lunes, 19 de octubre de 2015

El guión: Acción


Asistí a un seminario de escritura de guiones; duró tres días. Fue hermoso escuchar a cada uno de los expositores; también lo fue escuchar las preguntas de los asistentes. Escuché más de lo que hablé. Nuevos conocimientos llegaban a mí como una brisa que venía de una catarata. De un torrente refrescante. Renovador. Me guardé tantas preguntas. Fui tímido en un aula. Tal vez mis dudas delatarían mi ingenuidad; tal vez mis cuestiones serían resueltas si no interrumpía  a quien hablaba. Y así fue. Así fue con casi todas mis dudas. Excepto con una, básicamente: ¿Cómo trabajan? Es decir, ¿cómo es el hacer? ¿Cómo preparan sus ideas? ¿Cómo las organizan? ¿Tienen una libreta de apuntes? ¿Se despiertan a media noche? ¿Son noctámbulos? ¿Corrigen poco? ¿Todo lo aprovechan? ¿Desechan algo, acaso? ¿También se están ahogando en su escritorio, en sus archivos de nombres temporales en carpetas de difícil acceso y casi escondidas en el disco duro? ¿También son náufragos golpeados por olas de papel? ¿Por sus viejos diarios? ¿Por su afanada caligrafía? 

miércoles, 2 de septiembre de 2015

Producción y género: sobre Insomnio en Aves


Solemos componer mi hermano y yo. Cuando lo hacemos tenemos en cuenta cuatro elementos: melodía, armonía, ritmo y estructura. No pensamos mucho en el elemento tímbrico pues solemos dar por sentado (quizá sea un error) que iremos con guitarras acústicas. Entendemos que falta cierta producción. Sobre todo, cierta experimentación con sonidos y frecuencias. Pero algunos músicos menosprecian todo nuestro trabajo diciéndonos que nos falta pensar en la producción, como si en la composición concebida a partir de esos cuatro elementos no existiera índice de producción alguna. Al final no sugieren nada. Sólo abandonan a nuestro conocimiento alguna banda que consideran parecida. Otras personas nos preguntan por nuestro género. No tenemos una idea precisa pero nos gusta provocar diciendo que somos punk. Es tierno ver las reacciones. Notar cómo hay quienes a partir del timbre quieren clasificar, definir, entender. Al final del día vuelvo a la guitarra de cuerdas de nylon. Abro el cuaderno, escribo esto en el espacio en que se suponía iba a escribir alguna canción, pienso en el niño sirio cuya vida se diluyó en las olas del mar turco y decido que esta noche le tocaré algo a las ánimas, sólo a ellas, valiéndome de la complicidad física existente entre un vacío delineado por un cuerpo de madera y seis cuerdas. 

miércoles, 26 de agosto de 2015

Racimo de silencios.



En el 2013 escribí un cuento. Lo presenté a un concurso y quedé de finalista. Hace poco volví a leerlo. Lo mejoré. Di con The Usual Suspects. Lo alteré. Luego empecé a leer a Borges. Lo seguí alterando. Luego leí un libro de cuentos muy malos y sentí que sí: definitivamente mi escrito habría podido estar dentro de esa compilación de cuentos malos sin los cambios que le venía haciendo. Creí que se trataba de algo; luego quise que no se tratara de nada, que fuera bonito, sugestivo y ya. Pero varios temas empezaron a relucir en el fondo. Conversé de éste con varias personas y supe, con certeza, que a nadie le interesaría; que fuera como fuera sería un cuento más y que empeñarme en escribirlo era un acto bonito y sugestivo por sí mismo. Sigo escribiéndolo. Van doce páginas y siento que mucho le sobra. Lo abandono. Vuelvo a leerlo pasados los días. Hay mucho en él, debo organizarlo y para organizarlo debo confiar en que alguien lo leerá con cariño y no simplemente para relajarse. Debo estimar al lector, no subestimarlo. Escucho As tears go by y me prometo que será así de claro, sentido y sencillo. 

