La frase final de la película es
ininteligible (pero de mejor gusto que la palabra “ininteligible”). Debía ser así porque es una frase pronunciada al
oído, durante un fuerte, cariñoso y urgido abrazo, y porque es una frase que sólo
merecía escuchar una sola persona. Es emoción. Humanidad. Es un gesto honesto, indómito, inasible; nacido de las impresiones propias de un instante y no de esa perversa y apasionante abstracción llamada guion. Tratándose
de cine, representa en sí una forma de truco mágico, paradójico y provocador: nos revela
a los espectadores que durante más de una hora y media hemos sido parte de ese
morbo incesante, de esa horda de acosadores ojos que no dejan en paz a los
protagonistas; de esa fastidiosa ansiedad, tal vez derivada de los otros films
románticos, que nos somete y nos hace desear desde el principio una consumación apasionada
entre ellos dos. El protagonista va por encima de ello, y logra vencernos,
conservando para su intimidad de pareja su futuro entero, sus roces, sus promesas. Podremos ser el público y creer que lo merecemos todo, pero Lost
in Translation prefiere a sus personajes y, haciendo uso del libre albedrío del que gozan, pasan por encima de nuestra voracidad.
martes, 14 de abril de 2020
sábado, 11 de abril de 2020
Una coincidencia entre Kurt y Ociel.
En marzo del 2016 conocí a Ociel Gärtner Restrepo. O mejor: me lo presentaron, porque desde ese primer encuentro, único encuentro entre él y yo, supe que a una persona como él no es posible conocerla, así como no se conoce un país, ni a una montaña. Mi tía Yudi, mi mamá Clarita, mi primo Franco y yo pasamos a Riosucio a saludarlo a él y a su hermano Jaime Darío. Debido al viaje, madrugamos; Franco venía manejando más de cinco horas seguidas y necesitaba descansar. Cuando subimos al segundo piso, Ociel le ofreció una cama. Desde las escaleras yo alcancé a ver (e incluso a presentir) la Biblioteca de este hombre. Ante mi curiosidad, me invitó a pasar. Vi allí un cuarto tapizado en libros, en dvd’s, casetes y figuritas. Vi una máquina de escribir, unas gafas esperando, una radio de los días de la radio. En un extremo, el computador, la impresora y una máscara de carnaval, y encima de todo esto, colgando en la pared, el famoso retrato de Kurt Cobain durante el Mtv Unplugged de Nirvana.
- “Ociel, y este retrato, ¿qué?”, no me aguanté las ganas de preguntar.
Él me respondió sin tener que hacer mucha memoria, como alcanzando una presencia inmediata.
- “Era un cantante que le gustaba a mi hijo y ahí lo dejé”.
El encuentro fue grato y duró hasta pasado el mediodía.
Desde entonces, a cada rato me volvía a emocionar aquella sorpresa que sentí ante el contraste. Lo comenté con Franco, con mi hermano, con otros familiares y algunos amigos.
- “En la biblioteca de un primo de mi mamá, que se sabe de memoria dos mil y punta de poemas, hay un retrato de Kurt Cobain… y no un retrato de escritorio, sino un cuadro grande-grande colgado en la pared”.
Como es de prever, la historia no importaba mucho y la máxima respuesta era una complaciente arqueada de cejas, como siguiéndome el juego de fanático encantado.
Encanto de fanático que me volvió a sorprender, hace poco, en medio de la tristeza, cuando me enteré que Ociel había fallecido el 5 de abril.
- “…el mismo día de Kurt…”, no me aguanté las ganas de decir.
- “Ociel, y este retrato, ¿qué?”, no me aguanté las ganas de preguntar.
Él me respondió sin tener que hacer mucha memoria, como alcanzando una presencia inmediata.
- “Era un cantante que le gustaba a mi hijo y ahí lo dejé”.
El encuentro fue grato y duró hasta pasado el mediodía.
Desde entonces, a cada rato me volvía a emocionar aquella sorpresa que sentí ante el contraste. Lo comenté con Franco, con mi hermano, con otros familiares y algunos amigos.
