lunes, 16 de marzo de 2026

Diatriba: los sardónicos jueces rockeros de mi ciudad, Medellín

 

Vanos jueces, creyéndose - quién sabe por qué- legitimadores, fingieron darme consejos: ecos de su terca mediocridad, estas máximas eran obtusas opiniones mediante las cuales insistían en denigrar; por ejemplo, llamando chisga al oficio del cantante a sueldo. Eran perezosos que no escatimaban en hacer el esfuercito de pararse de la cama o de su silla de gamer para acudir a su red social preferida y maltratar desde allí al industrioso. En el trato personal, jamás fueron amigos: si me hablaron fue para invadir mi carril: nunca se acercaron para mi bienestar: como un perro que monta a otro, con sus cuerpos debilitados en ridículos excesos consumistas, llamaron crítica constructiva al lixiviado de su envidia.
Para acabar de ajustar y calzar, luego supe que hablaban mal de mí sin acudir a los veraces motivos por los cuales podían fácilmente hacerlo, sino valiéndose de embustes. Una parte de mí los comprende: era el último cartucho de sus fallidos intentos por seducir a mis leales y preciosas amigas. Como una bola de nieve, hoy su anonimato no los respalda como creadores de culto libres de los loores cuestionables del mainstream y la industria: simplemente demuestra lo que fueron siempre: sombras desorientadas, niñez aún herida, meros idólatras sin genuina sensibilidad por la Música.