viernes, 17 de julio de 2015

Concebir


Temo a un embarazo accidental no sólo por los afanes en que me pondría sino además porque mi relación con la vida misma aún es problemática y no muy optimista: no sé si la existencia sea algo por agradecer. Obviamente, estando ya vivos la salud y el bienestar son valiosísimos privilegios pero, en sí, no sé si la vida, este suspiro de consciencia, este rayo entre dos tinieblas como diría Manuel Mejía Vallejo, represente fortuna alguna. Y aunque asumo como un compromiso diario y personal el deber liberador de encontrarle gusto y sentido al hecho de existir, cuando pienso en la opción de ser papá me entra la angustia de no saber si sea justo crear a alguien extrayéndolo de la nada, del abismo en que nada era, e imponerle esta cotidianidad en la que deberá reconocerse y asimilarse, esta masa de tiempo y espacios, esta niebla de palabras, visiones y conceptos. Así, creo que la pregunta correcta no es si deseo ser papá o si me  gustaría tener hijos, como si se trataran de una adquisición material; para mí la pregunta correcta y determinante es si uno se siente lo suficientemente satisfecho de estar vivo como para someter a alguien más a que lo esté; o sea, si uno está lo suficientemente seguro de que es hermoso estar vivo, si se es capaz de encontrar suficiente belleza y plenitud en la vida, en la naturaleza, en la condición humana, como para animarse a concebir a otro e intentar transmitirle ese gusto por vivir, el cual me atrevo a llamar “amor por saberse existiendo”. Sin embargo, debo ser honesto y admitir que dudo de lo recién manifestado porque existirá la persona que, no encontrándole sentido a la vida, que no encontrando motivos para agradecerla, en el momento en que se vuelva papá o mamá, descubrirá, o le serán revelados, todos los detalles que le harán parecer más hermosa la vida, más llena de sentido, e incluso, al saberla temporal, más íntimamente intensa.

martes, 9 de junio de 2015

La energía de mi juventud


He aprendido a no tomarme personal el deseo que pueda generar; es humano desear y si no fuera a mí, sería a otro.

sábado, 16 de mayo de 2015

Parte 2: Me amo


Una confesión que corresponda a una exploración del yo, es una certeza; no se finge: es algo natural. Así, quiero confesar que mi esencia, hoy, es amarme con la misma intensidad con la que he llegado a serme indiferente. Lo reconozco: me amo. Sin solemnidades ni exageraciones; sin exaltarme ni encumbrarme, yo me amo. Y me amo amando la vida, sin evadirme y experimentándome en la acción. Y aunque me moleste aceptarlo, lo considero un logro luego de haber padecido de un narcicismo autodestructivo con el cual me torné autocompasivo y quejumbroso, y con el que además, pretendí imponerme una frenética idea del éxito en la que la fama era el principal objetivo; tal vez me sentía demasiado lindo e inteligente como para ser anónimo. Pero fuera del laberinto de reflejos, de esa interminable y confusa ruta de poses e ideales en la que me sentí perdido, es que he aprendido a conocerme. No me comparo: no me tengo: no soy. El tiempo no pasa: yo paso en él, siendo. En expansión y en éxtasis. Niño hecho de universo.  

jueves, 23 de abril de 2015

Ser sólo siendo




Ser, ser sólo siendo;
siempre es posible ser directo y sutil al mismo tiempo.
Ser, ser sólo siendo;
sin evitar que seas mi todo,
me daré un nuevo modo de querer
en el primer día de primavera.
Ser sólo una nube, unión de dos, en mi habitación,
tú y yo, y sólo siendo ser
noche en el día, aire que entra, un rayo que da,
intenso silencio divino,
sexo, callar; ser sólo siendo
en el primer día de primavera.
Y si pudiera elegir repetiría esa mañana en que la noche continuó,
dilataría ese segundo de ardiente aceptación;
repetiría así mi vida hasta ese día,
y por ese día.

lunes, 2 de marzo de 2015

La voluntad y el Will de inglés


Preciosa y sugestiva insinuación la siguiente situación: en la gramática del inglés depende del will la formación verbal del futuro simple. Pero también, will como sustantivo significa voluntad. 