- “En la biblioteca de un primo de mi mamá, que se sabe de memoria dos mil y punta de poemas, hay un retrato de Kurt Cobain… y no un retrato de escritorio, sino un cuadro grande-grande colgado en la pared”.
Como es de prever, la historia no importaba mucho y la máxima respuesta era una complaciente arqueada de cejas, como siguiéndome el juego de fanático encantado.
Encanto de fanático que me volvió a sorprender, hace poco, en medio de la tristeza, cuando me enteré que Ociel había fallecido el 5 de abril.
- “…el mismo día de Kurt…”, no me aguanté las ganas de decir.
viernes, 27 de marzo de 2020
Un cuestionario
1. ¿Cuáles son sus preocupaciones?: Lidio tanto con preocupaciones
íntimas, relacionadas con mi sentido de la existencia y con el bienestar de la
gente a quien amo, como con preocupaciones de un orden más general, tales como
el daño que hemos causado al medioambiente o la esclavitud a la que nos someten
rancias mitologías de la empresa de la modernidad.
2. ¿Con qué sueño? Me gustaría creer que la pregunta se refiere a mis
sueños al dormir, pero supongo que la pregunta va referida a mis anhelos (los
cuales son mucho menos interesantes que mis inconscientes episodios oníricos). En este sentido, actualmente sueño con
apropiarme cada vez más de mi cuerpo. Creo que comprender mejor mi cuerpo, me
permite ser tan etéreo como potente.
3. Retos y objetivos a corto y medio plazo:
3.1 A corto plazo: Reconectarme con mi cuerpo y proyectarlo en la
tarima, en la música y en lo que escribo.
3.2 A medio plazo: Conectarnos con mayor gente por medio de nuestra
música. Escribir más y mejores canciones.
4. ¿Es familiar y amigo de sus amigos o es independiente e
individualista? Sé comportarme de ambas maneras. Soy social. Mis amistades
saben que cuentan conmigo y con todo lo que yo les pueda brindar. También mis
familiares (no sólo mis padres y mi hermano, sino además mis primos, primas, tíos
y tías). Pero también sé actuar de acuerdo a mis intereses. Trato con respeto y
gentileza a todos, pero hay que tener claros los intereses en el momento a la
hora de relacionarnos. Es parte de la brújula moral. Aunque tengo el “te amo”
muy fácil, porque amo la vida.
5. ¿Le gusta impresionar o es discreto…. No entiendo por qué se
infiere que impresionar es una indiscreción…
Me gusta impresionar a través de la claridad y de un modo elegante, y a
veces, para ello, es necesario, en un principio, pasar inadvertido; en palabras
de Naomi Campbell… “la verdadera persona elegante pasa desapercibida, pero una
vez percibida será inolvidable”.
6. Mi estilo vistiendo: Menos es más. Lo que ahora me interesa
cultivar es un cuerpo expresivo, ágil, sano, vigoroso. En el momento de comprar
ropa pienso más en el corte que en el color o cualquier otra variable. Luego,
detallo el tipo de tela. La silueta es la gran búsqueda y el mayor logro.
7. Cómo describiría un día normal de mi vida:
Ningún día es igual al otro, pero hay escenarios comunes, y no porque sean
inevitables, sino porque los he preferido: el estudio de mi apartamento, donde
tanto escribo y leo; las rutas de bus, el metro, las Universidades, museos,
OtraParte, los centros comerciales (Unicentro y San Diego principalmente). He
optado por no usar smartphones para atender más mis ideas y aprovechando el
hecho de que mi trabajo como profesor no me exige usar este tipo de artefactos.
También, por medio de esta renuncia, logro que los días me duren más, estar con
quienes de verdad están, y comprender mis emociones de por sí descontroladas. Todos
los días tengo un momento en que me alelo: es un modo de ordenar las ideas y de
calmarme. En este sentido, antes solía tomarme una cerveza diaria pero he
debido dejar este gustoso hábito pues ahora mi interés es hacer del ejercicio y
el baile mis ansiolíticos. Disfruto de todos los climas. Procuro dormirme antes
de la 1 a.m. Hago siesta.
