jueves, 26 de mayo de 2016

El aire frío de aquel mediodía



El vacío de palabras que deja el mucho hablar. Estos meses han sido fundamentales para mí. Andar por el centro de la ciudad, por calles anónimas, por mangas que parecen olvidos de los arquitectos, por callejones que huelen a ropa limpia, por debajo de blancos cielos, por una calma que nos adjetiva, que nos conforma. He descubierto verbos: trenzar. Y una manera de conjugarlos: trenzar el juego. En una canción la flor del mar, el caos tropical, un nuevo corte de pelo: para llenarse, primero hay que vaciarse. Besar ha sido beber. Sentir nuevamente el frío en la nuca. Leer mucho. Cantar. Escribir. Romper papeles. Componer. 

domingo, 24 de abril de 2016

CV: off


Los que trabajan en los call center. Son ellos quienes debieran regresar al campo. Renunciar a la bastarda idea del éxito profesional, a las ambiciones del individuo.
Es egoísta que lo diga pero es más egoísta que estos humanos sigan siendo esclavizados en instalaciones tristes. El mundo puede sobrevivir con seis mil millones de campesinos más no con la misma cifra de trabajadores de call center, o de abogados, o de cantantes de ópera, o de periodistas, o de editores de revistas.
Por eso algunos debiéramos volver al campo y esperar que algunos beneficios de la ciudad no nos sean ajenos. Obligarnos a dormir a las siete de la noche para levantarnos a las tres y media de la madrugada a funcionar. Irnos lejos, un poco más allá de esa montaña, para ser sembradores. Ser un ceño fruncido en sombras bajo la plenitud solar del medio día. Cansancio y voluntad ante largos caminos. Cayos. Dolor. Ampollas. Brillo de hoja lisa, de ojo de vaca o de gallina. Sólo así lo noble, la única pureza fértil. El asombro ante la montaña, ante los ciclos de la vida. La necesidad del mito, de matar a los dioses asesinos de antiguos dioses. A ellos que amándonos nos debilitaron. La lluvia nos acuesta. Es mejor reconocer, tarde ya, el fracaso colectivo. Que algunos apaguemos la máquina y nos vayamos. O no que nos vayamos sino que regresemos, porque no sería irse: sería volver... ¿volver a qué? no sé, quizá a iniciar un ciclo de nuevos errores, seguramente. Pero volver. Una generación que sea el respiro que la humanidad se da. Un olvido de sí misma, del fuego que desde adentro la consume, de su gastritis.      

miércoles, 23 de marzo de 2016

Éxtasis simple


Gracias a Juan F., nuestro maestro amigo.


¿Qué debo ser y hacer para sentirme seguro en un escenario? Esa es la pregunta de mi hoy. ¿En qué baso mi seguridad? Antes me concentraba solamente en el hecho de tener una idea, pero luego dejé de sentir que una idea, algo por decir, era suficiente para justificar mi presencia en el escenario. Esta era importante, sí, pero no por el hecho de tener algo por decir me sentía seguro. Quise resolverlo desde lo menos esencial (lo menos comprometedor): guitarras bonitas, ropa bonita, luces bonitas, peinados bonitos, enfrentándome así a otra realidad: todo eso bonito en mí se veía feo. Impropio. Irrealizable. Pretensioso. Y más porque algunas de esas guitarras ni siquiera eran mías. O nuestras (o de la banda… que sólo somos mi hermano y yo). En febrero todo cambió: la vida familiar, las guitarras, las posibilidades, las intenciones. Ya no queríamos nada que no fuera esencial. Y ante la pregunta por algo que no es, surge el afán por reconocer lo que es.
Ya no me puedo esconder detrás de una guitarra. Ya no me puedo esconder detrás de riffs y solos que no llevan a nada. En ambigüedades sonoras sin pulso, inarmónicas. Y está bien que la música para mí sea un suceso, un accidente afortunado, un jam, un panorama sonoro que nos indica que todo fluye de manera constante, que la vida es un río y que nosotros somos la fauna que lo habita, llevando dentro de nosotros otra fauna, otra flora y otro río. Pero al menos es importante conocer la música, aceptar que pisar un pedal de distorsión no es la única forma de darle fuerza a una sección. Ensayar me da seguridad. Pero, ¿ensayar qué? ¿Las mismas canciones que compuse y nunca ordené, dejándolas así tal vez porque tuve afán de terminarlas o por mi necesidad ridícula de “ver quién me está hablando” o por algún otro misterio de la distracción? Recuerdo la frase de mi primo Franco: “si uno toda la semana ensaya: dos más dos es cinco, dos más dos es cinco, dos más dos en cinco, y si para el día de la prueba nadie te ha dicho que dos más dos es cuatro, todo ese ensayo fue en vano”. Por eso exigirme me da seguridad. Componer bien me da seguridad. Y para mí componer bien es saber extraer el jugo del alma de cierta vivencia y ser capaz de envasarlo en una canción, y siendo así sé que eso se puede lograr sin papel, lápiz y guitarra, porque la melodía son fotogramas de la corriente cósmica que somos. No necesitamos un delay, necesitamos acordes espumosos y afilados y juguetones. No necesitamos de más artificios sino de la precisión que demuestra fuerza. De un ritmo que sea verbo. Del uso del silencio. De escuchar. Michael Jackson componía bailando en un árbol. Escalona, bajo la descansada sombra de algún cultivo.
¿Y mi cuerpo? ¿qué pasó con mi cuerpo? Mido lo que mido: ¿por qué encorvarme? Hago demasiados gestos: ¿cuáles son necesarios para emitir el sonido? No se trata de cumplir con un deber ser, sino ser. Ser sin diseñarse. Dejar de ser un mal imitador. Encontrar el ritmo propio y probarse en escena. Nijinsky marcó a Mick Jagger y Mick encontró sus propios pasos.
En tiempos de inundación electro pop y aparente recesión intelectual, ambiciono lo esencial en todo lo que hago y al menos estar en esa búsqueda me hace sentir más seguro.        

