viernes, 19 de noviembre de 2021

Íntimas reflexiones nerviosas

 

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El entorno crea una sensación de futilidad con respecto al hacer artístico, sensación que me ha llevado a sentirme deprimido, inútil. Es el desaliento como saludo, como si nada de lo que hago, como si nada de lo que puedo hacer a través de mi sensibilidad, pudiera servir, o como se dice, "darme de comer". Y es de resaltar que "servir" es más que "dar de comer". Conectar con las personas mediante los frutos de la técnica, el rigor y la sensibilidad es algo que sirve, y va mucho más allá de la utilidad. 
He debido trabajar en torno a este sentir y hacer más, con enfoque: porque esa futilidad se traduce en irme de fiesta, en alcoholizarme.
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El amor erótico, el amor de pareja es una idealización en mi vida. La costumbre, la tradición, compararme con los demás, ha hecho que esta idealización parezca un deber ser, y como deber ser se instala, se siente en mi vida como una ausencia. Esta ausencia me inquieta, me angustia, y pierdo mucho tiempo mirando fotos de amistades en Instagram y buscando posibles parejas, dejando de hacer lo que debo hacer, o haciéndolo a medias, o diseminando mi atención, quedando débil, cansado, a medio día. Cuando he tenido pareja, el hallazgo siempre se queda corto con respecto al ideal: pasado un tiempo, me canso de la quietud, sospecho de la calma, y empiezo a mirar y a mirar, a indagar y a diseminar mi atención en fantasías. 
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Me gustan las rutinas, pero no cualquier rutina. 


martes, 26 de octubre de 2021

Apuntes gripales

 

En la pandemia descubrí algo cercano a mi modo de vida ideal. No hay nada más peligroso que hablar de un sentido común: ¿cuál es la mano que lo redacta? Dentro de la lógica que supone el sentido común no se admiten ideas como "confía en la poesía de tu corazón". Aún así, ¿qué sería de nuestro vértigo sin esta serie de máximas? Lo más poderoso de la vida, lo vital, va en contra de ese sentido común.

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Creo que hay que enseñar a ser agradecidos de entrada, con el saludo, y no únicamente a dar las gracias en el momento de la despedida. Esto sin duda alguna, desde los modales y la formación en las buenas maneras, se nos volvería hábito, cosmogonía, y viviríamos dando las gracias desde el principio de los procesos y no únicamente al final, durante la vejez o a partir del momento cuando el final se presiente. 

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Muchas veces nuestra lectura se torna eurocentrista por la facilidad con la cual se construyen los relatos. Los cuentos, la historia de Europa suele ser tan predeciblemente lógica que somos capaces de comprender los furores de tantas vidas trazando una línea de eventos unidos (forzados) de manera coherente. Pero ninguna vida, ningún momento de la Humanidad ha sido así. Los acontecimientos no se trenzan de tal forma, y creer que es posible que la fugacidad excelsa y voluptuosa de nuestro vivir pueda ser narrada y manoseada así, consuela a pocos, y nos angustia a todos.

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¿Quién, quiénes me enseñaron a usar la palabra de determinada manera? 


viernes, 3 de septiembre de 2021

Al borde de la vida

 

Pintura de Federico Fernández Gärtner

A veces, las provocaciones persisten a manera de recuerdo. El viejo eslogan "el rock está muerto", pareciera ser parte misma de la iconografía del rock. Lo dijeron en los setentas, lo dicen hoy. Ya ni me importa... aunque a cada rato me quede pensando en cómo responder. Lo que sí me afecta es la necesidad de matar para seguir, para avanzar, y esa necesidad de construir un veredicto oficial, una noción de moda, de presente absoluto. No sé por qué pero nadie se la pasa diciendo "la salsa está muerta" o "el expresionismo alemán está muerto" o "el arte paleocristiano ya no pega"; tal vez sea parte del karma de la estética del rock n' roll... tal vez sea una forma agresiva de hacerle caer en cuenta al viejo que ya no es un jovencito... que andar borracho no es sinónimo de prestigio. Aún así, la música vive para quien la escucha y se emociona con ella. De la manera que sea que la consuma, que llegue a ella, si se conecta con esas pulsaciones, con el ánimo de cierta melodía, de cierta canción, obra o baile, eso basta para que esas dos existencias, arte y persona, se alimenten, se insuflen de vida, se aviven.

Hoy una persona escuchó por primera vez "Música ligera" y "Lamento Boliviano", y se sintió feliz de estar viva. 

Son las ventajas de siempre andar dispuestos, al borde de la vida.

