Si bien no todo te cae del cielo,
el cielo sí te brinda algo, y tan importante es saber construir y trabajar,
labrar con esfuerzo, como saber asimilar eso que nos cae del cielo, nombrarlo,
aprovecharlo. Y más si se tienen ambiciones y pretensiones artísticas.
*
Hay momentos en que nuestras
creencias más arraigadas nos hacen daño y nos lastiman: nos incomodan hasta
desequilibrarnos, granularnos, minimizarnos. Establecimos nuestros juicios y
creencias desde una posición pero, no sé por qué, la vida nos pone y más rápido
de lo esperado, al otro lado de ese juicio, como detrás de una pantalla de agua
en la que nos vemos a nosotros mismos, más jóvenes y severos, juzgando y
calificando esta posición en la que ahora estamos, casi como si con esa
decisión de opinar como tirando dardos al otro lado, nos hubiéramos condenado a
recibirlos cuando empezaran a caer en ese suelo que alguna vez creímos
imposible de habitar y ajeno. La ingenuidad se renueva y a quienes en algún
momento consideramos ingenuos, tal vez eran más fuertes e idealistas de lo que
pudimos creer en el momento. Y del otro lado en el que resultamos estar no es
que seamos víctimas inocentes de nuestras creencias del pasado: se nos antoja
juzgar y respondernos a ese yo de hace unos cuantos años con opiniones aún más
arrogantes. Pero saliéndose de esta mesa de ping pong notamos cuán egoístas
podemos ser erigiendo creencias sin empatía, reducidos-a-una-reducida capacidad
de comprensión, siendo piedras de río, ideólogos y justificadores de nuestros
más enajenadores caprichos. Tal vez todas esas actitudes civiles y benevolentes
que a veces tenemos con el otro, debiéramos aplicarlas también a un proceso
intra personal.
*
Creo que la estupidez es propia
de conductas mas no de personas. Por tanto no creo en personas estúpidas pero
sí en actitudes y conductas estúpidas que tal vez están muy arraigadas en sus
personalidades y se han convertido en malos hábitos. Se me antojaría decir que
hay estupideces peligrosas y otras benignas. Las benignas se pueden tornar
nocivas pero tal vez no todo lo nocivo es peligroso. La estupidez como un
fracaso inconsecuente es triste y desmotiva, pero la estupidez heroica que arrastra
consigo fuertes consecuencias, es realmente nociva. El hacer daño al otro de
manera intencional y consciente, reducir nuestras facultades, sentirse constantemente
a salvo y en riesgo: estupidez. No se trata
de algo intelectual: se pueden crear hermosos poemas con mala ortografía, se
puede entender la física cuántica desde la ignorancia (¿intuición?); y procuro
no moralizar en mi intento por lograr una definición personal de la estupidez,
pero creo que todo acto malo es estúpido en tanto es resultado del aturdimiento,
de la miopía, de deshidratar los juicos en lo gregario, de confundir al campesino
con el guerrillero, a la fiera con la mascota. Sigo pensando…
*
Ramón Maya fue profesor mío en el
2010. En aquellos días me dijo que le sorprendía notar cómo los niños ahora,
cuando se reunían a jugar fútbol, ya estaban uniformados y establecían
posiciones fijas de defensa, delantero, medio campista, y un etcétera que indican
haberse formado en conocimientos técnicos en pro de una mayor capacidad de
organización y competencia. Decía esto y lo comparaba con la manera como jugaba
él en sus días: un modo más instintivo y orgánico, sin otra meta que disfrutar
haciendo goles. Bien… genero relaciones con la banda, con la manera como “hacemos
música”… con esas presiones que como banda vivimos ahora… tal vez el éxito de
los Beach Boys fue crear como jugaban fútbol los niños en esos días.

Con respecto a la segunda reflexión, considero que más allá de "creencias", a lo que te refieres es a los apasionamientos. Las creencias surgen de la comprobación; lo que planteas allí como creencias es derivado de la tradición católica y la posibilidad (tal vez la orden) de creer sin la necesidad de ver.
ResponderEliminar