martes, 9 de febrero de 2016

Conversaciones mentales



Colombia es un país vasto. Tantos ecosistemas. Tantas formas de vida. A veces la cultura se queda corta. No corresponde a esa vastedad. Vemos a Colombia como un país tropical pero por tropical entendemos solamente Caribe y por Caribe sólo queremos entender calor, agua, playa, océanos, calentura, virilidad, ánimo sanguíneo, apasionamiento, tambores, movimiento de hombros y un danzar sin despegar los pies del suelo. Mucho sabor del concepto “tropical” ha quedado fuera, ha sido sometido a su vez por un pobre entendimiento del concepto “sabor”. Por eso tantos músicos manifiestan sentirse muy honestos al entonar un reggae cumbiero que no deja de sonarme rancio, o un electro pop con ganas desesperadas de sonar a son cubano, o un rock fusión con salsa, etcétera, etcétera (desafortunado etcétera en esta ocasión). Pienso que si bien nos aceptamos como país tropical y caribeño debiéramos entender que no todo es calor y eso que arriba no sin desagrado recién mencioné; también hay ecosistemas como el bosque de niebla. También hay páramos. También hay una frialdad densa, espesa, dolorosa, armoniosa, alegre, tenue, que nos es nuestra. Una frialdad tropical auténtica y hermosa que mereciera ser reconocida (no sólo protegiendo a los páramos de la minería, por ejemplo) siendo alabada dándole nosotros su representación sonora.   

domingo, 24 de enero de 2016

Me burlo del miedo que me quieres hacer sentir




Un libro, una película, cualquier mensaje vía símbolos, puede cambiar mi meridiano. Alterarme. Y es algo que ocurre rápido y que no dejará de ocurrir rápido. Las ideas se diluyen en sí mismas. Sé que están pero no logro metabolizarlas. Se dan más rápido de lo que yo puedo interpretarlas, como golpes de imágenes, muchas veces sin lenguaje. Lo único de lo que me valgo, lo único que me proporciona cierta calma, es confiar en el tiempo. Someterlas a la prueba de la memoria. Si con los días sigo recordando tal idea, me dispongo a obsesionarme con ella. 

*
Idea: Hay que ser suspicaces. Es recomendable tener cuidado con el concepto de “zona de confort”. Que no vaya a ser un truco, un mecanismo, un método de ávidos comerciantes. Nos quejamos de lo efímero, de la condición líquida de las relaciones actuales, pero a la vez huimos con desespero de cualquier zona que parezca mínimamente confortable. Se limita el concepto al plano de lo físico, de lo material y ahí está: lucro para quienes viven de la distracción. Vivir para estar costosamente distraídos, relajados, de aquí para allá. Desorientados. Creo que hay que frenar esa ilusión, esos ideales de núcleo consumista. Si eres creador, si así lo crees, como en otros tantos oficios, tu vida ha de ser de laboratorio. Aquí o allá. Poco fotogénica, quizá. Pero de soledades fértiles, de momentos en los que uno no tiene nombre, sino la intención de una obra.  

jueves, 17 de diciembre de 2015

Freddie Fauno



Freddie se ha rasurado su bigote. Luce el noble atuendo con el que Nijinsky ha representado al Fauno. Freddie está acostado con sus brazos cruzados sobre su pecho. Un grupo de personas alzan sus brazos y así lo elevan, se lo pasan entre sí, arrastrándolo a una caída que no veremos. Luego, Freddie se lanza, confiado, al vacío existente entre dos filas de hombres que lo reciben, extendiendo sus brazos. Finalmente, esas mismas personas, acostadas, giran sobre sus cuerpos, siendo una especie de superficie móvil donde el cuerpo de Freddie se desliza. Estos son fragmentos del video de I want to break free. Un video que muchos sólo reconocen porque los miembros de Queen salen vestidos de mujer. Yo veo en ese bridge visual, usado para pintar con imágenes el solo impecable y engominado de Brian May, una especie de alusión a lo que es la vida del artista. No sé si sea la intención o el sentido real, pero me sentí representado. Me sentí tan fauno como Freddie quizo decirnos que se sentía. Uno, ser dulce de pezuñas, dador de música y festines, movido por una fuerza que nos eleva pero bajo la cual también caeremos; uno, confiado en que un grupo de personas me recibirá y me sostendrá si se me da por saltar al vacío; uno, deslizándose entre la corriente de los movimientos de cuerpos ajenos, de sus giros sobre sí mismos, de sus bailes. Un yo Fauno, expansivo, brutal, necesitado, capaz de cantar y celebrar, a pesar de todo. En razón de todo. Por todo.    

martes, 24 de noviembre de 2015

Un pensamiento es una acción... ?