 

miércoles, 25 de agosto de 2021

Lo imposible

La palabra “texto” proviene de “tejido”; supongo, que escribir, de alguna forma, es tejer, urdir, entramar. Este tejido, que ha intentado surgir a manera de canción, de mensaje, de cuento, versa de lo imposible. O mejor, lo himposible, imitando el juego que propone Cortázar.

Es imposible - o himposible - por ejemplo, concebir la cuarta dimensión. Vivimos en la tercera. La segunda son los planos. La primera, una línea sola. Es más fácil comprender la cuarta dimensión si se sugiere la siguiente idea: la sombra de los objetos tridimensionales son bidimensionales: toda sombra es plana. ¿Cómo es la sombra de una esfera? ¿La de un cubo? Ambas, planas. En este orden de ideas -o de delirios-, “los cráneos de la física” explican que nuestra dimensión, la de los objetos 3D (incluyendo el Cristo que invoca Cerati en su lujuriosa bocanada número 8, “Verbo Carne”), es una especie de sombra de la cuarta dimensión. Esto quiere decir que alguna especie de luz nos proyecta, nos crea.

Dicen que la meditación trascendental nos permite sumergirnos en un campo que unifica todas las dimensiones (esas 11 dimensiones de la Teoría M). Y eso que solo podemos concebir tres... los Ángeles, en cambio, pueden subir y bajar, vagando benevolentes entre todos los pisos del edificio. Sin embargo, hay muchas otras cosas que uno no logra concebir. Como por ejemplo, los 900 mil millones de dólares que se gastaron en la guerra contra Afganistán. Himposible. Hinconcebible. Decir esa cifra es decir nada. Es tan vago como hablar de la cuarta dimensión. ¿Están esos dólares sustentados en oro? ¿Es esa cifra una representación de la fuerza de trabajo? ¿De las mañanas y los desangres?

Y esto podría volverse una diatriba en contra de ciertas economías y modos de vida (y un ditirambo a favor de otras y otros) pero prefiero cambiar, hacerlo íntimo, y narrar en segunda persona.

Decir tú, porque hay un tú.

Un tú tan imposible, tan inconcebible para mí como esos 900 mil millones dólares o la cuarta dimensión. Un tú que no fui capaz de prohibirme pese a mis promesas y vocación de sacrificio.

Ni yo tengo explicación, aunque bueno, preparaba el libreto de las clases pensando en ti; mi impaciencia era el afán de sentirme tranquilo, fresco… quizá por eso antes me aseguraba de hacer ejercicio a fuerza de Pet Shop Boys y Culture Club. Junto con la Weidman 12%, fuiste el gran estímulo de principio de año: una forma de mi sentido de recompensa.

Pero aún así, el del sábado, fue un momento imposible, inconcebible, cuartodimensional. Ser capaz de cruzar el umbral del miedo sin duda, sin nada distinto a la necesidad de acercarnos, luego de estos diecisiete meses de distancia y jabón, fue mi meditación trascendental: por un segundo – o menos – se me hizo comprensible el multiverso, y lo disfruté: en esta dimensión fuimos un abrazo, un roce; en otra, el latido de mi pecho; en otra, la voz de Lou Reed; en otra, el narcótico que él se inyectaba y que le animó a componer aquella canción que nos acompañó; en otra, el acorde Dmaj9 que debe estar en alguna parte de esa canción que quiero componer para nutrirme de tu voz cada vez que la interprete; en otra, tu hermosa habilidad de crear espacios moviéndote…

 And I guess that I just don’t know.

martes, 17 de agosto de 2021

Sobre el hábito de las discusiones imaginarias

 

El hábito de observar mis pensamientos me ha llevado a reconocer mi tendencia a urdir discusiones imaginarias, sobre todo en las horas de la mañana. Casi siempre, en estos espacios, respondo a las agresiones que en su momento me afectaron hasta hacerme quedar callado o asentir de manera resignada o sonreír falazmente. Cuando vuelvo a ellas, en la discusión que imagino, hiero, devuelvo la agresión. Por ejemplo, con cada día que pasa, es más probable que me acusen de padecer el síndrome de Peter Pan. Consciente de lo que esto quiere decir, de la clase de principios que mueven a los teóricos que desarrollaron este supuesto trastorno, de las conductas y hábitos de consumo que privilegian, en mi mente encaro no sin agresividad estas acusaciones que me hacen y que son en extremo violentas. Puedo pasar varios minutos puliendo la piedra, buscando la manera más efectiva y fatal de ser hiriente con mis argumentos. Finalmente, la pelea se va desintegrando pero el ánimo de lucha, la sensación de alerta, la energía agresiva quedan en mí y se demoran varias horas en irse.

