismos, y que tampoco definen los contornos de la realidad: el mundo entero será lo que, a partir de estos, aflore en cada ser. 

viernes, 24 de mayo de 2024

El meollo del asunto


Hay un peligro, hay en mí una tendencia: creerme más comprador que creador. Profundizo: una vez empiezo a trabajar y a recibir mis honorarios, se despierta en mí un ánimo de compra, de saldar los antojos con los que quedé, y los que surgen. Tal vez sea una respuesta a estímulos, pero la publicidad anima a crear solo luego de pagar un arancel: "Pinta, niño, pinta" (...no sin antes conseguir un largo paquete de colores). Ante esto, el punk, o el grunge, o la sensatez, llegan a manera de viejo adagio: no hay que esperar a tener para empezar a hacer; hay que ser y hacer, y ese será el principal tener. De manera similar, insinúa el católico: ¿en qué tesoro está tu corazón? Y como los vínculos son sobre todo caminos, las formas dejan de invocar el contenido: un bajo no es la melodía ni ese sonido que le permitirá aflorar a mi ser; comprar y comprar libros no es estar en ninguna medida próximo a haber desentrañado su sentido o un sentido (quizá augure todo lo contrario). El vahído es hondo cuando recuerdo que todo lo que he necesitado, la mayoría me ha sido gratuitamente concedido. La afición a comprar ropa es otro síntoma de mis complejos, riesgoso, grave: ¿cuántas veces he querido renunciar a mí mismo, dejar de crear para trabajar más y obtener así más dinero con qué comprar,  solo por mi afición a estrenar? Y es que, en ese estrén, ¿qué me estoy permitiendo, al fin, declarar, satisfacer? 


lunes, 29 de abril de 2024

Creo comprender los motivos

 


Vivo inmerso en relatos épicos, confusos y exigentes. Se evidencia en un hecho: es general el equívoco de considerar a los escritores, sabios. Es decir, creen que porque nos gusta crear con palabras, ideas, personajes, dramas y rimas, e indagar en las probabilidades expresivas, estamos aspirando a la sabiduría. Hay cierta épica en insistir en llamar "sabiduría" a la más elemental sensatez. 
Y, aún así, toda réplica suena aún más épica que los mismos relatos que merodean por los entornos:

Durante una charla en un colegio, el más atento de los niños le pide al escritor un consejo de vida. Casi como un acto reflejo, el escritor le responde:

    - Mi consejo es que no le pidas consejos de vida a ningún escritor.

Los ojos de los asistentes se abrieron, como saludando las cicatrices de oro y plata que recién se asomaban. Le trataron luego como a uno de los suyos, lo comprendieron similar: ingenuo, temeroso,  insular.  

lunes, 22 de abril de 2024

Comunicador

 

Foto por June Juno

Algunas preguntas suelen renovarse. Las soluciones se gastan cuando no se olvidan; ya no hay tiempo para rumiar en los diarios ni para rememorar los tratados de paz pactados consigo mismo. No sé si esto sea una prueba de que las crisis existenciales no son tan propias ni tan personales, pero a mi modo de sentir, lo que sí demuestra, o al menos sugiere, es que las respuestas, su efecto pacificador, no funcionarán para siempre. No sé si estén sometidas a una fecha de caducidad, porque esas conclusiones, las mismas que ya no logran resolver nada en uno, puede ser que sí le sirvan a otras personas. 
Así, el clásico y burbujeante interrogante ha vuelto: ¿qué soy yo? ¿en qué consiste mi hacer? 
Mezcla de inercias y experimentos, mis rutinas contienen el acto consciente aplicado a la canción, a la poesía, a la danza, a la docencia. Fui jam hasta que fui palabra. Me establecí en ella, en la palabra, pero sé que soy más que un semiólogo, un palabrero o un cancionista: jamás sometí la música a la palabra; la melodía siempre ruge primero. Motivado por Rilke y por Capote, acerqué el periodismo a la poesía, pero sé que soy más que un escritor o un lector. La danza y el deporte son mis búsquedas más pacientes, y, quién lo creyera, se han vuelto ejes para movilizar cierta información. Y sí: fue esta expresión la que integró todos mis oficios. Soy un comunicador. Podría decir que narro, pero si bien la noción de narrador admite la presencia de un interlocutor, no la obliga; creo que el concepto comunicar sí exige más la esperanza de un otro. De ahí esta movediza, inestable solución.


domingo, 7 de abril de 2024

Una écfrasis que escribí en 2019

 

Una pijamada, quizás 

Copas de champagne a medio tomar en ambas mesas de noche. Tacones sin par aquí y allá, regados por toda la alcoba. Jóvenes mujeres, aún peinadas y maquilladas, están en ropa interior, sin cobija y soñando a ojo cerrado sobre los hombros de otra o sobre abullonados almohadones color esmeralda. En la parte superior del cuadro, casi en el espaldar de la cama, una morena que aún luce su collar de perlas, duerme de sienes unidas a una rubia algo intranquila, que se le aferra al hombro, como una diosa náufraga. Más abajo, sobre su muslo derecho, descansa otra brunette, abrazada a una rubia menos trigueña que carga, también sobre el muslo derecho, a una voluptuosa jovencita de inmensos aretes que no sabemos por qué está así: su brazo izquierdo se extiende hasta perderse por debajo de las piernas de otra; tiene la cabeza ladeada casi en un ángulo de ciento ochenta grados, boca abajo, con un body rosa en extremo ajustado, de nalgas al cielo. El rostro no se le ve, mas no por eso es más anónima que el resto. Descansa su mano derecha en las piernas de una jovencita de nariz respingada que sueña tranquila a pesar de estar recostada sobre el bracito de otra blonde, menos joven, que está a sus espaldas, justo en el borde de la cama. Este último par de muchachas, por el ángulo y el punto de vista, son las únicas que, de estar despiertas, podrían ver el rostro de Maluma, quien reposa en el centro de la composición, recostado sobre su brazo derecho, sin camisa y con todos estos cuerpos encima. Él sí tiene cobija y es el único que está con los ojos abiertos. No sabemos si la vigilia le ha durado la noche entera o si es que recién despierta. Su mirada de cansancio no contiene rastro alguno de satisfacción. No hay picardía, ni júbilo, ni plenitud, pero tampoco remordimiento o culpa. Solamente apatía de insomne. De sonámbulo. Tiene las axilas afeitadas; un tigre de tinta ruge en su pecho. La mano izquierda, teniendo tanta piel de hembra dónde posarse, cae apartada, con indiferencia, sobre su propia ingle, lejos del mínimo roce con alguna de esas chicas que le llenan la cama.  Por la luz, parece que ya es de día, y de todo, solo queda algo por resolver: si todas están vestidas, ¿de quién es ese brasier rosa abandonado en aquella mesa de noche, a la izquierda de nosotros, los espectadores?