Hace muchísimos años, transmitieron -no recuerdo por cuál canal- una serie llamada Beast Wars. La manera como yo me acerqué a ella pude comprenderla luego de leer a John Berger y a Susan Sontag, muchísimos años después, o sea, hace poco. Recuerdo que el horario en el que la televisaban variaba constantemente, lo cual me impidió seguir su hilo argumentativo. Sin embargo, cada vez que lograba pescarla, me quedaba mirándola, así no entendiese nada. No sabía quién era el protagonista, o cual, el antagonista, pero sus formas, sus colores, el diseño de espacios y de sonido, todo me resultaba tan agradable a la vista, que, para disfrutarla, me bastaba ese ver sin mirar, esa atención apreciativa y desapegada de los relatos, de las historias que, en ese momento, dejaron de justificar la existencia de una caricatura.

