jueves, 6 de noviembre de 2014

... pensarlas como ciudades del mundo


Me recomiendo pensar a Medellín, a Cali, a Bogotá, a Cartagena y a las demás ciudades del país, como ciudades del mundo antes de concebirlas como ciudades de Colombia, pues siento que cuando las pienso como ciudades de Colombia, algo inmediato e impreciso (¿insondable?), me lleva a excluirlas del mundo; o sea, es como si haciendo parte de Colombia, no hicieran parte del mundo. Tal vez esto se deba a que yo, colombiano, le temo más a los colombianos que lo que cualquier otro extranjero podría temernos. También pensar las mencionadas ciudades como ciudades del mundo, me pone de frente a las expectativas que tengo de mí mismo, llevándome a exigirme más, a expandir el área de mi ambición, a ampliar la periferia que demarca mi zona de acción.

domingo, 2 de noviembre de 2014

No creo que se cometan pecados sino acciones de mal gusto


Nunca me había preguntado acerca del llamado “conflicto colombiano”, el cual más que un mero conflicto me parece una guerra tan viva como pasmosa. A mí parecer se equivocan quienes consideran que es este el único problema del “país”, dando por cierto que el cese al fuego nos representaría la solución a todos los problemas. Yo creo que no es así, que hay muchos otros problemas más peligrosos y silenciosos.
Sobre los supuestos diálogos, que preferiría llamar negociaciones, debo decir que es evidente el afán del gobierno por hacer las cosas más que por hacerlas bien.  También es notorio que la mayoría nos sentimos humillados por este proceso de “paz” que más pareciera ser una imposición inentendible y arbitraria.

Dado este panorama de problemáticas abstractas, la impotencia nos apabulla, o mejor, me apabulla. Pero perpetuarme en este sentir es una decisión; no creo que estemos obligados o destinados a sentirnos de una misma manera por toda la vida. Por eso he “reducido” esos grandes problemas a lo personal, a lo cotidiano, y he sabido distinguir en mí ciertas actitudes que me hacen tan culpable como los violentos implicados en la guerra. Lo primero, es heredar odios. Lo segundo, creer que las cosas deben ser de cierta manera. Tercero, creer que si estoy mal es por culpa de algún otro. Cuarto, asegurar que la paz es un estado externo. Y en esto último, quiero profundizar para llegar a algo que considero como aquello que me hace sentir culpable y que por tal, procuro cambiar.

Para mí la paz es una condición íntima de armonía, claridad y equilibrio y no quiero decir, con esto, que la paz pueda ser representada por un hombre pasivo, impasible y flemático, que se atreve a conservarse así ante el caos que pueda rodearlo. No: la paz no es indiferencia y egoísmo y heme acá ante la gran característica que me hace sentir casi tan victimario como los políticos corruptos, los médicos negligentes o los que disparan fusiles siguiendo órdenes cuyo sentido no se esfuerzan ni se atreven a analizar.
Si todos los colombianos, o la mayoría, son como soy, está claro porque Colombia no alcanza a ser un país sino un remedo de ello. La indiferencia con la que creemos poder hacer frente al dolor (incluso en las relaciones sentimentales) y el egoísmo con el que pretendemos habitar esta zona de guerra, es el punto ciego al que no alcanzan a llegar los diez mandamientos, ni las leyes del estado - y ni más faltaba-.
En parte creo que se debe a la educación individualista que nos dan. Los colegios suelen ser espacios sin contexto; edificios de aislamiento y hacinamiento en los que se simula un juego que muchos juegan hasta morir.
Y bien, esto no sería inadecuado si al menos nuestro “correcto hacer” tuviera efectos positivos en el medio ambiente o en la cultura, pero como siendo eso que debemos ser, o hemos debido ser, hemos dejado el planeta en las condiciones que está, creo que es necesario y urgente recapacitar.

Al graduarme de la Universidad evidencié como la inmisericorde mayoría de mis compañeros se sentían bien sólo si conseguían un trabajo. Mediante el trabajo sentían que podrían progresar, avanzar, realizarse como personas. Bien, eso parece ser cierto. Pero, ¿de verdad estaban haciendo algo? ¿De verdad estaban trabajando? Algunos realmente padecían necesidades extremas y debían enfrentarse a condiciones de ligera pobreza, pero no es a ellos a quienes cuestiono sino a todos aquellos quienes se atreven a cerrar los ojos ante los problemas del mundo luego de haber obtenido lo mejor de él: educación, hogares, viajes, saciedad, cultura… me refiero a esos que como yo sólo quieren tener dinero para expandirse hacia todas las direcciones que le indiquen su deseo, a esos egoístas que trabajan sin sentido de vocación para ganar dinero fácilmente (porque sí, por más estresados que aparentemos estar, es muy fácil) con el objetivo de gastar más y no regidos por la ambición de hacer del mundo un mejor lugar. Aun así nos atrevemos a cuestionar la existencia de Dios y nos burlamos de todas las creencias… ¡qué vamos a ser capaces de percibir la esencial presencia de alguna deidad si ni siquiera somos capaces de concebir el mundo sin dinero!

