domingo, 23 de junio de 2013

Gracias a José Augusto Trinidad Martínez Ruiz - Azorín



Escritor sofisticado cuyas creaciones lograron conmoverme, abrazando enteras varias de mis jornadas, sin generarme algún tipo de agotamiento. Además, no sé por qué sus obras me remitieron con agrado y gratitud a esas madrugadas en las que mi mamá entraba a la habitación y, para despertarme, suave decía: “ya es hora”. Debo reconocer que no me gustaba esta expresión porque representaba dejar el tibio dormir y emprender un compromiso matinal con la inmensa incertidumbre, con los instruidos e intimidantes profesores ibéricos, con la cultura, con la acción y, en general, con toda esa época colegial, hoy necesario puñado de recuerdos. 

viernes, 24 de mayo de 2013

Ciudad de vitrales marmoleados


Aunque todo lo atraiga hacia sí, ella es insular. Linda, atemorizada, aislada y emergente. De raíces enfriadas por el rocío de los jardines que decoran sus lomas. Rejas, parques y campanarios; de entre las tejas y los ladrillos, escurren y brotan las enredaderas indiferentes y abrasivas, como pandillas silentes que algún día nos sumergirán de tierna manera en sí y harán que, al pasar, el anciano piense ante el lóbrego panorama: ¡cómo está de acabada Medellín! ¡Se marchitó como suavemente se marchitan las flores de las silletas! 

domingo, 28 de abril de 2013

¿Lo notaste?



Ese día nos olvidamos de los colores; fue una tarde intensa de furores, agitaciones y amarguras. Demasiado bombástico para ser demasiado real. ¿Tú lo notaste? En 1990, en el tope de las Torres Gemelas, Depeche Mode interpretó Enjoy the Silence; en el 2001 surgió de manera explosiva, en contados minutos, la Zona Cero de New York; y en el 2011, The Sound of Silence, cantada con emoción por su autor, Paul Simon, resonó en el monumento fúnebre en honor a las víctimas mortales de aquel mal episodio que por televisión viví y no del todo comprendí.
Luego, en el 2013, ¿notaste la presencia de ese eco en el mundo del silencio cuando la prensa notificó que habían encontrado el tren de aterrizaje de uno de los aviones impactados contra las edificaciones?  Nuevamente, orondas y agresivas, words like violence break the silence, trivializándome y confundiéndome  porque llegué a creer en las teorías expuestas en los filmes representantes de la ansiosa y esperanzada búsqueda de la verdad, como Zeitgest y Fahrenheit 9/11. ¿No estaba todo claro? ¿No habíamos acordado estrechar nuestras manos debajo de la mesa y aceptar el engaño como la única posible verdad en todo esto? ¿Vuelve esta carta a estar en la baraja?
La historia como cortina y la desconfianza como la neblina que nos impide reconocer con nitidez los hechos; la decepción y el dolor que recordando se vivifican. ¿Estaba allá o acá? ¿Sentí lo de allá y lo de acá? ¿O acaso los medios me permitieron un estado de ilusoria bilocación? Transferencias pequeño Juan; industrialización, Globalización, hiperrealidad y Geopolítica.
Pero entonces…
¿Qué se sigue? ¿Más conmoción? ¿Más ruido? Los signos son evidentes pero la incapacidad de efectuar lo imaginado ya es general: Cual comunes occidentales, estamos en contra de toda aquella idea que se impone por sobre las ideas que nosotros queremos imponer.  ¿Lo notaste? No dije nada que alguien desconozca. He de respirar puesto que sólo así se ordenan los símbolos de la Creación, sin la necesidad de incurrir en esta clase de rebuscadas coincidencias. 

domingo, 21 de abril de 2013

Lo que se piensa estando bajo el agua


La mayor monotonía que he experimentado fue la de pensar constante y permanentemente en circunstancias eróticas y oportunidades pornográficas. Turbé el espíritu con ideales hasta cuando entendí, un día de manera repentina, que más-no se podría-turbar, que era un efecto de la dominación y que la obra artística que uno ambiciona resulta estar contaminada hasta degradarse y convertirse en meras obviedades con las que uno quiere únicamente agradar y combinarse. Luego, al menos intentar pensar en esa obra la mitad de tiempo que invertí maquinando fantasías protagonizadas por aquellas quienes se incrustaron de manera inocente en mi mente pervertida, preví que el arte, a corto plazo, sería un motivo imposible, otro ideal que me apabullaría, un sueño imperceptible que no dejaría de contradecirme y que no me permitiría definir en ningún sentido y en ningún momento, pero que al menos me haría sentir como si me estuviera creando un alma;  igual a los lindos romances, distinguidos por siempre ser irreemplazables. 

martes, 2 de abril de 2013

Suspira



Estará bien que presenciemos cómo la bola de cristal se derrite y con ella, todas las creencias que encierra en sus lados infinitos de promesas y sugestiones. En efecto, aspiro y espero que suspires: el presente sólo es aquello que sueñas y recuerdas, como lo sueñas y lo recuerdas.
Toda realidad es aprendida y pronto sabremos que deberemos acostumbrarnos a envejecer, sin creer mucho en lo que aseguren los demás, ni tampoco en los dictámenes de las bolas de cristal, que parecen estar vivas, pero no más que tú. En efecto, concéntrate y suspira.

martes, 12 de marzo de 2013

Te mandan a decir...