8. Todo mi tiempo es libre: el trabajo es amor hecho visible. Soy,
además de músico y escritor, profesor y las clases que doy me forman, y las
cumplo como un deber, consciente de que la libertad está más relacionada con el
cumplimiento de los deberes que con la exigencia de derechos. De repente, en
medio de una clase llega una idea, o una manera de resolver un coro, o una
palabra sonora, o una esencia de conflicto. La vida es una, y es muy bonita.
9. Mis hobbies: Sexo, escarbar en mi pasado, lolear en centros
comerciales, comprar libros que no sé cuándo leeré y ver videos en YouTube.
10. ¿Qué actividades practica? No estoy seguro de haber entendido el
sentido de la pregunta. Todo lo anterior: todo lo que sigue.
11. Lugares que frecuento: campus universitarios, la unidad en la que
vivo, varios parques de la ciudad, el boulevard de Carlos E. Restrepo, la
plazoleta Suramericana, centros comerciales Otraparte, La Pascasia (todo
alrededor de las Torres de Bomboná), el MAMM (Ciudad del Río) y el Museo de
Antioquia. Común a todos ellos considero los siguientes aspectos: la mayoría no
son lugares privados ni privativos, sino que son lugares de cierta manera públicos
en donde convergen diversos tipos de personas; son lugares al aire libre y algunos
llenos de árboles; se promueve el cultivo del arte y el civismo; se habla, se
conversa, se conoce gente nueva. Seguro estoy dejando de ver algunos aspectos
que tienen en común.
12. ¿Qué tipo de gente
encuentro en esos lugares que frecuento? Creo que todo tipo de personas. Si
pienso en un rango de edad me imagino uno entre los 16 y los 50 años, por
considerar uno común a todos. No con todos tengo el gusto de hablar, pero no
hay vínculos de trabajo que justifiquen o determinen el encuentro. De tanto
vernos, nos saludamos. Luego, por rumores, azares laborales o los medios de
comunicación, terminamos sabiendo quiénes son... quiénes somos.
13. ¿A qué tipos de evento asisto? Estoy pendiente de la agenda
cultural de todas las Universidades y de los teatros. Me gusta ver en vivo a
Mr. Bleat, a Parlantes y a Goes (y a Bajo Tierra y Los Árboles desde que se
reunieron). Desde el 2017 estoy más atento a las corporaciones de danza y he
frecuentado varios shows promovidos por la UDEA. También voy a exposiciones o
lanzamientos de libros. No me pierdo cóctel alguno.
14. Con respecto a la tecnología. No creo que la tecnología sean solo
aparatos y ya. La primera tecnología es la palabra. El modo en que usamos y
aprovechamos los objetos y los avances, son los verdaderos avances tecnológicos…
De este modo, mi relación con la tecnología es sana. La uso de acuerdo a mis
necesidades e intereses, no rigiéndome por tendencias. Esto es una decisión
luego de muchos años de mal uso.
15. Estoy atento a las tendencias sin seguirlas todas (me nutro de
Scientific American, BBC Mundo, el New York Times, además de El Colombiano).
16. ¿Qué tipo de música escucho?
Me gusta estar al tanto de los nuevos lanzamientos y buscar en ellos
la inspiración. Me gusta descubrir música del pasado remoto. Indago mucho y eso
me lleva a estar atento a todo lo que suena. En el bus, en los restaurantes, en
las fiestas, en todo evento, siempre muy atento. También vuelvo siempre a zonas
cómodas pero en las que siempre sigo descubriendo algo nuevo: Soda, Queen,
Diomedes, Mozart.
17. No veo televisión.
18. Me gusta viajar más de lo que yo mismo creo. No sé hacerlo ni sé
moverme con facilidad. Es un punto contradictorio en mí.
19. Me encantan los animales. Son mi inspiración. Mi fascinación. Creo
que lo animal es lo sagrado del hombre.
20. Quiero creer que soy comprometido con el medio ambiente. Pero creo
que una persona cuya intención de vida es de verdad el cuidado extremo del
medio ambiente y la reducción del consumo, reprobaría muchos hábitos míos. Como
carne y uso plástico. Procuro comprar ropa duradera, con marcas comprometidas
con el cuidado… pero no sé si esto sea un mero placebo.