Lo más feo es que aceptamos que somos materialistas y lo decimos con tanta altanería que no podemos sino seguir siendo esos niños que subían los hombros ante el regaño. Dinero, mujeres, placer; viajes, aventuras, la novedad; la letra capital, la mayúscula, el éxito; mi espacio, mi señora, mi vida; los míos, lo propio, mi nevera; la fiesta, mi espacio, mis sueños; la comida, mi comida, más queso y con queso extra; mi seguro de vida, mi otro carro, mi finca; mi guayabo, mi psicólogo, mi abogado; mi dentista, el pago de la cuota de mi tumba, mi barriga.

Colombia no existe; nosotros no somos capaces de ser todo lo que acá podemos ser; no somos gente para habitar este territorio fértil. Lo único que merecemos es irnos a otros lugares donde haya buenos bares, donde no roben y donde se pueda disfrutar de un buen sistema de transporte público (es la idea máxima que podemos hacernos de “una buena ciudad”); no merecemos vivir en esta tierra de la que brota tanta energía.  

viernes, 24 de octubre de 2014

Antes de la justa exposición.


Encontrarse con William Blake en un rincón de la rutina. Inspirado por él, aceptar de nuevo antiguos deseos. Todo parecía estar bajo control hasta cuando te leí. Luego todo lo veo bajo tu influjo: los platos sucios que me aguardan, los rostros que veré esta noche desde el escenario, mi herencia genealógica, l@s twitstar que se revuelcan en su falta de contención, y un Wilde que vuelve y me dice: “Se es dueño de lo que se calla y esclavo de lo que se habla”. 
Estar embarazado de varios cuentos, de crecientes ideas, de melodías que deberé formar con palabras y términos… nada leve cuando lo que se tiene por decir es que hubiera sido mejor descubrir a Dios por nuestra cuenta, como un ente perpetuo que aún podemos descubrir y que no depende de las teologías pasadas, sin que nadie nos lo presentara bajo términos caprichosos y con ese malandrito tradicionalista. Creo que eso sería justo; por algo se le conoce como el innombrable. Tal vez esté inmerso en nuestra cotidianidad como un presentimiento logrando que, para algunos, su efecto sea el de la Bloq. Mayús del teclado, mientras que para otros sea el de un somero Esc.
¿No es sagrada esta época? La hierba sigue brotando, ahora mismo alguien nace y el sinsentido existencial se mezcla con el impulso vital. Esto me resulta paradójico pues aunque no sé si la vida tenga sentido, empiezo a creer que es la vida misma, el sentido en sí.  

domingo, 28 de septiembre de 2014

Lo disimulaste pero lo hiciste



Todas las acciones son una inyección de fuerza a la realidad; una manifestación que condensa cierta cantidad de energía. Indiferente de la finalidad de cada una de ellas, en el momento de decidirme a actuar, opto por aquella que considere ser más enérgica, más fuerte; aquella acción que sea más acción, y no hablo de aquella que implique más movimiento, volumen, corpulencia o bríos. Me refiero a aquellas acciones que así siendo sólo intentos, son acciones intensas, como lo son, por ejemplo, el intentar hacer una canción o el intentar hacer sentir amado a alguien.   

jueves, 28 de agosto de 2014

Nuestros días


¿Cuánto del hombre contiene una sola tuerca?
¿Cuánto conocimiento contiene un teléfono?
¿Cuánto conocimiento contiene, de modo implícito y explícito, una barra de mantequilla? ¡Cuántas generaciones, cuántos esfuerzos anónimos, cuántos errores mortales, cuánta dominación humana sobre las especies y los elementos! Con cuanta facilidad sabemos que hoy no nos golpeará un cometa, con cuanta tranquilidad podemos cumplir con nuestros planes. Apenas empiezo a ser consciente de todo en lo que estoy inmerso. Nada me rodea. Todos somos parte de lo mismo. Estamos ligados por consecuencias cuánticas... y esto incluye a los pensamientos, todo aquello que creemos que no alcanza a ser.  
Seguimos tratando de encauzar la incertidumbre, todas las variantes que se nos escapan, mediante leyes, normas y dictámenes. Pero, por naturaleza, sabemos que sólo nos queda confiar en la voluntad humana y está claro que antes que alguien actúe por voluntad, lo hace es por necesidad.
...¿Cuántas encarnadas necesidades anteceden nuestra comodidad y fundamentan nuestra civilización?...

domingo, 24 de agosto de 2014

A mi hijo


Me encuentro a mí misma, de nuevo, esperándote. Desde el balcón de otra edad, desde otra vida. Sé lo que aún no quieres saber. Sé que te estás esforzando por creer que estás pasando bueno. Sé por qué mañana, luego de tanta noche, querrás salir corriendo, pero quejarse trae consecuencias. ¿Vivirás de arrepentimiento en arrepentimiento? Tú decides. Mas no te mientas. Vuelve a leer: no te mientas. Miénteme pero no te mientas porque de ti depende que te guste existir. Yo sólo puedo esperarte y esperar que la botella no te dure toda la vida. 

