De saliva y apretados rasguños son su ataque y su cariño. A este
animal le gusta mirarse a sí mismo. Morderse. Enjuagarse en su sudor. Paciente
y tierno, sabe cocinarse a fuego lento; darse más de lo que esperaba; recibirse
con ansiedad. Introspectivo, se busca en la memoria y no distingue momentos
como este, en el que existe sin temor, sin malicia. Elástico, se abraza y sin
disolverse se divide en dos cuerpos que encajan perfectamente en sonidos
rítmicos de pieles. Sabe que su existencia eterna es efímera, que su corazón,
hecho de dos pulsos que se sincronizan, late y latirá, sin extinguirse, sin obligarse
a volver a existir, sin desear ser por medio de otros que no seamos tú y yo.
lunes, 8 de agosto de 2016
domingo, 3 de julio de 2016
duhkha
La alegría del privilegio de ser
sexuado es interrumpida por la manipulación, la avaricia y los temores ajenos.
Ejercer la sexualidad, no a través de la masturbación, sino con alguien, en mi
vida, pareciera estar destinado a ser una negociación entre dos entes interesados
en la acumulación y la aseguración de capital. Ya no hay soltura, desinterés,
placer por placer; no. He vuelto a caer en ese estado que tanto evité: tener
que cumplir con toda una serie de desgastantes y empobrecedores protocolos que
ninguna relación tienen con la seducción. Son sólo negocios. El sexo ha vuelto
a serme temor. Limosna. Una moneda con la que me pagan; a mí, hombre
enamoradizo, tan sexual y necesitado como todos, menos estratégico y perverso
que esa gran mayoría en la que me gusta perderme, soñarme, regocijarme. Si tan
sólo mi sangre se enfriara un poco… si tan sólo me bastara con la contemplación
y no sintiera el gusto derretirse en mi boca, en mi pecho como una mancha caliente
y, similar a una punzada, en mi periné.
miércoles, 1 de junio de 2016
Sana
Las luces de junio me indican que crear es mi naturaleza. Me sana. Las experiencias y los caminos vividos son la riquezas obtenidas a partir de lo que he creado de manera espontánea, disciplinada, caprichosa y necesitada. Dicen: “si eres músico de verdad, valoras toda la música”. Y sí. Se valora toda la música. Pero eso no significa que deba interpretar todas las músicas y querer saciarme tocando reggaetón cuando lo que de verdad me inspira es Isao Tomita. Yo creo que uno está llamado a crear desde lo más profundo de su ser, de sus sentidos, de su necesidad de existir. Ser esencia a través de las creaciones y cruzar así los océanos de tiempo que a mí no me distanciaron de Debussy y que tampoco alejaron a mi papá de Paganini. Supongo que hay gente que desde que coge el pincel, ya es capaz de crear un tipo de belleza que puede ser valorada por todos. Creo que también que no siempre es así y que a veces en el trayecto del creador la admiración es una variable considerablemente menos estimable que la condición meteorológica. Se supone que crear, de manera bien intencionada, intensamente, con rigor, me acercará a cumplir el sueño de crear belleza. El sentido de la excelencia es algo que se puede fomentar desde el arte; crear es comprender.
jueves, 26 de mayo de 2016
El aire frío de aquel mediodía
El vacío de palabras que deja el mucho hablar. Estos meses han sido fundamentales para mí. Andar por el centro de la ciudad, por calles anónimas, por mangas que parecen olvidos de los arquitectos, por callejones que huelen a ropa limpia, por debajo de blancos cielos, por una calma que nos adjetiva, que nos conforma. He descubierto verbos: trenzar. Y una manera de conjugarlos: trenzar el juego. En una canción la flor del mar, el caos tropical, un nuevo corte de pelo: para llenarse, primero hay que vaciarse. Besar ha sido beber. Sentir nuevamente el frío en la nuca. Leer mucho. Cantar. Escribir. Romper papeles. Componer.
domingo, 24 de abril de 2016
CV: off
Los que trabajan en los call
center. Son ellos quienes debieran regresar al campo. Renunciar a la bastarda idea del éxito profesional, a las
ambiciones del individuo.