21. Apoyo activamente el humanismo y el respeto al otro. Sin ismos ni
partidos. Trabajo en mí y creo que eso es bien exigente. Antes de arreglar el
mundo, procuro mantener limpio mi cuarto. La idea es no herir, no humillar, no
engañar, sino amar la vida: es fundamental para mi labor como profesor.
22. Mi tono comunicativo. ¿? No estoy seguro. La claridad frondosa.
23. ¿Qué cosas digo que me importan? La literatura, la vida y la
música. ¿Qué cosas me importan? El dinero y los caballos.
24. Qué rechazo… qué no me
gusta… a qué me opongo… Lo que no me gusta no lo rechazo. Tampoco me opongo a
ello. Los comerciantes, mercaderes y publicistas se adueñaron de las diferentes
industrias. Pero la música no es solo industria. La música, como la literatura
o el cine o el arte, es una actividad fundamental de la civilización. Algo de
esta serie de expresiones la abarca la industria. La promueve. Muchos de los
productos promovidos por esa industria, me disgustan, pero, igualmente, les
presto atención procurando sacar miel de ellos. En general, no me gusta el
materialismo ni el positivismo. Son mitologías actuales.
25. Hablo casi siempre de música, de arte, de ideas. También recuerdo
a mis amigos muy frecuentemente. Hablo de fiestas del pasado y de fiestas que
quisiera vivir. Hablo de lo que estoy viviendo, de mis temores, del futuro.
26. Recomiendo casi siempre libros y canciones. También rutinas para
enfrentar el insomnio, como escribir un diario o dormir de tal manera. Recientemente,
soy un evangelista del bicarbonato de sodio.
27. Consumo mucho de lo que encuentro en el D1. Más allá de los
implementos de aseo, de limpieza, y del hogar, mis marcas elegidas casi siempre
son Club Colombia, Converse, Bronzini, Gef, Moft, Seven Seven, Koaj. Hace meses
me enamoré de unos tenis de Nike pero me di cuenta que no envejecen tan bien
como Converse, y para mí es muy importante que las cosas me duren 3 o 4 años.
Si no, me siento mal. También compro muchos libros y discos. Casi no consumo lácteos
pero sí muchas frutas. Uso loción. Ninguna en particular: voy probando y
variando. En cuanto a instrumentos, tengo un bajo tipo Jazz Bass, de marca
Squier, la cual es una versión económica diseñada por Fender. Esta serie de la
cual hace parte mi bajo, es una serie del 2006 en que probaron la nave de
producción de México, nave que hoy en día produce los instrumentos Fender que
nos alcanzan a llegar. Ahorré para comprar otro bajo pero preferí dejar la idea
de lado, y enfocarme en valorar este. Es un bajo que fue árbol hace ya muchos
años. Su madera ha madurado con mis sonidos y conmigo. Cada tanto le hago
mejoras, tanto en su electrónica como en su apariencia. Es pesado pero a mí no
me pesa; es grande, pero a mí no me estorba. En cuanto a amplificadores y
micrófonos, la búsqueda sigue, aunque Behringer me gusta mucho.
28. Confío en los productos
alimenticios que encuentro en el D1. Me gustan las marcas económicas y
duraderas. Creo que son Converse, Bronzini, Gef, Vélez (para lo que duran las
botas… son económicas). También me gusta Club Colombia, Golden Lion, los vinos
argentinos (en realidad, todos los santos vinos); además, claro está, Fender,
Shure, Focusrite, Ashdown.
29. Mi motivador de compra: la necesidad. No es que necesite y luego
compre, sino que voy evitando la carencia. También la renovación. El ánimo de
coleccionista con los CD’s y los libros (creo que esto delata mis intenciones
de tener hijos, así no sepa si los voy a tener. Es algo que me gustaría legar).
Soy consumidor pero no consumista. No me gusta tener. Pienso más en hacer.
sábado, 29 de febrero de 2020
Hábito: observar la mente.
