viernes, 28 de mayo de 2021

Manojillo de ironías

 

Antes, el acto era conectarse a Internet. Una llamada podía tumbar la conexión. Navegábamos frágilmente, pero con cierto rumbo.

Ahora, el acto es desconectarse de Internet. Aún dormidos estamos navegando, pero ya sin rumbo, en un scroll infinito producto de la adicción.

Sí: más que navegantes, somos náufragos. 

A veces, un chispazo, un reflejo, un dolor, nos hace recordar la utilidad de Internet. 

 

Hace algunos años, un grupo de hombres y mujeres se cansaron de Dios y lo convirtieron en idea, fetiche y sofisma.

Confío que algún día se repita la ocasión, la víctima no será menos inocente: un feral Zaratustra se pregunta, en la mitad del bosque: "¡Cómo es posible! Este Santo aún no ha oído que Internet ha muerto".

Y con su muerte, ¿cuánto arte? ¿Cuánta música sanadora? ¿Cuántas verdades? ¿Cuántos blogs como este?  


No hay comentarios:

Publicar un comentario