viernes, 20 de febrero de 2015

Lo que hay


Ropa de cama nueva, un cambio de cepillo de dientes, una marca distinta de café: cualquier detalle puede renovarme tanto como un trabajo nuevo o el cambio de año o de mes. A veces los afectos, los romances, son los que delimitan mi calendario. Períodos en mi vida, gerundios constantes, que se van construyendo mientras se desmoronan y que a sí mismos se contaminan y purifican, como el agua de las fuentes.
A veces visualizo el porvenir como un vacío de incertidumbres, un vacío de desorientación. Hago frente procurando valorar ese futuro, ese camino que me llama y que ha de ser tan mío y que he de extrañar tanto como las experiencias de antes, por "lo que hay" y no por "lo que queda". Afrontarlo como “lo que queda” lo rebaja, lo somete y de este modo, no es a ese camino, a ese futuro y a sus ofrecimientos a los que rebajo y someto; no. Es a mí a quien me infrinjo este mal, cerrándome a las posibilidades por una enceguecedora nostalgia (o pereza o cobarde tradicionalismo). Afrontarlo como “lo que hay”, es todo lo contrario. Es estar despierto, lúcido; es crecer, sumarse al flujo existencial: ser la época, ser lo que somos.

lunes, 26 de enero de 2015

Un atardecer de espaldas



¿Qué de lo que quiero, en verdad lo necesito? Solía pensar antes de decidirme y he de aceptarlo: esta premisa me libró de muchos errores y alivianó mi vida, pero también, a causa de la misma, me torné inseguro e involuntariamente egoísta. Además, por optar por sólo estrictamente necesario, perdí el gusto por los detalles. ¿Fui austero? no. Insípido, más bien, pues siento que detrás del querer puede estar el tacto divino. Sino ¿qué sería de nosotros si los que han moldeado nuestra era, nuestras artes, nuestra civilización, nuestra manera de sentir, no hubieran elegido la ruta del querer en vez de la ruta de la necesidad? Y de fondo, ¿cuáles son los límites que distinguen "el querer" del "necesitar"? ¿El hambre? ¿El dolor? ¿La humillación? ¿No existe acaso "la íntima necesidad"? Lo lógico no conforma todo lo real y a veces las necesidades son una exclamación de la lógica como ruta de la verdad. Y no. Uno escribe poemas porque quiere; uno compone canciones porque lo desea. La sensualidad, el goce íntimo, la delicia creativa no es producto de una necesidad discreta sino de un querer extravagante, incluyendo las maneras más modestas de la expresión. Y ese es el margen que no alcanza lo políticamente correcto.


En conclusión, supongo que tanto tiempo sostuve esta creencia, la cual hoy se ha fisurado dejando filtrar en mi discernimiento una nueva luz profunda, debido a que soy prejuicioso conmigo mismo y desconfío de mis esperanzas y fantasías; debido a que durante mucho tiempo comprobé cuan nociva puede resultar la expansión ilimitada de mi deseo, llevándome a creer que todos mis quereres eran desestimables e innecesarios. Y hoy, justamente hoy, cuándo la relación conmigo mismo se tornaba pesada e insostenible, una reveladora experiencia me indicó que, en parte, soy un extraño para mí mismo y que por tal no debiera subestimarme: consistió en volver a vivir, después de varios meses, un atardecer en un bus, estando rodeado de universitarios, ejecutivos y obreros. Cuando era parte de la rutina, aborrecía estos instantes, pero hoy, cuando el escaso contacto con las personas suele mediarse por estrategias de servicio al cliente y demás manuales de convivencia, saberme allí, sintiendo que nuevas ideas “volvían” y se clarificaban, me alegró. Supe entonces que era esto lo que quería desde hacía días e insisto, por quererlo, lo necesitaba; pero como solamente estaba acostumbrado a estimar lo que era evidentemente necesario, ya no sabía distinguir qué era lo que quería.