Es egoísta que lo diga pero es más egoísta que estos humanos sigan siendo esclavizados en instalaciones tristes. El mundo puede sobrevivir con seis mil millones de campesinos más no con la misma cifra de trabajadores de call center, o de abogados, o de cantantes de ópera, o de periodistas, o de editores de revistas.
Por eso algunos debiéramos volver al campo y esperar que algunos beneficios de la ciudad no nos sean ajenos. Obligarnos a dormir a las siete de la noche para levantarnos a las tres y media de la madrugada a funcionar. Irnos lejos, un poco más allá de esa montaña, para ser sembradores. Ser un ceño fruncido en sombras bajo la plenitud solar del medio día. Cansancio y voluntad ante largos caminos. Cayos. Dolor. Ampollas. Brillo de hoja lisa, de ojo de vaca o de gallina. Sólo así lo noble, la única pureza fértil. El asombro ante la montaña, ante los ciclos de la vida. La necesidad del mito, de matar a los dioses asesinos de antiguos dioses. A ellos que amándonos nos debilitaron. La lluvia nos acuesta. Es mejor reconocer, tarde ya, el fracaso colectivo. Que algunos apaguemos la máquina y nos vayamos. O no que nos vayamos sino que regresemos, porque no sería irse: sería volver... ¿volver a qué? no sé, quizá a iniciar un ciclo de nuevos errores, seguramente. Pero volver. Una generación que sea el respiro que la humanidad se da. Un olvido de sí misma, del fuego que desde adentro la consume, de su gastritis.
Es egoísta que lo diga pero es más egoísta que estos humanos sigan siendo esclavizados en instalaciones tristes. El mundo puede sobrevivir con seis mil millones de campesinos más no con la misma cifra de trabajadores de call center, o de abogados, o de cantantes de ópera, o de periodistas, o de editores de revistas.
Por eso algunos debiéramos volver al campo y esperar que algunos beneficios de la ciudad no nos sean ajenos. Obligarnos a dormir a las siete de la noche para levantarnos a las tres y media de la madrugada a funcionar. Irnos lejos, un poco más allá de esa montaña, para ser sembradores. Ser un ceño fruncido en sombras bajo la plenitud solar del medio día. Cansancio y voluntad ante largos caminos. Cayos. Dolor. Ampollas. Brillo de hoja lisa, de ojo de vaca o de gallina. Sólo así lo noble, la única pureza fértil. El asombro ante la montaña, ante los ciclos de la vida. La necesidad del mito, de matar a los dioses asesinos de antiguos dioses. A ellos que amándonos nos debilitaron. La lluvia nos acuesta. Es mejor reconocer, tarde ya, el fracaso colectivo. Que algunos apaguemos la máquina y nos vayamos. O no que nos vayamos sino que regresemos, porque no sería irse: sería volver... ¿volver a qué? no sé, quizá a iniciar un ciclo de nuevos errores, seguramente. Pero volver. Una generación que sea el respiro que la humanidad se da. Un olvido de sí misma, del fuego que desde adentro la consume, de su gastritis.
miércoles, 23 de marzo de 2016
Éxtasis simple
Gracias a Juan F.,
nuestro maestro amigo.
¿Qué debo ser y hacer para sentirme seguro en un escenario? Esa es la
pregunta de mi hoy. ¿En qué baso mi seguridad? Antes me concentraba solamente
en el hecho de tener una idea, pero luego dejé de sentir que una idea, algo por
decir, era suficiente para justificar mi presencia en el escenario. Esta era
importante, sí, pero no por el hecho de tener algo por decir me sentía seguro. Quise
resolverlo desde lo menos esencial (lo menos comprometedor): guitarras bonitas,
ropa bonita, luces bonitas, peinados bonitos, enfrentándome así a otra
realidad: todo eso bonito en mí se veía feo. Impropio. Irrealizable.