... que en vez de renuncia, sea un sacrificio y que ojalá la culpa no intervenga en tus decisiones.

viernes, 1 de marzo de 2013

Viento es lo que queda del mundo que ahora es paisaje en el retrovisor



Sobre Vida Querida, casi un año después: Con mis recuerdos inventé historias, reuní e hilé textos aislados dentro de una misma intención, para agradecer según lo sentía, y manifestar que concibo la vida como lo que brota del corte, como la sabia continua, como un todo inevitable: como el único récord y la única fortuna de las especies.  

jueves, 14 de febrero de 2013

♫ “Vienen y van, pero nada te puede tocar” ♫


Le dije que nunca había pagado por sexo y que aquella noche no sería la primera vez. Por eso se animó a preguntarme por mis motivos, por la iniciativa de estar en ese lugar, tan lleno de ellas y de clientes evadiendo la monotonía a cambio de una culpa llevadera. Le expliqué que solamente quería conversar y aunque esto pareciera ser una medida extrema y denigrante, estar allí no me hacía sentir tan humillado como cuando debía, para besar a alguna otra conocida de bares o de aulas, simular durante semanas ser aquel hombre fresco y relajado, sin fantasías que le turben constantemente el espíritu, sin mayores deducciones y fijado a una practicidad destinada al éxito cotidiano.

De nuestro encuentro se suponía no quedaría ninguna historia; creo que ambos lo sentimos y que quizá escribir esto sea traicionar un pacto implícito, pero es inevitable porque la escritura es en parte una paciente mentira que, sin ser engañosa, somete al lector a un punto de vista limitado, como el personal, como el mío propio, como ocurre en este momento. Saberme allí no me produjo miedo, sino una arrogancia egoísta que creo conservar por ser egresado de una universidad, por sentirme privilegiado, aparentemente a salvo de todas las circunstancias ignominiosas que se inscriben diariamente en ese mapa virtual que solemos llamar sociedad, como para ahorrarnos explicaciones, como para entendernos mejor, como para convenir en una causa común: la sociedad aquello, la sociedad lo otro; a ese punto, un tanto anodino, he llegado con mi raciocinio y de ese punto en común, tan gastado como cuando se rima en un verso canción con pasión, espero sacar cada una de mis elucubraciones. Por eso quise desordenar mis precauciones, conversar sin ansiedad,  sentarme en el borde y mirar el vacío prometedor del precipicio; y así fue estar con ella.
Que esa noche, en ese sitio, el sexo fuera previsible, menoscabó su valor. Sabía que si accedía al canje, nuestros cuerpos se unirían con clichés y metodologías que conocí viendo pornografía. La misma rigidez, los cuerpos amasándose; la misma dinámica maquinal y la emergente geometría de piernas y senos; curvas, arrugas, látex y calor. Nada nuevo existiría sin afecto.

Preferí hablar, invitarla a una cerveza y luego a otra. Hablamos de ropa, su mayor vicio según lo mencionó. Yo le hablé de libros pero me sentí estúpido, imprudente y cobarde. Conversamos luego sobre el maquillaje y los circos; sobre viajes y la constitución humana del paraíso; sobre los cojines de los buses y los amaneceres inesperados; de aquellas tardes que uno espera despierto en la cama, pensando, con la esperanza de descobijar las certezas dentro de la mente, desempolvándose. Hablamos incluso de nuestros prejuicios con nosotros mismos, de cómo el sometimiento es un cierre de oportunidades. Hablamos hasta cuando nos interrumpió un hombre decidido a pagarle. Me quedé solo y quise entablar una charla con alguna otra del lugar, pero desistí por lo desesperado y suplicante de este gesto.

Preferí observar el show de la noche y no sé qué en el ambiente, o en la música, o en la mirella fashion que cada una lucía en el rostro, me recordó a Bajo Tierra y, de su Lavandería Real, el ambiente de mi infancia. Cuán lejanos lucen los noventas y cuán cercana, la vejez.
Casi cuarenta minutos después la vi salir; supuse que nuestra charla continuaría pero con su soledad, silencio y postura corporal, me pidió de modo cordial que la dejara trabajar, y obviamente yo me fui: ¿qué clase de humano es aquel que no reconoce el momento en el que ha empezado a estorbar? 

viernes, 18 de enero de 2013

Poca labia



Modestia, inteligencia, protocolo, prudencia o elegancia. Los motivos pueden ser tantos como personas dispuestas a expresarlos.
Alguien, en algún desafortunado momento, sugirió que hablar de fútbol, política o religión, en determinados espacios, era muestra de la pérdida de la decencia y del roce social. De esta manera, ante semejante propuesta que promovía las risas ligeras, el delicado consumo del fiambre y la más perfumada hipocresía nocturna, se deshiló el tiempo convencionalizándose tanto la ignorancia como la represión del impulso que insta al joven a conocer sobre política y religión, las cuales fueron igualadas a los sentires futboleros.
Así sea para hablar mal de ellas, así sea para despreciarlas, es necesario dialogar acerca de estas dos dimensiones del pensamiento humano; conocer al respecto y permearse de puntos de vista ajenos. Sino, de otro modo, pasa lo que actualmente ocurre: desentendimiento generalizado, sofocación, asfixia y una posterior putrefacción de las opiniones o creencias. Sépase que tal evasión quizá sea sugerida por quienes sueñan con un vetusto paraíso en macramé y viviendas dentro de segurísimos centros comerciales, donde solamente se dialogue a través de guiños y emoticonos :3

jueves, 17 de enero de 2013

El borde de una respuesta


Todo indica que madurar es saborear. Ante el aburrimiento lo ideal es desarrollar los sentidos y ser sensible a toda manifestación de la vida, a los espacios y al filo del tiempo.