Se formó (formé) en mi mente un pensamiento absurdo e irracional. Lo
agarré con la conciencia, con mi ánimo de raciocinio, y lo diseccioné. Este se
enarbolaba a partir de lo siguiente: estoy dictando una materia que yo mismo
cursé en el año 2011. La estoy dictando un año y medio después de haber
empezado a dar clases. Cuando la cursé me faltaba un año y medio para
graduarme. Esta equivalencia de medidas me hizo pensar que si empezaba a contar
hacia atrás, sabría hasta cuando estaría dictando materias en un futuro. Iba a
hacer la cuenta y me detuve: observé. “¿Con qué sentido hago esto? ¿De dónde
deriva esta idea irracional?”, me pregunté.
La respuesta fue inmediata, casi sin letras ni palabras: “incertidumbre”;
y sí: este es un método para hacerme comprender qué días estoy viviendo desde una
abstracción, una idea imaginaria. Es un análisis mental haciéndose pasar por
observación rigurosa. Es querer equiparar para comprender, en vez de mirarme
directamente, comprender mi temor y mi desorientación con respecto a los
tiempos que estoy viviendo. Saber que los años, los días, los minutos no se
repiten. Que soy responsable de los escenarios personales futuros. El tiempo es
constante, un éxtasis incesante que no pasa: el único sistema permanente es la transformación,
y de ahí surgen todas estas ideas, todos estos intentos en busca de una
creencia dónde reposar, todos estos cálculos mediante los cuales quiero comprender
el inasible presente.
domingo, 23 de febrero de 2020
Dos ideas de turista.
*
Hay quien califica de "basura" a ciertos objetos.
Esos objetos están ahí porque de alguna manera han sido proporcionados
por la naturaleza. Nosotros, o mejor, algunos escasos miembros de la crecida
comunidad que somos como especie, han sabido extraerla, transformarla.
Todo objeto contiene energía. Todo objeto es natural. Una bolsa de
plástico dentro del estómago de una ballena. Una bala en el fondo de un río. La lata que hemos dejado
vacía.
No existe lo inerte: tal vez sí lo tóxico (en ciertos contextos). Sin
embargo todo está en perpetuo cambio, en continuo movimiento, por imperceptible
que sea.
Ahora mismo, dos átomos se están rozando cerca de tu oído izquierdo.
Sé que algún día nos cansaremos de tantos objetos.
El planeta no está hecho para ser un archivo ni una bodega.
La materia prima usada para crear un libro, un disco, un carro nos
parecerá un derroche. Un abandono. Además, nos daremos cuenta de todo el peso y
el espacio que ocupan.
Una moneda de 1991, la camiseta que ya ni de pijama sirve.
Todo se encuentra en ese lugar mágico que ahora nosotros, los
primitivos del siglo XXI, llamamos basureros. La silla vieja de un avión. Un motor de moto. El
paquete de aquel condón que usaste.
El envase del esmalte que usaba tu abuela. Todos los cepillos de
dientes de todas las personas que te han gustado a lo largo de toda tu vida. Somos una especie cometa, dejando una estela
de objetos detrás de nosotros. La
energía de los muertos sigue ahí, abandonada, quieta entre la brisa densa de los basureros.
Creo que algún día seremos más ligeros; más cercanos a escribir en la
arena y en el aire, que a grabar huellas en la piedra. Quisiera poder ver cómo
seremos en cinco mil años.
*
Estoy acostumbrado a vagar en los centros comerciales. Allí cada
entorno está cuidado, protegido, utilizado. Se trata de crear experiencias para
los usuarios.
Esta costumbre estructuró mi pensamiento.
En la calle, o mejor, en la intemperie no es así. La ciudad es una
dimensión que depende de las horas. El clima, por ejemplo, no es un desarrollo,
ni una experiencia creada. Es una forma de la naturaleza. Pensando de este
modo, cuando viajo, me siento en casa. Visitando diversos lugares de un mismo
cuerpo: algunos son cálidos, algunos extremadamente fríos.
La idea es saber estar en casa al encontrarnos en la intemperie.
viernes, 31 de enero de 2020
Esclavos multimillonarios
Creo que no existen esclavos sino personas esclavizadas.
