viernes, 15 de junio de 2018

Ejercicio: carta junio 14




... querida:
Hoy en clase hablamos de las cartas. Nos lamentamos de que ya nadie las escriba. Pensé en ti. Antes de irte a Malta, la noche de la muerte de Scott Weiland, me dijiste que me ibas a escribir muchas cartas. Cartas físicas. El papel que usarías lo ibas a secar poniéndolo al sol luego de haberlo remojado en las aguas del Mediterráneo. Esto para mantener vivo algo entre nosotros. Algo que no sentimos sino cuando vienes. Yo nunca he podido ir. Aún recuerdo ese porrito que nos fumamos en enero. Escribí un cuento con esa imagen. El protagonista se arma los varetos con pétalos de rosas. Desde entonces no he vuelto ni a fumar, ni al Parque. Los chinos, o los japoneses, no sé, recomiendan no volver al lugar donde uno fue feliz. Y desde el balcón de estos días, sé que lo fuimos. Solíamos decirnos: “venimos acá para disimular que estamos tristes”. Y el disfraz se hizo atuendo, y el atuendo, ropa de diario. Pero he leído tus más recientes tweets y quedé preocupado. ¿No hay en Berlín algún lugar donde puedas disimular que sigues estando triste? No hago sino pensarte. ¿Aún sueñas con ser actriz? ¿La talentosa diva mayor de un circo pobre? ¿El último sabor de mi boca? Sabes que siempre voy a querer leerte y escucharte. Escribir y cantar son ahora los espacios donde se contonea felizmente mi alma. Allí no tengo que disimular nada… ni siquiera… que estoy bien.

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