Es entonces cuando el hábito de observar mis pensamientos me ha permitido darme cuenta, con prontitud, del momento en el que las turbinas se prenden e inicia la pelea.

Así he aprendido a detenerla, a detenerme. Miro a mi alrededor y reconozco lo que hay, lo que he construido, con mi trabajo, con mis actitudes, con mi manera usualmente cordial de tratar a los demás. Luego, los pensamientos se desvían en otra dirección, a veces hacia otra pelea, y vuelvo a encausarlos hacia otros ámbitos, hacia otras sensaciones. Presiento que antes estaba apegado a este tipo de conflictos porque creía que constituían el mejor nutriente de mi escritura, pero Kawabata, Camilo Suárez, entre otras presencias, me han enseñado que no tiene por qué ser así.

También existen los conflictos amables.

Algo más: al leer a Jaron Lanier supe que los mecanismos de interacción que facilita el internet, están diseñados para alimentar esta agresividad, estos soliloquios llenos de conflicto, nuestro trol interior. Por eso prefiero no usar el celular sino hasta después de desayunar, unos pasos adelante en la jornada, y no recién me despierto, estando aún entre las cobijas. 


miércoles, 21 de julio de 2021

Un blog...

 

Un blog, tan público como secreto, en el cual no concentro mis ambiciones ni mis ambages. Un blog en el que dejo lo que se me va ocurriendo, una o varias veces al mes, desde aquel soleado y feliz junio de 2010. Un blog en el que escribo acerca de temas tal vez menos anónimos que yo, sin la necesidad de llamar escrúpulos a la prudencia, o desahogo a mis afirmaciones. Un blog que me ha enseñado más de lo que yo lo he escrito, y que podría evidenciar mis contradicciones sin delatarme: mi principal verdad ha sido y es el lenguaje, y algunas mentiras me resultan convincentes por lo bien que suenan mas no porque las crea ciertas. Un blog que estará por encima y por debajo de todos los libros que sigo intentando escribir y publicar. ¿Con qué descaro saludaría yo si algún día alguien llega y me dice: “me lo leí enterito”? … pues nada: sería repetirme y que se aguante.


miércoles, 23 de junio de 2021

Prescindir de algo no es lo mismo que desconocerlo...

 

Prescindir de algo no es lo mismo que desconocerlo o que fingir desconocerlo. Prescindir del uso constante y cotidiano de internet a manera de estrategia para sentirse mejor, no es lo mismo que idealizar un pasado en el cual desconocíamos (y tal vez ni imaginábamos) los alcances, la extensión que alcanzaría a tener la red.

Prescindir porque se ha experimentado o se ha sido testigo de las consecuencias de su uso, y sobre todo, prescindir del hábito de ridiculizar porque es degradar la capacidad intelectual humana.

viernes, 28 de mayo de 2021

Manojillo de ironías

 

Antes, el acto era conectarse a Internet. Una llamada podía tumbar la conexión. Navegábamos frágilmente, pero con cierto rumbo.

Ahora, el acto es desconectarse de Internet. Aún dormidos estamos navegando, pero ya sin rumbo, en un scroll infinito producto de la adicción.

Sí: más que navegantes, somos náufragos. 

A veces, un chispazo, un reflejo, un dolor, nos hace recordar la utilidad de Internet. 

 

Hace algunos años, un grupo de hombres y mujeres se cansaron de Dios y lo convirtieron en idea, fetiche y sofisma.

Confío que algún día se repita la ocasión, la víctima no será menos inocente: un feral Zaratustra se pregunta, en la mitad del bosque: "¡Cómo es posible! Este Santo aún no ha oído que Internet ha muerto".

Y con su muerte, ¿cuánto arte? ¿Cuánta música sanadora? ¿Cuántas verdades? ¿Cuántos blogs como este?  


viernes, 21 de mayo de 2021

Una opción para el futuro de la industria de la Música.

 

Obra por Federico Fernández Gärtner

La música puede sobrevivir sin industria; la industria incide en la naturaleza de la música. Todo está en transformación constante: algunas cosas pasan (el Ipod, las mp3), otras no (el vinilo).