Epícteto solía decir que ser libre era tener la posibilidad de elegir de qué o
quién o quiénes preferíamos ser esclavos. Actualmente, y lo pienso por las
Kardashian, concibo la esclavitud como un fenómeno y un hecho real e
independiente del nivel de ingresos (y de la posterior capacidad de gasto). A
ellas les resulta más costosa la obsolescencia programada: sus celulares, a
pesar de ser de alta gama, también se dañan cada dos o tres años. No tienen por
opción el silencio y el anonimato. Y en un principio, la presión pudo haber sido
externa: ahora se deriva de la pesada y demandante idea que tienen ellas de sí
mismas. Algo similar nos pasa a quienes presumimos ser escritores: el don, como
un látigo, en palabras de Capote, es únicamente para autoflagelarse.
lunes, 6 de enero de 2020
La extensión de un breve pensamiento.
La mente es otra voz del cuerpo. Un cuerpo sin mente, es de
cierta forma artificial. Una mente sin cuerpo, no existe.
jueves, 26 de diciembre de 2019
Abejorros
Pienso en el cuerpo de los animales, de los insectos; es obra de su
día a día, y su día a día, como el de muchas especies, consiste en salir a
buscar su comida. Esta búsqueda les implica relacionarse con la naturaleza, con
las estaciones, con las cortezas, las texturas vegetales, e incluso, con la
fuerza de otros seres. El hombre en algún momento también tuvo que vérselas día
a día con la naturaleza. Experimentar el rigor y la incertidumbre. Hoy, este
encuentro con la naturaleza es cada vez más esporádico, velado y limitado. Ya
tenemos es que vérnosla día a día, jornada tras jornada, con otros humanos, con
los productos de su ingenio: computadores, celulares, calles, carros,
publicidades, noticias. A lo sumo, una pasajera lluvia, un calor insoportable o
un sismo, nos recuerda que hay algo más allá, algo más absoluto que esa
superficie humana.
Pienso en mí. Si tuviera que salir por la comida, relacionarme otra
vez con los árboles o las raíces, mi cuerpo sería distinto. Más fuerte. Los
perros domesticados suelen engordarse, volverse perezosos, demandantes. Veo
desde mi ventana a los abejorros: ahí están, zumbando, escarbando en flores,
acostumbrados a lo salvaje, viviendo gozosamente de lo perecedero, y me
inspiran.
lunes, 23 de diciembre de 2019
¿Qué lenguaje, por definición, no es inclusivo?
Entre la vasta diversidad, y la
aún más vasta manera de clasificar esa diversidad, hay dos tipos de personas:
las que estudian el lenguaje y las que quieren cambiarlo de acuerdo a su
incomprensión del mismo, impulsadas (el femenino "...adas" corresponde al sujeto "las personas") por su ignorancia y sus caprichos. Me referiré particularmente a la expresión "todes", tan usada actualmente. Plural impreciso e indefinido: la primera vez que lo escuché fue en
boca de una niña no sé de dónde, que era grabada por su madre con orgullo. Según
los promotores de la idea, se debe decir “todes” porque si decimos “todos” o “todas”
estamos excluyendo a quienes no se consideran ni “hombres” ni “mujeres”. La teoría es atractiva
pero no deja de ser un producto de la ignorancia, de la más atrevida y
totalitaria ignorancia. Es preocupante que estos impulsos revolucionaros sean
llevados a cabo por personas que no han estudiado el complejísimo y elaborado
sistema que es la lengua castellana. Al decir "todos" (dos de sus significados son: “Indica la totalidad de los miembros del conjunto
denotado por el sintagma nominal al que modifica” y “Entero o en su totalidad. Usado
modificando a sintagmas nominales definidos en singular con nombres contables”),
de manera práctica, podríamos decir que tácitamente, estamos refiriéndonos a
todos los seres humanos. Al decir "todas", en este mismo sentido estaríamos
refiriéndonos tácitamente a todas las personas. El pretender que “todes” puede
reemplazar o unificar el todos y el todas es arriesgado. Propone una situación
ambigua, poco consciente, simplista. ¿Todes les o las o los qué? ¿A qué se
refiere ese sufijo?