Pretensioso. Y más porque algunas de esas guitarras ni siquiera eran mías. O
nuestras (o de la banda… que sólo somos mi hermano y yo). En febrero todo
cambió: la vida familiar, las guitarras, las posibilidades, las intenciones. Ya
no queríamos nada que no fuera esencial. Y ante la pregunta por algo que no es,
surge el afán por reconocer lo que es.
Ya no me puedo esconder detrás de una guitarra. Ya no me puedo
esconder detrás de riffs y solos que no llevan a nada. En ambigüedades sonoras
sin pulso, inarmónicas. Y está bien que la música para mí sea un suceso, un
accidente afortunado, un jam, un panorama sonoro que nos indica que todo fluye
de manera constante, que la vida es un río y que nosotros somos la fauna que lo
habita, llevando dentro de nosotros otra fauna, otra flora y otro río. Pero al
menos es importante conocer la música, aceptar que pisar un pedal de distorsión
no es la única forma de darle fuerza a una sección. Ensayar me da seguridad.
Pero, ¿ensayar qué? ¿Las mismas canciones que compuse y nunca ordené, dejándolas
así tal vez porque tuve afán de terminarlas o por mi necesidad ridícula de “ver
quién me está hablando” o por algún otro misterio de la distracción? Recuerdo
la frase de mi primo Franco: “si uno toda la semana ensaya: dos más dos es
cinco, dos más dos es cinco, dos más dos en cinco, y si para el día de la
prueba nadie te ha dicho que dos más dos es cuatro, todo ese ensayo fue en
vano”. Por eso exigirme me da seguridad. Componer bien me da seguridad. Y para
mí componer bien es saber extraer el jugo del alma de cierta vivencia y ser
capaz de envasarlo en una canción, y siendo así sé que eso se puede lograr sin
papel, lápiz y guitarra, porque la melodía son fotogramas de la corriente
cósmica que somos. No necesitamos un delay, necesitamos acordes espumosos y
afilados y juguetones. No necesitamos de más artificios sino de la precisión
que demuestra fuerza. De un ritmo que sea verbo. Del uso del silencio. De
escuchar. Michael Jackson componía bailando en un árbol. Escalona, bajo la
descansada sombra de algún cultivo.
¿Y mi cuerpo? ¿qué pasó con mi cuerpo? Mido lo que mido: ¿por qué
encorvarme? Hago demasiados gestos: ¿cuáles son necesarios para emitir el
sonido? No se trata de cumplir con un deber ser, sino ser. Ser sin diseñarse. Dejar
de ser un mal imitador. Encontrar el ritmo propio y probarse en escena.
Nijinsky marcó a Mick Jagger y Mick encontró sus propios pasos.
En tiempos de inundación electro pop y aparente recesión intelectual, ambiciono lo esencial en todo lo que hago y al
menos estar en esa búsqueda me hace sentir más seguro.
martes, 9 de febrero de 2016
Conversaciones mentales
Colombia es un país vasto. Tantos ecosistemas. Tantas formas
de vida. A veces la cultura se queda corta. No corresponde a esa vastedad. Vemos
a Colombia como un país tropical pero por tropical entendemos solamente Caribe
y por Caribe sólo queremos entender calor, agua, playa, océanos, calentura, virilidad,
ánimo sanguíneo, apasionamiento, tambores, movimiento de hombros y un danzar
sin despegar los pies del suelo. Mucho sabor del concepto “tropical” ha quedado
fuera, ha sido sometido a su vez por un pobre entendimiento del concepto “sabor”.
Por eso tantos músicos manifiestan sentirse muy honestos al entonar un reggae cumbiero que no deja de sonarme rancio,
o un electro pop con ganas desesperadas de sonar a son cubano, o un rock fusión
con salsa, etcétera, etcétera (desafortunado etcétera en esta ocasión). Pienso
que si bien nos aceptamos como país tropical y caribeño debiéramos entender que
no todo es calor y eso que arriba no sin desagrado recién mencioné; también hay
ecosistemas como el bosque de niebla. También hay páramos. También hay una
frialdad densa, espesa, dolorosa, armoniosa, alegre, tenue, que nos es nuestra.