 

Anoche tuve un sueño: me encontraba con dos amigos de mi hermano. Solo conocía a uno. Él me presentó al otro; ese otro me invitó a subir a su oficina de diseño. Allí, me encontré con su colección de música. Tenían una versión libro-álbum, de unos 210 x 290 mm, del Madrileño, de C Tangana. Luego, me dijo: “¿Has escuchado a….?” No. Le respondí. Su incredulidad le hizo llevarse las manos a la cabeza. “Lo tenés que escuchar”. De la vitrina empezó a seleccionar unos muñecos, figuritas. Me dio una: ese muñeco era el disco. Luego, se arrepintió, y tomó otro muñeco: “No, mejor escuchá este”. Yo lo recibí. Venía en una cajita de solo dos lados: la de atrás y la base. En el reverso de la de atrás, venía la lista de canciones. “¿Sabés cómo funciona?”, me preguntó. Yo asentí porque en el sueño lo sabía. Luego, desperté sin saber cómo hacerlo funcionar.

Sin embargo, creo que esto puede representar una forma no sé si nueva, pero al menos sí interesante de vender la música.

En las circunstancias habitacionales actuales, tener una colección de cd’s o de vinilos, es un lujo, y como todos los lujos, resulta innecesario: sí. Lo ideal sería que a los músicos nos pagaran por nuestro trabajo, pero esos tiempos muy probablemente nunca volverán. Internet privilegió más unos oficios que otros: la música se benefició en algunos aspectos, pero en cuanto a los ingresos, la cosa, que de por sí era complicada, se complicó aún más. No obstante, la gente siempre va a querer tener cuadros, objetos de adorno, muñecos: al contrario de los cd’s, nunca he escuchado a nadie decir que las figuras de acción tienen los días contados. Así las cosas, una figura puede ser un hipervínculo, un medio para llegar a cierta música, la cual, obviamente, estará disponible de manera gratuita en internet. Tal vez, esa figura te permita acceder a contenidos inéditos o privados (como Netflix), pero en general todo será en torno a la condición ornamental del arte.

 La imaginación vuela: sueño una figura para el Valeria Morning, o para todo lo que se viene con Insomnio en Aves. Pienso en Iron Maiden, en las bandas que se asegurarán de nunca abandonar el panorama: pienso en un holograma para el Dark Side of the Moon. Pienso, sueño, anhelo y todo lo  comparto acá porque no es un secreto: fue una idea que decanté del inconsciente colectivo: tarde o temprano alguien lo hará y espero que no exista ese “genio al cual se le ocurrió esta historia”. Aunque muy probablemente, se dirá que la idea le pertenece a alguien de Londres, o Nueva York, o Tokyo.  

   


miércoles, 19 de mayo de 2021

Mestizos en contra del mestizaje

 

El Ballet Folklórico de Antioquia cuenta con una obra llamada “Colombia Viva”. La versión que más me gusta es la del año 2003. En esta, se fusionan danzas folklóricas (currulao, mapalé, bambuco, pasillos, contradanzas, joropo, redovas, cumbias y hasta una moña) con el ballet (que no deja de ser una forma de folklore) y bailes contemporáneos. Este show es sin duda muy especial e importante en un país segmentado por la guerra y dividido por los regionalismos; representa una opción para unirnos como nación, más que las victorias efímeras que nos puede –o no- brindar la selección del fútbol, o las políticas de los gobiernos de turno.

El caso es que hace días, mostré esta obra en clase.

Una alumna, proveniente de Tumaco, Nariño, me confesó su molestia. No le gustaba que en esta obra se contaminara el currulao con pasos de danza contemporánea, o el mapalé con el ballet; que le molestaba e incluso ofendía que se irrespetara la pureza que, según ella, deberían conservar estos bailes típicos (como si los mismos no fueran un producto de mezclas y mezclas). En el momento, asumí en silencio su comentario, no sin dejarme de molestar, y lo dejé pasar. Luego, esa molestia se convirtió en advertencia: eso es un complejo y un riesgo, es decir, la búsqueda, por parte de los mestizos, de una supuesta pureza, puede llegar a ser violenta. ¿No es acaso innecesario? La contradicción es evidente: mestizos en contra del mestizaje, la respuesta radical de los pueblos históricamente más golpeados. Ella creerá ser negra – negra, y quizá no acepte su condición de mestiza: la lucha actual en contra del racismo nos pide evolucionar estas clasificaciones, tender hacia lo que nos une, y no andar insistiendo en divisiones, sin que esto implique – por supuesto -  perder el detalle, y dejar de valorar y apreciar los sutiles matices que caracterizan a un grupo humano, y a sus formas de expresión lingüística, pictórica, musical, dancística, gastronómica, literaria.