Los diccionarios son seres vivos. Necesitas creer que ya has interiorizado el significado de algunas palabras pero la confusión es latente. A veces “vida” y “tiempo” te son sinónimos. A veces esas grandes palabras terminan siendo una misma. No sabrías escoger cuál contiene a cuál o inventarte una nueva palabra y en un momento, experimentar esa sensación es como si vieras a Dios en contraluz. Obnubilado te arrastras. Si estás soñando, te despiertas. Si estás despierto, te excitas. El tiempo es vida. Un pensamiento es una acción. Tiene su efecto: un placer inevitablemente egoísta.

lunes, 19 de octubre de 2015

El guión: Acción


Asistí a un seminario de escritura de guiones; duró tres días. Fue hermoso escuchar a cada uno de los expositores; también lo fue escuchar las preguntas de los asistentes. Escuché más de lo que hablé. Nuevos conocimientos llegaban a mí como una brisa que venía de una catarata. De un torrente refrescante. Renovador. Me guardé tantas preguntas. Fui tímido en un aula. Tal vez mis dudas delatarían mi ingenuidad; tal vez mis cuestiones serían resueltas si no interrumpía  a quien hablaba. Y así fue. Así fue con casi todas mis dudas. Excepto con una, básicamente: ¿Cómo trabajan? Es decir, ¿cómo es el hacer? ¿Cómo preparan sus ideas? ¿Cómo las organizan? ¿Tienen una libreta de apuntes? ¿Se despiertan a media noche? ¿Son noctámbulos? ¿Corrigen poco? ¿Todo lo aprovechan? ¿Desechan algo, acaso? ¿También se están ahogando en su escritorio, en sus archivos de nombres temporales en carpetas de difícil acceso y casi escondidas en el disco duro? ¿También son náufragos golpeados por olas de papel? ¿Por sus viejos diarios? ¿Por su afanada caligrafía? 

miércoles, 2 de septiembre de 2015

Producción y género: sobre Insomnio en Aves


Solemos componer mi hermano y yo. Cuando lo hacemos tenemos en cuenta cuatro elementos: melodía, armonía, ritmo y estructura. No pensamos mucho en el elemento tímbrico pues solemos dar por sentado (quizá sea un error) que iremos con guitarras acústicas. Entendemos que falta cierta producción. Sobre todo, cierta experimentación con sonidos y frecuencias. Pero algunos músicos menosprecian todo nuestro trabajo diciéndonos que nos falta pensar en la producción, como si en la composición concebida a partir de esos cuatro elementos no existiera índice de producción alguna. Al final no sugieren nada. Sólo abandonan a nuestro conocimiento alguna banda que consideran parecida. Otras personas nos preguntan por nuestro género. No tenemos una idea precisa pero nos gusta provocar diciendo que somos punk. Es tierno ver las reacciones. Notar cómo hay quienes a partir del timbre quieren clasificar, definir, entender. Al final del día vuelvo a la guitarra de cuerdas de nylon. Abro el cuaderno, escribo esto en el espacio en que se suponía iba a escribir alguna canción, pienso en el niño sirio cuya vida se diluyó en las olas del mar turco y decido que esta noche le tocaré algo a las ánimas, sólo a ellas, valiéndome de la complicidad física existente entre un vacío delineado por un cuerpo de madera y seis cuerdas. 

miércoles, 26 de agosto de 2015

Racimo de silencios.



En el 2013 escribí un cuento. Lo presenté a un concurso y quedé de finalista. Hace poco volví a leerlo. Lo mejoré. Di con The Usual Suspects. Lo alteré. Luego empecé a leer a Borges. Lo seguí alterando. Luego leí un libro de cuentos muy malos y sentí que sí: definitivamente mi escrito habría podido estar dentro de esa compilación de cuentos malos sin los cambios que le venía haciendo. Creí que se trataba de algo; luego quise que no se tratara de nada, que fuera bonito, sugestivo y ya. Pero varios temas empezaron a relucir en el fondo. Conversé de éste con varias personas y supe, con certeza, que a nadie le interesaría; que fuera como fuera sería un cuento más y que empeñarme en escribirlo era un acto bonito y sugestivo por sí mismo. Sigo escribiéndolo. Van doce páginas y siento que mucho le sobra. Lo abandono. Vuelvo a leerlo pasados los días. Hay mucho en él, debo organizarlo y para organizarlo debo confiar en que alguien lo leerá con cariño y no simplemente para relajarse. Debo estimar al lector, no subestimarlo. Escucho As tears go by y me prometo que será así de claro, sentido y sencillo.