sábado, 9 de agosto de 2014

La intensa búsqueda de aquello que no se quiere encontrar


No perder oportunidad alguna para dejar de creer y a la vez caer en la tentación de creer que se tiene tiempo... y así envejecer poniéndose a sí mismo en fila de espera. Hábitos semanales, incapacidad para ver "más allá", refugiarse en la importancia de vivir el presente. Pero, ¿qué es el presente? Fétidos guayabos, árboles partidos por un rayo, ecos de fiestas, sueños melancólicos, cervezas trapenses en promoción y una mascota que al otro día te mira. El presente es necesidad de orden, uno brindado por la claridad de la que me alejan palabras como amor, error, libertad, dignidad y felicidad...
... pequeñas siestas en un taxi. Las luces de la falta de memoria que es la misma falta de control... "soy algo más que un ebrio" quisiera creer pero... como dije, hoy no sé por qué no pierdo ninguna oportunidad para dejar de creer. Lo único de lo que no dudo es del placer efímero, que por efímero me pesa más. 

viernes, 18 de julio de 2014

Alejarse versus ausentarse / ¿Tiempo o Espacio? (…y otros títulos engreídos y aburridos)


Según dice el refrán “aquel que mucho se ausenta, pronto deja de hacer falta”. También lo he escuchado cambiando el "ausenta", por un “aleja”, así: “Aquel que mucho se aleja, pronto deja de hacer falta”. Ahora bien, más que discutir si esto es cierto o falso, creo que hay una contradicción tremenda que nadie parece notar.
Si admitimos el aleja, o sea “aquel que mucho se aleja…” quizá no sea tan contradictorio pues cabría la posibilidad de que esta lejanía se refiriera a una condición espacial en vez de tiempo, y por tanto aquel que mucho se distancia, en tanto se va muy lejos, pronto dejará de hacer falta. Independiente de su veracidad, es válido.
Pero si dejamos el ausenta, o sea “aquel que mucho se ausenta…” la posibilidad de aceptar la condición espacial desaparece porque la naturaleza del verbo sólo nos permite entender esta frase mediante medidas de tiempo. Es decir, aquel que durante mucho tiempo está ausente, pronto deja de hacer falta.
…Pero, ¿no es acaso evidente que si durante mucho tiempo estuvo ausente, no ha sido pronto que ha dejado de hacer falta?

Considero que este refrán tiende a culpabilizar y a señalar… igual, ¿para qué hacer falta? No creo que sea esa la intención de quienes se ausenten o se alejen. 

miércoles, 2 de julio de 2014

Apunte breve


En el momento de crear determinado personaje o determinada acción, lo importante es lograr que aparente ser verosímil más que real. O sea, no intentamos que parezca real si no “creíble” dentro de cierto contexto. Superman o la dramática intervención médica del film "Face/Off", por ejemplo. Ahora bien, en el momento de los diálogos de un guión, para lograr tal verosimilitud he debido aprender que en nuestra cultura el silencio no es muy respetado y que pocas personas atienden al sentido de cada palabra, o grupo de ellas, que han de pronunciar; hay muletillas, ruido nervioso y palabras que sobran, y entre tales, es que ambicionamos transmitirnos un mensaje. A veces, esto lleva a que hablar no represente acción alguna, sino solamente eso: hablar. Saludarse, despedirse, quererse, informarse. Sin preguntas hay respuestas, nos decimos pequeñas e inofensivas mentiras a manera de favor. Nuestra rutina se mantiene en procura de evitar ese silencio que usualmente no sabemos manifestar  y el cual nos lleva a preguntarnos: ¿Qué te pasa? ¿Por qué estás serio? ¿Por qué tan callado? ¿Todo está normal? Y en el fondo de estas preguntas palpita una súplica y un control. No queremos que pase nada y se habla muchísimo para que cuando necesites verdaderamente expresarte, ya no quieras hacerlo. 

lunes, 23 de junio de 2014

Del orden y la redundancia; de ideas y rutinas que rebotan y rebotan.


Quiero tinto pero una mosca muerta me espera dentro de la cafetera llena. Debo, de nuevo, preparar café y esperar a que esté listo. Otra espera se antepone a otro placer.
Me enredo en la red para distraerme de la soledad. Suena All is full of love de Björk y sigo pensando que la soledad es inevitable como la vida misma, más expansiva que el morbo que a veces me dirige. ¿Cuál será nuestro origen? Creo que lo que soy estando solo porque eso que llamamos soledad es nuestro dios. Está en todos y en todo sitio. En sí nos experimentamos.
… el café ya está listo…
… siento la fortuna de vivir en una vida de instantáneos simultáneos: el internet, el café, los romances, este escrito… las esperas son frecuentes pero cada vez más cortas…
… la impaciencia surge… la capacidad de sentir placer se agota…
All is full of love, All is full of loneliness... no, así no: All is full of solitude
... la oferta, la mutación, la importancia de la incertidumbre, el internet y su información deforme. Nada ahora me abruma. Un soplo de precoz esperanza me enamora de nuevo de la vida porque flota solitaria en su vecindario y porque es inevitable, como lo es el paisaje para el humano, como lo es para mí la inspiración: sea toda mi vida un exaltación cantada y escrita.