El lenguaje
es aliado de la justicia, la esperanza, la dignidad humana, la bondad. Si no es inclusivo, no puede
ser lenguaje. El lenguaje está ahí para unirnos: somos los nosotros, los seres
humanos, quienes lo usamos para separarnos.
jueves, 19 de diciembre de 2019
Elucubración: adictivos pajazos mentales.
Creo que la realidad virtual ocupará un gran puesto en nuestras
democracias. Creo que volveremos a guardarnos en nuestras casas para
conectarnos a esa realidad virtual, valiéndonos de un avatar, para lograr
experimentar lo que en sociedad nos estará velado y prohibido. Más allá de
experiencias eróticas (las cuales ocuparán gran parte del tiempo y de la
inversión) creo que esta dimensión será algo más que ocio y divertimiento. Será
un modo de vida sobre el cual se establecerán los sistemas políticos y
económicos.
La “realidad”, esa que llamamos “vida real”, estará minada por leyes, y
movernos será cada vez más riesgoso: fácilmente podríamos ser culpables de un
crimen menor, de un abuso, de un derroche en contra del medio ambiente. Creo
que la alternativa, el escape, será entonces esa realidad virtual, la cual se hará
costumbre y hábito por la condición adictiva de las fantasías.
El panorama, más allá de que sea bueno, malo, comprensible o caótico,
me horroriza. Y no por lo que será, sino por aquello que desde hace años ha
venido pasando, tal vez porque desde hace tiempos estamos cimentando esa cueva, y andamos encaminados hacia ese
futuro que no sé por qué me parece tan cercano y tan posible.
Para ilustrar esta idea, limito mi pensamiento (como es usual) al ámbito musical; a la
industria de la música y al acto musical.
La música como acto, como fenómeno acústico llegó a mí por medio de la
fiesta y la familia. Las guitarras, los requintos, las sillas haciendo de
tambores me excitaron a un punto jamás concebido. Luego, la experimenté en conciertos, en la
calle, en los buses.
La música como parte de una industria, como un fenómeno “virtual”, llegó en mayor medida y, además, de una manera muy íntima (por no decir solipsista) mediante videoclips, programas radiales, cd’s, cassettes.
La música como parte de una industria, como un fenómeno “virtual”, llegó en mayor medida y, además, de una manera muy íntima (por no decir solipsista) mediante videoclips, programas radiales, cd’s, cassettes.
En 1997 creé un hábito: encerrarme en mi cuarto a fantasear que
cantaba rap. La locación era el colegio. En el 2001 me di cuenta que ya iba
siendo hora de pasar de la fantasía a la acción, pero la realidad me atropelló (las
clases eran a las 7 de la mañana los sábados, cobraban mucho, el profesor nada
más enseñaba “clásicos” y bambucos que no me envolvían) y abandoné la idea.
“Desde casa puedo aprender y hacer mucho” – pensé.
“Desde casa puedo aprender y hacer mucho” – pensé.
La fantasía siguió proporcionándome más satisfacciones que “la
realidad”. El hábito se perpetuó aún cuando tenía agrupación, y ya no era solo
en mi cuarto. Fantaseaba mientras miraba por la ventana del bus, imaginándome que cantaba frente a ciertos públicos (los
objetivos eran líquidos, frecuentemente mujeres, distintas mujeres u hombres
admirables como Jack Nicholson o quién sabe cuántos más). El fenómeno “virtual” se hizo permanente, interrumpido por las
breves apariciones del fenómeno acústico. La música de los cd’s era mi favorita:
en vivo ese rock n’ roll no se escuchaba tan bien.
Este hábito me permitió escapar de mi falta de aptitudes y fue
paliativo ante mi tedio y mi incapacidad de congeniar con mujeres de mi edad. La
casa fue mi escenario imaginario: el teatro de mi soledad hasta donde llegaron
diversos ecos de artistas de distintas épocas, los cuales terminaron por convertirse en
una forma de mi voz. Queen, Nirvana, The Doors, y un afortunado etcétera.