Una frialdad tropical auténtica y hermosa que mereciera ser reconocida (no sólo
protegiendo a los páramos de la minería, por ejemplo) siendo alabada dándole
nosotros su representación sonora.
domingo, 24 de enero de 2016
Me burlo del miedo que me quieres hacer sentir
Un libro, una película, cualquier
mensaje vía símbolos, puede cambiar mi meridiano. Alterarme. Y es algo que ocurre rápido y
que no dejará de ocurrir rápido. Las ideas se diluyen en sí mismas.
Sé que están pero no logro metabolizarlas. Se dan más rápido de lo que yo puedo
interpretarlas, como golpes de imágenes, muchas veces sin lenguaje. Lo
único de lo que me valgo, lo único que me proporciona cierta calma, es confiar
en el tiempo. Someterlas a la prueba de la memoria. Si con los días sigo
recordando tal idea, me dispongo a obsesionarme con ella.
*
Idea: Hay que ser suspicaces. Es recomendable
tener cuidado con el concepto de “zona de confort”. Que no vaya a ser un truco,
un mecanismo, un método de ávidos comerciantes. Nos quejamos de lo efímero, de
la condición líquida de las relaciones actuales, pero a la vez huimos con
desespero de cualquier zona que parezca mínimamente confortable. Se limita el
concepto al plano de lo físico, de lo material y ahí está: lucro para quienes
viven de la distracción. Vivir para estar costosamente distraídos, relajados,
de aquí para allá. Desorientados. Creo que hay que frenar esa ilusión, esos
ideales de núcleo consumista. Si eres creador, si así lo crees, como en otros tantos oficios, tu
vida ha de ser de laboratorio. Aquí o allá. Poco fotogénica, quizá. Pero de
soledades fértiles, de momentos en los que uno no tiene nombre, sino la
intención de una obra.
jueves, 17 de diciembre de 2015
Freddie Fauno
Freddie se ha rasurado su bigote. Luce el noble atuendo con
el que Nijinsky ha representado al Fauno. Freddie está acostado con sus brazos
cruzados sobre su pecho. Un grupo de personas alzan sus brazos y así lo elevan,
se lo pasan entre sí, arrastrándolo a una caída que no veremos. Luego, Freddie
se lanza, confiado, al vacío existente entre dos filas de hombres que lo
reciben, extendiendo sus brazos. Finalmente, esas mismas personas, acostadas,
giran sobre sus cuerpos, siendo una especie de superficie móvil donde el cuerpo
de Freddie se desliza. Estos son fragmentos del video de I want to break free.
Un video que muchos sólo reconocen porque los miembros de Queen salen
vestidos de mujer. Yo veo en ese bridge visual, usado para pintar con imágenes
el solo impecable y engominado de Brian May, una especie de alusión a lo que es
la vida del artista. No sé si sea la intención o el sentido real, pero me sentí representado. Me sentí tan
fauno como Freddie quizo decirnos que se sentía. Uno, ser dulce de pezuñas,
dador de música y festines, movido por una fuerza que nos eleva pero bajo la
cual también caeremos; uno, confiado en que un grupo de
personas me recibirá y me sostendrá si se me da por saltar al vacío; uno, deslizándose entre la corriente de
los movimientos de cuerpos ajenos, de sus giros sobre sí mismos, de sus bailes. Un
yo Fauno, expansivo, brutal, necesitado, capaz de cantar y celebrar, a pesar de todo. En razón de todo. Por todo.
martes, 24 de noviembre de 2015
Un pensamiento es una acción... ?
Los diccionarios son seres vivos.
Necesitas creer que ya has interiorizado el significado de algunas palabras pero
la confusión es latente. A veces “vida” y “tiempo” te son sinónimos. A veces esas
grandes palabras terminan siendo una misma. No sabrías escoger cuál contiene a cuál o
inventarte una nueva palabra y en un momento, experimentar esa sensación es como si vieras a Dios en contraluz.
Obnubilado te arrastras. Si estás soñando, te despiertas. Si estás despierto,
te excitas. El tiempo es vida. Un pensamiento es una acción.
Tiene su efecto: un placer inevitablemente egoísta.
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