Hoy en día, la industria ya abarcó el fenómeno acústico. Una cosa es
proporcionar todo para que Gardel pueda ir a cantar a Nueva York; otra es que
Post Malone cante sobre la pista (la cual incluye hasta su voz). No me destino
a hablar de purezas o de qué es mejor o peor. Si no de lo que yo quiero para
mí. Me encanta, por ejemplo, el modo como la llamada música electrónica
proporciona diversas herramientas y cómo se ha ido elevando hasta convertirse
en lo que es hoy. Lo que me duele es que las élites de la música abandonen de
una manera tan campante el acto musical en vivo (teniendo con qué pagarle a los
intérpretes) y simplemente se dispongan a prestar su semblante. Me ofende que
sean más celebrities que músicos; me alegra cuando se dan excepciones: Amy,
Billie Eilish, Juanes, Bruno Mars.
Lo problemático es cuando creemos que la música es únicamente eso que
sale por una bocina, por un parlante, y perdemos de escucha la realidad sonora
que habitamos. Fue lo que más me enamoró de Cartagena y de Santa Marta:
escuchar los vallenatos a la orilla del mar. Esa música al aire libre es tal
vez lo que debiéramos rescatar, patrocinar, promover.
En este sentido, me duele pensar en la fase última de The Beatles. Comprendo que hayan querido dejar de tocar… ¡pero cuánta dicha habrían proporcionado! Esas canciones que nunca tocaron conservan un halo de boceto, de promesa no cumplida. ¡Qué especial, qué potente, qué real suena a nuestros oídos esa “Don’t let me down” del rooftop!
En este sentido, me duele pensar en la fase última de The Beatles. Comprendo que hayan querido dejar de tocar… ¡pero cuánta dicha habrían proporcionado! Esas canciones que nunca tocaron conservan un halo de boceto, de promesa no cumplida. ¡Qué especial, qué potente, qué real suena a nuestros oídos esa “Don’t let me down” del rooftop!
El hecho por el cual me pregunto esto es, sin duda alguna, por los
pánicos que he venido sufriendo desde hace años. Lo que pasa en la vida real lo
contrasto con lo que pasa en los medios, en “esa virtualidad”. Ya con los
Smartphones la vida real es cada vez más invadida por esa vida virtual.
Instagram, WhatsApp, Facebook. Amores platónicos, musas de neón. Me pregunto si de cierta manera esto congestionó
mi mente, la enfermó; así como hay gente intolerante a la lactosa, supongo que
pueden existir intolerancias a ciertas herramientas de comunicación. El
sustrato de mis pánicos es aquella época en la que dejé de salir a jugar y a
“parchar”, y simplemente me encerré a evocar irrealidades, y a pajearme... sobretodo
mentalmente.
Claramente, visto así, los problemas no son los CD’s o esa realidad
virtual futura, sino el modo como se pueden llegar a usar: las evasiones, el
hecho de no afrontarse… y esto puede ser riesgoso, y hay que aprender a usar los objetos.
Los comerciantes nos llenaron de cosas: no es labor del pensante definir si son
cosas buenas o malas, porque, lógicamente, las cosas no son buenas o malas de
por sí. El uso que se les da define ese valor, pero, ojo, no hay que ser
ingenuos: hay cosas, herramientas, grilletes, que fueron diseñadas
para ser usadas de cierta manera. Esa manera no debiera ser impuesta. Esa
manera debiera ser solo otra alternativa.
Esta elucubración atiende a la pluralidad. Es un llamado, una invitación, sobre todo a
los más jóvenes y solitarios, a tomar riesgos, a que no
dejemos que pongan tan fácilmente aparatos en nuestras manos y bolsillos. Es
también una petición – un íntimo recordatorio — de que nos conservemos más imaginativos
que fantasiosos: no creamos que ese multiverso creado a punta de productos
culturales constituye una dimensión más digna o mejor que la realidad que día a
día debemos afrontar. No escapemos, así “Colombia”, su población, los gustos servidos
y sembrados por los medios, nos hagan dar ganas de escapar a cada rato.
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